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De principio a fin, la sci fi de Irwin Allen - el maestro del cine catastrofe
- es decididamente idiota. No se precisa ser un científico nuclear para
aceptar que algunas teorías y conceptos que ha volcado en sus numerosos
films y series de TV no dejan de ser disparates de una mente febril.
Ello no quita el reconocer a Allen como un showman inteligente. Si bien
es cierto que sus espectáculos tienen guiones francamente bizarros, sin
dudas es un individuo que sabe captar la atención de las masas. Si uno
quiere, podría comparar a Allen con Aaron Spelling - otro productor de
pastiches televisivos como Los Angeles de Charlie, Charmed, e infinidad
de series -, que generan cantidades industriales de productos basura, pero que
tienen cierto feeling que los hace consumir de forma masiva. Tanto Spelling
como Allen cuentan con algunos productos de calidad, pero son los menos. Son,
a lo sumo, el epitome del productor serie B que ha recogido fortuna y éxito
sin incrementar la calidad final de sus productos.
Irwin Allen tuvo comenzos promisorios como documentalista (llegó a ganar
un Oscar), y después pasó a la ficción. Todas las obras de
Allen se caracterizan por bajo presupuesto, exceso de pretensiones, ciencia ficción
delirante y falta de rigurosidad en los guiones. Son productos definitivamente
adolescentes y altivos. Pero si bien hay bastantes obras de otros autores que
podrían comparársele - por ejemplo, la ciencia ficción japonesa
o los productos de Roger Corman -, el problema de las producciones de Allen es
la soberbia que destila en los libretos. Otros filmes clase B se ocupan en entretener,
o en generar situaciones constantes que mantengan el tiempo ocupado. Allen se
empecina en predicar y en exacerbar su sentido de gran espectáculo como
si se trataran de films serios. Desde sus primeros filmes, como La Historia
de la Humanidad (1957) hasta su época de oro con La Aventura del
Poseidón (1972), pareciera que Allen se regodeara en realizar productos
serie B y Z con presupuestos de filmes de clase A. Vale decir, despliegue multitudinario
de estrellas recitando algunos de los peores parlamentos de su carrera en medio
de decorados de cartón pintado; reciclado salvaje de efectos especiales
de otras producciones; guiones totalmente disparatados - que sólo resultan
rescatables cuando no provienen de ideas de Allen, o Allen no está en la
dirección -; falta de calidad en todos los aspectos de terminación
del producto.
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El primer film realmente popular de Irwin Allen es Viaje al Fondo del Mar
(1961). Sin dudas la suma de estrellas más efectos especiales debió
resultar atractiva para el público, pero es un film terrible. Al menos
como se enfoca la historia, el argumento de fondo no resulta excitante - y es
un problema del guión, que no sabe encarar alternativas -. Entonces, para
mantener la tensión, Allen se dedica a sacar de la galera recursos cada
cinco minutos, la mayor parte de ellos disparatados y sin sentido. Recogiendo
a Michael Ansara en medio del polo (¿que estaba haciendo allí?;¿había
ido de picnic?), que a la legua se nota que se va a transformar en el villano
de la historia. Después la pedantería general de los personajes,
comenzando por el almirante Nelson, que se cree dueño de la verdad. Toda
la necedad de la comunidad científica frente a los 5 minutos de teoría
que expone Nelson; y después el bombardeo constante de situaciones propias
de seriales - pulpos gigantes, minas enredadas alrededor del submarino, motines
a bordo, etc. -. Sobre el minuto final todos los posibles traidores salen a flote
y son detenidos a tiempo, cuando uno se pregunta si sabotear la misión
no hubiera sido mejor a lo largo de toda la duración de la travesía.
Es obvio que la influencia sobre el argumento pertenece a 20.000
Leguas de Viaje Submarino (incluso está Peter Lorre aquí, en
algo que parece ser un cameo extendido y no un verdadero papel). Allen copiaría
ideas a clásicos de Julio Verne y H.G.Wells, y esta no es la excepción.
Los personajes están perfilados de la manera más estoica posible,
y toda la película merecería nuestro voto negativo si no fuera por
Walter Pidgeon. Si bien el almirante Nelson es pedante, al menos posee carisma
y cierta simpatía que lo hacen potable, pero es el único personaje
pintoresco (y con vida) en una galería multitudinaria de clisés
que inunda la producción.
A raíz del éxito del film, Allen comenzaría su reino televisivo
con la serie Viaje al Fondo del Mar (1964 - 1968), y siguiendo con Perdidos
en el Espacio (1965 - 1968), El Tunel del Tiempo (1966 - 1967), y Tierra
de Gigantes (1967 - 1970), antes de regresar a la pantalla grande con Poseidón
(1972). Todas las series de Allen son terribles con excepción de Viaje
al Fondo del Mar, que resulta algo más potable. Lo que nadie reconoce
- ya que todos nos dedicamos a abuchearlo -, es que al menos Allen terminó
por cuajar cierto molde que sería el utilizado en la mítica serie
Star Trek. El almirante, el segundo al mando, algunos
personajes satelitales, el esquema de la aventura semanal de turno son los patrones
básicos de la serie de Gene Roddenberry, que también sería
influenciado por Forbidden Planet (1956).
No es muy disparatado trazar paralelos entre las correrías del SeaView
y las aventuras del Enterprise, si bien la serie de Roddenberry está
mucho mejor perfilada y es más consistente en términos de libretos. |
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