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La Guerra de los Mundos es el grán clásico de
la ciencia ficción. Como obra de la literatura sci fi, es la
piedra basal de todo un sub género, el de las invasiones extraterrestres,
y viene de la pluma de H.G. Wells, el más brillante y prolífico
escritor después de Julio Verne. Wells es el autor de innumerables
clásicos como La Máquina
del Tiempo, El Hombre Invisible, y muchas otras obras.
La novela data de 1898, y estaba ambientada en un escenario victoriano,
donde los marcianos iniciaban la invasión en Gran Bretaña.
La obra terminaba por ser una crítica de Wells sobre el imperialismo
británico - ahora los ingleses se encontraban subyugados
a una potencia mucho más poderosa e implacable -, y estableció
la idea de los marcianos como una raza alienígena beligerante
que invadía La Tierra porque su planeta estaba pereciendo
por falta de recursos. Es irónico comparar que mientras los
marcianos a La Tierra invaden por necesidad, los británicos
invadían a otros territorios por simple codicia y deseo de
poder. E incluso el famoso final de la obra - con los alienígenas
pereciendo a causa de las bacterias terrestres - no era sino un
gran chiste a costa de la flema británica : la potencia más
poderosa del mundo rendida a los pies de un invasor, y éste
pereciendo por la fuerza más minuscula del Universo.
La Guerra de los Mundos siempre resultó muy popular.
Como todos los clásicos, siempre es posible tomarla para
interpretar distintas situaciones y posar la lupa crítica
sobre aspectos de distintas épocas. Mientras que en 1898
era una crítica al imperialismo británico, sus subsiguientes
adaptaciones reflejaron el espíritu de cada época.
La legendaria adaptación radiofónica del Mercury
Theatre (con Orson Welles a la cabeza), construida como un falso
informativo (y que la gente creyó verdadero, entrando en
pánico, y generando corridas y caos en Nueva Jersey), no
hacía otra cosa que reflejar el terror y la incertidumbre
de la situación mundial de 1938, con el nazismo a punto de
iniciar la Segunda Guerra Mundial, y donde la población se
encontraba a la espera de un inminente conflicto armado. La adaptación
de 1953 que nos ocupa, no hace más que reflejar los temores
de la Guerra Fría. Y la versión 2005 de Steven Spielberg
no es sino una reinterpretación del mundo post 11/9. Cada
obra cumbre de la ciencia ficción ha servido como crítica
y análisis de situaciones socio políticas de cada
momento, pero capaces de ser utilizadas como proyecciones a futuro.
Es por eso que, a más de 100 años de su publicación,
La Guerra de los Mundos no ha perdido vigencia.
Cinematográficamente, recién en 1953 se pudo montar
una producción sobre la obra, pero los proyectos sobre la
misma rondaron durante muchos años. Desde Sergei Eisenstein
hasta Alfred Hitchcock y Cecil B. De Mille coquetearon con los derechos,
pero el costo de la producción y las dificultades técnicas
siempre dieron por el piso a las oportunidades del proyecto .
Entra George Pal a escena. Pal es una leyenda cinematográfica,
el gran creativo de los efectos especiales, el equivalente de los
años 50 a un George Lucas. La historia de Pal es ciertamente
fascinante, ya que sus comienzos fueron muy humildes. Emigrado de
Europa a causa del auge del nazismo, se instaló en Norteamérica
como un simple tirititero. El éxito de alguna de sus técnicas
lo llevaría al cine, donde descubriría la magia que
se puede hacer con el celuloide, y empezaría a desarrollar
efectos especiales. Su bautismo de fuego en la Ciencia Ficción
es Destino : La Luna de 1950, y sería el comienzo
de la era de oro de Pal, que llegaría hasta Los 7 Rostros
del Dr. Lao en 1964. Adaptaría otra obra de Pal (La
Maquina del Tiempo) y algunas obras menores de la literatura
fantástica, pero siempre será recordado por La
Guerra de los Mundos. Si bien Byron Haskin es el director, Pal
es el verdadero padre del producto.
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Es interesante comparar las distintas versiones que existieron
de la obra. Para empezar, ninguna versión - salvo la baratísima
La Guerra de Los Mundos 2005 producida por Pendragón
Pictures a la sombra de la superproducción de Spielberg,
o la versión opera rock de Jeff Winter de los años
70 - mantiene el setup original de la Inglaterra victoriana.
Cada uno la ha adaptado a su época y país. En segundo
lugar, todas las adaptaciones han tomado el inicio y final de la
obra, y han improvisado muy libremente sobre el tramo intermedio.
De todas las adaptaciones, la versión de Spielberg es la
que reproduce con mayor fidelidad tramos enteros de la historia
de Wells - el ferry atacado por los marcianos, la lucha con el enajenado
de la granja que quiere atacar a los alienígenas desde bajo
de la tierra -. La versión de 1953 es bastante condensada
en tal sentido. Hay un desarrollo extenso de los primeros aspectos
de la invasión, está la huída a la granja,
la observación y vista del primer alienígena, pero
no mucho más antes de pasar a la destrucción masiva
de ciudades, y la caída de las naves - que, a diferencia
de Wells, flotan y no son trípodes como en la novela original,
por una cuestión de simplificar los efectos especiales; algo
que Spielberg pudo darse el lujo de respetar -.
Visualmente, es un espectáculo grandioso. Ciertamente algunos
efectos no se ven tan bien - en especial, los rayos "animados"
-, pero las mantarrayas marcianas son de una belleza letal y fascinante.
Pertenecen a una clase muy poco común de maquetas de la historia
del cine, en que el diseño es armónico y carismático.
Como el Discovery de 2001 o los AT
AT de La Guerra de las Galaxias,
son imágenes que quedan en la mente de todos. Pero, para la
tecnología de los 50, el film se mantiene con mucha dignidad.
La destrucción de las ciudades son escenas muy logradas.
El problema que tiene el film pasa por algunos aspectos del guión
y especialmente, por la dirección. Hay cierta falsa didáctica
que es muy propia de la sci fi de los 50 - donde los científicos
discuten cosas obvias o sin sentido, y llegan a conclusiones banales
-. Comparado con Them! (el film de
las hormigas gigantes - otro clásico -), pierde estrepitosamente
en intentar darle un vuelco serio a la explicación científica.
También hay un vuelco a la explicación religiosa que,
si bien no está mal (las naves invadirían toda la
Tierra en 6 días; el sacerdote que intenta negociar con los
marcianos y termina inmolándose), carece de cierta profundidad.
En el fondo, son poses y no algún tipo de debate sobre el
por qué de la invasión. Los personajes deberían
preguntarse si este es el fin, o si existe alguna razón divina
o del destino para que suceda esta masacre. En cambio parecen obsesionados
con la puesta en marcha de todos los mecanismos militares habidos
y por haber. En ese sentido, la versión 2005 resulta ser
más meritoria, ya que está vista desde la óptica
de la gente. En la versión 1953, todos son militaristas,
y en ningún caso demuestran verdadero pánico. Por
ejemplo, cuando Forrester y Sylvia están en la granja, acosados
por los marcianos, no demuestran miedo. Sylvia se limita a gritar,
y Forrester a investigar la conducta marciana. Comparen esto con
la misma escena del sótano con Tom Cruise y Dakota Fanning,
ocultados y aterrorizados, y verán de qué hablo.
El otro problema del film pasa por el mismo director. Haskin es
muy bueno para las escenas generales, el setup de la situación,
el manejo de climas y escenas masivas, pero es pésimo para
lograr que los actores actúen. El grado de los mismos van
desde cierta despreocupación estoica - todo se va a resolver
- hasta la peor inexpresividad. Resulta increíble que con
la perfomance de este film, Gene Barry haya podido desarrollar una
carrera nutrida (con éxitos como Burke el detective millonario,
El Aventurero y Bat Masterson). Carece de total convicción
para entregar sus líneas, incluso en escenas que resultan
apremiantes.
Sin dudas es un clásico, pero tiene bastantes fallos propios
de la escuela de su época. Al igual del King
Kong de Peter Jackson, considero que la remake 2005 es
superior al original, a pesar de que ésta también
tenga sus desaciertos. Generaría toda una corriente de imitadores
en la clase B y Z de los 50 y 60, pero esa es otra historia. |
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