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En general las películas
de matineé suelen ser potables a pesar de
sus defectos, pero hay casos como La Ciudad
Sumergida en donde bordea lo intragable.
Tomaron un poema minúsculo de Edgar Allan
Poe, y lo expandieron a proporciones elefantiásicas.
Y, lo que es peor, es que toda la historia se puede
ver como una suerte de versión de tercera
mano de alguna aventura típica de Julio Verne,
sólo que con menos inspiración, sets
muy pobres y una dirección de cámaras
que a veces bordea lo caótico.
El libreto es malo. Tenemos al héroe
bonito, osado y fuerte, y tenemos al compañero
idiota de turno - que junto a su insufrible
mascota, hacen las veces de comic relief
-. Tab Hunter es un ladrillo actuando y, lo que
es peor, su personaje tiene ráfagas de
actitudes infantiles. Pero si bien uno puede tolerar
a Hunter, el que resulta soportable como un martillazo
en las gónadas es David Tomlinson - un
tipo que hizo toda una carrera gracias a su cara
de nabo y que todo el mundo lo recuerda por Mary
Poppins -. Tomlinson se la pasa protegiendo
y haciendo chistes sobre su pollo - mascota,
los cuales suenan fuera de lugar el 99% de las
veces. Para dar una muestra de lo tonto que es
el libreto, les cuento que hay una escena en donde
el trío principal huye por el fondo del
mar, enfrascado en esos trajes de buzo gigantes
y ornamentados al estilo victoriano (otro robo
a la imaginería de 20.000
Leguas de Viaje Submarino). Y, como el
pollo no puede contener la respiración
(!), no les queda más remedio que ponerlo
dentro del casco del traje de Tomlinson. Si;
van los dos dentro de la misma escafandra y viendo
por el visor como si estuvieran en una navecita.
La historia no tiene nada de excitante. Arranca
bien - hay un par de mutantes anfibios que
secuestran a la damisela de turno -, pero
el resto es pura charla inútil en medio
de decorados de cartón pintado. Es la misma
historia que 20.000
Leguas de Viaje Submarino, pero permaneciendo
estáticos en un lugar... y sin submarino.
El personaje de Price tiene un corte similar a
Nemo - otro tipo egoísta y amoral
-, con la diferencia que Nemo tenía alguna
especie de causa justiciera y era un científico,
y acá Price es un vulgar criminal rodeado
de su banda y cuya máxima aspiración
es que el volcán cercano a la ciudad no
explote y termine por arrasarla. Lo que sigue
es un licuado de ideas que nunca terminan por
desarrollarse, y que pareciera que el libreto
las vomita a mansalva como para llenar el tiempo
que queda hasta cumplir los 90 minutos reglamentarios
de proyección. Desde que los piratas se
convirtieron en inmortales gracias al aire especial
que respiran, hasta que éstos descubrieron
una ciudad ultramoderna sumergida en el mar, construida
por una civilización extinguida (¿los
Atlantes?); la obsesión del villano
por la chica, que parece la reencarnación
de su amada fallecida hace 100 años; la
presencia de mutantes que asolan la ciudad...
y un largo etcétera. Ni siquiera se da
una explicación como la gente de cómo
estos tipos llegaron hasta ahí abajo. Y
todo lo que sigue son persecuciones interminables
por decorados baratos, que siempre son los mismos
pero tomados con otro ángulo de cámara.
La frutilla del postre la pone una eterna persecución
por el fondo del mar, la que está filmada
de manera caótica e incompetente.
La Ciudad Sumergida es un pastiche
mediocre y aburrido. No hay nada que sirva para
redimirla o hacerla minimamente recomendable.
En todo caso, lo único especial que tiene
es la perfomance de Vincent Price, la cual es
extremadamente sobria y lineal. Usualmente Price
le da un costado risueño a sus personajes
- que va desde lo simpático hasta lo
cínico -, pero aquí es un tipo
malo e implacable, sin otra vuelta de tuerca.
Lástima que ese único detalle no
alcance como para aconsejarle a alguien que malgaste
90 minutos de su tiempo en ver un bodrio como
éste. |