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La Guerra de los Mundos es la gran obra de H.G.
Wells, el escritor inglés cuyo genio es equiparable
al de Julio Verne. Ciertamente Wells fué un escritor
prolífico en su vida, pero lamentablemente sus
obras de ficción solo comprenden una etapa temprana
y relativamente pequeña, y dedicaría el
resto de su vida a escribir ensayos y análisis
sociales, además de incursionar en la política.
Sus libros más conocidos son, además de
La Guerra ..., El Hombre Invisible y La
Máquina del Tiempo, aunque cuenta con algunas
novelas de ciencia ficción menos conocidas (que
también fueron adaptadas al cine), como El Alimento
de los Dioses, y Lo Que Vendrá.
La Guerra de los Mundos siempre fué la
obra más popular de Wells. Posiblemente sea la
espectacularidad y la épica del relato, además
de que la gente siempre ha sentido un gusto especial
por las historias relacionadas con la supervivencia.
Ese es el quid de, por ejemplo, el cine catástrofe.
Y La Guerra ... es, pues, una novela que trata
sobre una catástrofe. Quizás tenga que
ver esto con la necesidad de las personas de sentir
qué pasaría en un mundo donde las reglas
se alteran. Es también un escenario para desarrollar
una sci fi existencialista - ¿desaparecida
la tecnología, qué sucede con el hombre?-.
Esa fascinación apocalíptica ha perdurado
con los años. La Guerra de los Mundos
siempre ha permanecido en el inconsciente colectivo,
y cuando se ha adaptado, ha sido como espejo de las
epocas que corrían. Y siempre con notable suceso.
Primero, en la impresionante adaptación radiofónica
de Orson Welles de Octubre de 1938, que generó
verdadero pánico en la America en vísperas
de la Segunda Guerra Mundial. Muchos han dicho que dicha
adaptación fue una suerte de experimento patrocinado
por el gobierno para probar la eficacia de la radio
como medio de propaganda, algo que no puede comprobarse
y que resulta una de las tantas teorías que surgen
después de un acontecimiento polémico.
La versión de Welles realmente había aterrorizado
a Norteamérica, porque estaba realizada con el
formato de un falso noticiero, donde pasaban música
en una emisión que era continuamente cortada
con apócrifos reportes de un aterrizaje marciano
en Nueva Jersey (donde, en homenaje, se escenifica la
versión 2005 de Spielberg). Si bien Welles había
hecho las aclaraciones pertinentes que se trataba de
una adaptación de una obra de ficción,
lo cierto es que muchos radioescuchas sintonizaron al
programa después de haber empezado y no oyeron
las advertencias. Hubo algunas movilizaciones de personas
así como una saturación de las líneas
telefónicas - la gente no pensaba en una invasión
marciana, sino en un desembarco nazi en tierras americanas
-. Y lo cierto es que aquella transmisión de
1938 hizo historia.
Después está la
clásica adaptación producida por George
Pal en 1953. El escenario no era más la Inglaterra
victoriana, sino la Norteamérica de los años
50, y la obra de Pal - a pesar de cierto acartonamiento
- era un reflejo de cierta paranoia propia de la Guerra
Fría, en auge en esa época. Y, fuera del
cine, la obra ha sido adaptada, serializada y extendida
tanto en comics como en novelas y musicales (en La
Liga Extraordinaria, o el excelente musical de Jeff
Wayne, en relatos de diversos autores, etc).
El tema está en que, salvo escasas excepciones,
nunca se respetó demasiado al relato, y simplemente
se tomaban escenas del mismo para insertar en historias
basadas lejanamente en el original de Wells. Primero,
porque el relato original se encuentra relatado íntegramente
en primera persona; segundo, la ambientación en
la Gran Bretaña imperialista de fines de siglo
XIX desaparece en estas adaptaciones; y tercero, porque
el espíritu de la novela - mostrar que los imperios
pueden caer de rodillas ante un invasor más poderoso
- no siempre fue respetado en la expresión cínica
que había vertido Wells en su obra. En el film
de Pal, las connotaciones son religiosas. La gente se
refugia en las iglesias, un cura intenta dialogar con
los marcianos, y la victoria se produce porque Dios está
del lado de la humanidad. Quizás de todas estas
adaptaciones, la más fiel resulte el musical rock
de Jeff Wayne, que relata abreviadamente los hechos de
la novela en el mismo orden, respetando la ambientación
y el espíritu de la misma.
Por lo menos, hasta la llegada de la cinta de Spielberg.
Mucho se la ha criticado, considerándola una
obra menor de la filmografía Spielberiana, lo
cual es un error de óptica. Es cierto que quizás
algunas decisiones creativas parezcan no muy felices
- en especial, el docu drama de Ferrier y su
familia -, pero por lo menos se encuentran correctamente
hechos. Y en vez de relatar una épica militarista
como el film de Pal de
1953, Spielberg respeta totalmente el espíritu
de supervivencia de la obra original. Ya no hay Guerra
Fría, pero si existe el Terror Global - en más
de un sentido, el film funciona como una catarsis de
la paranoia americana post 9/11 -. Lo cual sirve para
demostrar la universalidad de los temas que Wells trata,
y lo perenne de la obra.
Spielberg toma algunas decisiones artísticas
muy interesantes : respeta la fisonomía de los
invasores - los trípodes, algo que desagradó
mucho a críticos como Roger Ebert -, inserta
algunas secuencias crudas del libro que en la versión
sanitizada de 1953 no aparecía - la lucha a muerte
en la granja, el musgo rojo, la humanidad como ganado
-, y adapta escenas que combinan lo mejor de la obra
de Pal con el original de Wells. Las naves alienígenas
mantienen un escudo protector - en la novela no lo poseen,
y por ello pueden abatir algunos trípodes; pero
las letales matarrayas de Pal sí lo tenían
-; repite la locura urbana en los ataques de la masa
al protagonista; e incluso se da el lujo de mostrar
a los intérpretes originales del film de 1953
como los padres de la ex esposa de Ferrier (Gene Barry
y Ann Robinson) en un excelente cameo.
La version 2005 está plagada de algunos de los
mejores momentos de Spielberg de los últimos años.
El surgimiento del primer trípode a través
del pavimento es memorable. La aparición en su
casa de un Tom Cruise bañado en polvo - compuesto
de restos humanos - es similar a la de un sobreviviente
del derrumbe de las Torres Gemelas. Incluso Dakota Fanning
le pregunta en un momento si se tratan de terroristas.
Y por supuesto, la brillante escena en el Ferry - donde
transcribe a Wells nuevamente, tomando del relato la secuencia
del buque de guerra Thunder Child acosado por los
trípodes en el río -, donde las naves alienígenas
surgen de la nada y comienzan a diezmar a la masa. Son
secuencias realmente brillantes, imborrables, espeluznantes.
Además de la paranoia, el otro mérito
de Spielberg sea recuperar el punto de vista personal
del relato. Acá no es una épica como el
film de 1953, que resultaba en cierto modo un panfleto
militarista, y que adolecía de ese tufillo pseudo
científico - muy de la sci fi de los 50
- donde los intelectuales terminan por explicar cosas
obvias o llegar a conclusiones que indican que no saben
nada. Acá sólo hay ignorancia, salvo por
la presencia personal de los Ferrier en los hechos de
la Guerra. Lamentablemente, el film brinda algunos breves
momentos de explicación que no funcionan - el
encuentro con los periodistas, donde absurdamente se
indica que las naves estaban enterradas desde tiempos
inmemoriales, y que los tripulantes ingresan a través
de los rayos de la tormenta eléctrica -. Hubiera
sido mejor si se hubiera prescindido de dicho pasaje.
Pero el film tiene más virtudes que defectos.
El musgo rojo, por ejemplo, que es la clara demostración
que los alienígenas utilizan a los humanos como
ganado. El diseño de las naves con las cestas
donde recolectan a las personas, está tomado
del original. El combate en la granja con Ogilvy figura
en el relato. Pero la ambientación de la granja
es un derivado de la misma escena de 1953, cuando en
realidad en la novela de Wells el protagonista se refugiaba
en uno de los cilindros de los primeros aterrizajes
marcianos. La secuencia del ojo eléctrico explorando
al sótano es prácticamente un calco de
la misma escena con Barry y Robinson en el film de Pal.
Además, el film es superior a la obra de Pal
en el aspecto interpretativo - en el técnico,
no precisa comentarios -. Cruise se las arregla para
componer muy bien un personaje anti heroico, y los chicos
Fatwin y Fanning aportan sólidas actuaciones.
Son creíbles, y es posible preocuparse por ellos,
a diferencia del estoicismo de los intérpretes
de la versión ´53. El aspecto personal
y dramático - el reencuentro de un hombre con
su familia, la carrera de supervivencia que lleva al
descubrimiento y la superación personal de él
y de sus hijos - funciona correctamente, no es demasiado
extenso, no interfiere con el relato ni lo desmerece.
El tema es que muchas voces de la crítica se
habían ensañado con la figura de Cruise
por sus actitudes más allá de las pantallas;
pero visto en estas pampas, lejos del calor de chismes
y escándalos, la actuación de Cruise es
muy buena. De unos años a esta parte Cruise se
ha transformado en un intérprete creíble,
con suficiente rango como para protagonizar papeles
a su medida o totalmente opuestos. Como hemos comentado
más de una vez en estas líneas, la crítica
americana suele ser muy politizada y olvida con frecuencia
separar la paja del trigo.
Personalmente estimo que la versión 2005 es
superior a la 1953. Cada una refleja su época,
una no quita brillo a la otra ni la reemplaza. Pero
la versión 2005 tiene que ver más con
la supervivencia que exclamaba Wells en sus líneas.
Quizás lo que carezca la versión de Spielberg,
sea de una reflexión sobre la matanza. No la
del narrador, sino de sus protagonistas. Decir en qué
modo la invasión los ha afectado, o qué
hicieron de mal para merecer semejante castigo. El simple
reencuentro familiar de Ferrier resulta algo trunco
y expeditivo para terminar con el relato. En el original
de Wells hay dos finales alternativos : uno en que la
humanidad se refugia bajo tierra y emprende una larga
guerra de treinta años para expulsar a los marcianos,
y el clásico, el que los gérmenes terminan
por liquidar a los alienígenas, que Wells lo
presentaba como cierta ironía del destino (a
punto de sucumbir la mayor potencia de la Tierra ante
los invasores, quienes lo terminan derrotando son las
criaturas más pequeñas del universo).
Cualquiera de los finales tenía fuerza porque
el relato contenía el espíritu encaminado
para resaltar semejante conclusión. Aquí
en cambio, la narración final de Morgan Freeman
queda algo descolgada con la imagen del reencuentro
familiar. Se precisaba una reflexión final adicional
para redondear el film.
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