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TRAMA : En el futuro la Tierra se ha vuelto
inhabitable gracias a la contaminación, y los
humanos han emigrado al espacio. Ya han pasado 700 años
desde la partida y el único habitante del planeta
es un pequeño robot de la serie WALL-E, dedicado
incansablemente a compactar basura. Pero un día
llega una nave espacial a la Tierra, y descarga un pequeño
androide destinado a la exploración de las ruinas.
WALL-E se enamora del robot - llamado Eve -, e intenta
contactarse por todos los medios con ella. Pero cuando
Eve encuentra señales de vida - una pequeña
planta -, se apaga y comienza a enviar señales
para que sea recogida. WALL-E sigue a Eve hasta la gigantesca
nave donde ahora viven los humanos - que por la falta
de actividad física y de gravedad, se han convertido
en seres amorfos y débiles -, para descubrir
que la planta que transporta el robot es la señal
que buscaban para comenzar el regreso al planeta. Pero
la programación de la computadora central tiene
órdenes de cancelar todo intento de retorno a
la Tierra, ya que se considera que es una causa perdida.
Y muy pronto ambos robots serán perseguidos por
un ejército de autómatas que desean destruir
a la planta, la que puede activar los procedimientos
automáticos de regreso al planeta.
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WALL-E es el último título de Pixar,
los magos de la animación digital que fundaron
el género a partir de la revolucionaria Toy
Story (1995). Desde entonces, cada film de Pixar
ha avanzado a pasos agigantados en lo que se refiere a
la tecnología involucrada, obteniendo resultados
realistas con una magnitud de detalle realmente asombrosa.
Pero el trabajo de Pixar no sólo es legendario
por su apartado técnico, sino que cuenta con un
staff de creativos que ha generado argumentos fabulosos.
Prácticamente cada título del estudio es
un clásico, y no quedan dudas que en su terreno
no tienen competencia.
Por si pareciera imposible, con WALL-E la gente
de Pixar se ha superado a sí misma, no
sólo con la animación y los efectos, sino
también con la historia. Es sencillamente una
obra maestra. No sólo posee un argumento cautivante,
unos formidables efectos especiales, sino que tiene
corazón y carisma, y me atrevería a decir
que es el mejor filme que ha producido el estudio hasta
ahora. La razón es simple: WALL-E está
plagada de pequeños detalles que resultan deliciosos.
Todo el film es un placer, de punta a punta, y no hay
un momento muerto en la película.
La historia es simple: hay un pequeño robot
que cumple indefectiblemente con su rutina diaria de
procesar basura en una Tierra abandonada durante centurias.
Las primeras escenas son abrumadoras - WALL-E
es, en el fondo, una especie de versión robótica
de Robert Neville de Soy
Leyenda, sin vampiros ni amenazas próximas
(salvo las inclemencias del clima) -, con enormes ciudades
desiertas y gigantescas montañas de basura procesada
que se elevan hasta el cielo. El film transpira la soledad
del robot por donde se lo mire, y es asolador. Y, cuando
el androide - sonda Eve llega a la Tierra, resulta una
bendición para el pequeño robot basurero.
Ahora no está solo; el único problema
es comunicarse con la recién llegada.
Lo fantástico de todo esto es que las acciones
se suceden sin pausa y de manera completamente interesante
con cero de diálogos. Como dice Richard Scheib,
WALL-E es la versión robótica del
vagabundo de Charles Chaplin, y resulta una definición
impecable para ilustrar lo que ocurre en la película.
Este robot sucio y torpe, de gran corazón y personalidad
ingenua, intenta todos los medios posibles para conquistar
a Eve (lo que culmina en una sucesión de gags hilarantes);
y la desesperación por terminar con su soledad
lo lleva incluso a seguirla hasta la nave madre en donde
los humanos ahora residen. Lo que sigue es una sucesión
de aventuras que deberán vivir para demostrar de
que la vida en la Tierra es posible.
Lo que tiene de notable WALL-E es que todos
los personajes son humanos. Incluso la primera impresión
del comandante - cuando descubre la planta que Eve ha
traído de la Tierra - es que va a encubrir todo
para mantener el status quo, su cargo y la situación
de haraganería asistida en que se encuentra toda
la humanidad. En vez de eso, el capitán procede
como corresponde, ya que se da cuenta de lo que tiene
no es vida. Mientras tanto, la computadora central es
puesta en el rol de villano, pero en uno de manera creíble:
simplemente su misión es cumplir las ordenes
de ultimo momento de sus creadores, que han considerado
a la Tierra como territorio estéril irrecobrable.
Es imposible no adorar a estos robots. Con gestos mínimos
poseen ternura y una gran personalidad. Su suerte realmente
nos interesa, y poseen una química mutua brillante.
Entre el humor, los sentimientos, la aventura, y el
mensaje ecologista de turno, WALL-E es un film
impecable para toda la familia, funcionando de manera
perfecta en todos los niveles de lectura, y con verdaderos
talentos creativos detrás de su factura. |