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TRAMA : El almirante Harriman Nelson se encuentra
en el polo norte, realizando pruebas con su submarino
experimental SeaView. Pero al emerger, descubre que
la atmósfera se encuentra en llamas, y la temperatura
del planeta comienza a ascender rápidamente.
Nelson y su tripulación se dirigen a las Naciones
Unidas, donde científicos de todo el mundo debaten
el fenómeno. Nelson cree que el cinturón
Van Allen se ha prendido fuego - una franja de materia
espacial que rodea al planeta -, y que la única
solución es detonar un misil nuclear sobre el
mismo. Pero con la reticencia de la comunidad científica,
además de una férrea oposición
por parte de un sector de la tripulación, la
misión desesperada que emprende Nelson puede
fracasar y culminar con el abrasamiento total de la
Tierra.
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De principio a fin, la sci fi de Irwin Allen - el maestro
del cine catastrofe - es decididamente idiota. No se precisa
ser un científico nuclear para aceptar que algunas
teorías y conceptos que ha volcado en sus numerosos
films y series de TV no dejan de ser disparates de una
mente febril.
Ello no quita el reconocer a Allen como un showman
inteligente. Si bien es cierto que sus espectáculos
tienen guiones francamente bizarros, sin dudas es un
individuo que sabe captar la atención de las
masas. Si uno quiere, podría comparar a Allen
con Aaron Spelling - otro productor de pastiches televisivos
como Los Angeles de Charlie, Charmed,
e infinidad de series -, que generan cantidades industriales
de productos basura, pero que tienen cierto feeling
que los hace consumir de forma masiva. Tanto Spelling
como Allen cuentan con algunos productos de calidad,
pero son los menos. Son, a lo sumo, el epitome del productor
serie B que ha recogido fortuna y éxito sin incrementar
la calidad final de sus productos.
Irwin Allen tuvo comenzos promisorios como documentalista
(llegó a ganar un Oscar), y después pasó
a la ficción. Todas las obras de Allen se caracterizan
por bajo presupuesto, exceso de pretensiones, ciencia
ficción delirante y falta de rigurosidad en los
guiones. Son productos definitivamente adolescentes
y altivos. Pero si bien hay bastantes obras de otros
autores que podrían comparársele - por
ejemplo, la ciencia ficción japonesa o los productos
de Roger Corman -, el problema de las producciones de
Allen es la soberbia que destila en los libretos. Otros
filmes clase B se ocupan en entretener, o en generar
situaciones constantes que mantengan el tiempo ocupado.
Allen se empecina en predicar y en exacerbar su sentido
de gran espectáculo como si se trataran de films
serios. Desde sus primeros filmes, como La Historia
de la Humanidad (1957) hasta su época de
oro con La Aventura del Poseidón (1972),
pareciera que Allen se regodeara en realizar productos
serie B y Z con presupuestos de filmes de clase A. Vale
decir, despliegue multitudinario de estrellas recitando
algunos de los peores parlamentos de su carrera en medio
de decorados de cartón pintado; reciclado salvaje
de efectos especiales de otras producciones; guiones
totalmente disparatados - que sólo resultan rescatables
cuando no provienen de ideas de Allen, o Allen no está
en la dirección -; falta de calidad en todos
los aspectos de terminación del producto.
El primer film realmente popular de Irwin Allen es
Viaje al Fondo del Mar (1961). Sin dudas la suma
de estrellas más efectos especiales debió
resultar atractiva para el público, pero es un
film terrible. Al menos como se enfoca la historia,
el argumento de fondo no resulta excitante - y es un
problema del guión, que no sabe encarar alternativas
-. Entonces, para mantener la tensión, Allen
se dedica a sacar de la galera recursos cada cinco minutos,
la mayor parte de ellos disparatados y sin sentido.
Recogiendo a Michael Ansara en medio del polo (¿que
estaba haciendo allí?;¿había ido
de picnic?), que a la legua se nota que se va a
transformar en el villano de la historia. Después
la pedantería general de los personajes, comenzando
por el almirante Nelson, que se cree dueño de
la verdad. Toda la necedad de la comunidad científica
frente a los 5 minutos de teoría que expone Nelson;
y después el bombardeo constante de situaciones
propias de seriales - pulpos gigantes, minas enredadas
alrededor del submarino, motines a bordo, etc. -. Sobre
el minuto final todos los posibles traidores salen a
flote y son detenidos a tiempo, cuando uno se pregunta
si sabotear la misión no hubiera sido mejor a
lo largo de toda la duración de la travesía.
Es obvio que la influencia sobre el argumento pertenece
a 20.000 Leguas
de Viaje Submarino (incluso está Peter Lorre
aquí, en algo que parece ser un cameo extendido
y no un verdadero papel). Allen copiaría ideas
a clásicos de Julio Verne y H.G.Wells, y esta no
es la excepción. Los personajes están perfilados
de la manera más estoica posible, y toda la película
merecería nuestro voto negativo si no fuera por
Walter Pidgeon. Si bien el almirante Nelson es pedante,
al menos posee carisma y cierta simpatía que lo
hacen potable, pero es el único personaje pintoresco
(y con vida) en una galería multitudinaria de clisés
que inunda la producción.
A raíz del éxito del film, Allen comenzaría
su reino televisivo con la serie Viaje al Fondo del
Mar (1964 - 1968), y siguiendo con Perdidos en
el Espacio (1965 - 1968), El Tunel del Tiempo
(1966 - 1967), y Tierra de Gigantes (1967 - 1970),
antes de regresar a la pantalla grande con Poseidón
(1972). Todas las series de Allen son terribles con
excepción de Viaje al Fondo del Mar, que
resulta algo más potable. Lo que nadie reconoce
- ya que todos nos dedicamos a abuchearlo -, es que
al menos Allen terminó por cuajar cierto molde
que sería el utilizado en la mítica serie
Star Trek. El almirante,
el segundo al mando, algunos personajes satelitales,
el esquema de la aventura semanal de turno son los patrones
básicos de la serie de Gene Roddenberry, que
también sería influenciado por Forbidden
Planet (1956). No es muy disparatado trazar paralelos
entre las correrías del SeaView y las
aventuras del Enterprise, si bien la serie de
Roddenberry está mucho mejor perfilada y es más
consistente en términos de libretos. |