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USA / Japon, 1962 : Myron Healey
(comandante James Bradley), Tsuruko Kobayashi (Anna),
Clifford Kawada (capitan Kishi), Derick Shimatsu (Matsu)
Director - Jerry A. Baerwitz,
Guión - Sid Harris, sobre el montaje de Daikaiju
Baran (1958) dirigido por Ishiro Honda y escrito por
Ken Kuronuma y Shinichi Sekizawa
TRAMA : Un poblado cerca del
río Kitakami es destruído por una gigantesca
criatura. Los pobladores locales creen que se trata
de Obaki, un dios demonio que habita en las profundidades
del lago. El comandante James Bradley del ejército
americano es enviado a supervisar la reconstrucción
del poblado así como coordinar la investigación
acerca de la existencia de la criatura. Las fuerzas
militares japonesas rodean al lago y lanzan químicos
destinados a envenenar el agua; pero en vez de matar
al monstruo, sólo consiguen provocarlo. Ahora
Obaki se dirige hacia Tokio, ya que su habitat ha quedado
inhabitable; y todos los esfuerzos para detenerlo resultan
en vano.
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Hablemos de la historia del kaiju eiga o cine japonés
de monstruos. Al contrario de lo que popularmente se cree,
Godzilla (1954) no fue
el primer film del género sino que el mérito
le corresponde a King Kong Appears on Edo (1938).
Esta es una película que ha vivido en la leyenda,
ya que el celuloide original se ha perdido posiblemente
en los bombardeos americanos durante la Segunda Guerra
Mundial. Era una producción independiente del estudio
Zenkatsu, presumiblemente sin la licencia oficial
de King Kong de la RKO.
La curiosidad es que entre sus rubros técnicos
figura Fuminori Ohashi, quien fuera ayudante de efectos
especiales en el primer film de Godzilla.
Pero después de King Kong Appears on Edo,
vendría la Segunda Guerra Mundial, la bomba atómica,
y la reconstrucción del Japón. Los americanos
tomaron el concepto de la Guerra Fría y el terror
atómico y lo remixaron en un cóctel de
alegoría y cine exploitation con The
Beast From 20.000 Fathoms (1953). Había nacido
el género de los monstruos gigantes. Y en Japón
la Toho - que comenzaba a clonar películas
americanas de género fantástico - generaría
su propia versión con Godzilla
(1954). Era la piedra fundacional del kaiju eiga
moderno.
Ahora bien: es indudable que Godzilla es un
clásico, tanto por la ferocidad de sus secuencias
de destrucción, así como por el trasfondo
dramático de sus personajes y por las resonancias
del horror atómico en la población japonesa.
La Toho había descubierto una mina de
oro pero no sabía muy bien cómo explotarla.
Sin dudas el estudio japonés recién daría
pie con bola con King
Kong vs Godzilla en 1962, llevando el género
hacia la vena del entretenimiento y transformándola
en el match de wrestling de monstruos gigantes
que conocemos hoy en día. Pero, en el medio,
los intentos de generar nuevos caminos a partir de Godzilla
1954 obtuvieron tibios resultados. El problema pasaba
por la estatura que había tomado el film de Ishiro
Honda con el correr del tiempo; los siguientes filmes
de la Toho - Godzilla
Rides Again (1955), Rodan (1956), Daikaju
Baran (1958) - nunca tendrían el impacto
de Godzilla, simplemente
porque carecían del trasfondo de la pesadilla
atómica. A su vez Godzilla se transformó
en una marca y en un producto legendario intocable.
Recién en los 60 la Toho empezaría
a marcar nuevos rumbos, especialmente a partir de Mothra
(1961) - comenzando a crear un panteón propio
de criaturas, con historias realmente originales -.
El film que ahora comentamos - Varan The Unbelevable
- es un refrito norteamericano de 1962, creado a partir
de Daikaju Baran de Ishiro Honda de 1958. Era
el último kaiju eiga de la Toho
rodado en blanco y negro. Y tal como sucedió
con Godzilla y Godzilla King of Monsters,
un estudio americano (la Crown International Pictures,
especialista en cine exploitation) compraría
el original, la reeditaría violentamente - adicionando
escenas con actores americanos como Myron Healey, tal
como King of Monsters había hecho al incluír
a Raymond Burr en el original de Ishiro Honda - y la
relanzaría como propia. Un auténtico robo,
donde se omiten olímpicamente a los autores de
la película japonesa original.
Sin embargo el atributo de méritos ajenos no es
el único pecado de Varan The Unbelevable.
Es un film molestamente mediocre. El problema no pasa
por el monstruo sino por las escenas que incluyó
la Crown International Pictures y que son una tortura
genital. El diseño de la criatura es realmente
bueno - hasta uno asume que el traje es mejor que el de
Godzilla versión 1954 -, las secuencias
de efectos especiales están ok, y la trama es pasable
aunque rutinaria. El tema es que la historia ha sido rearmada
para incluír a un actor americano en un par de
decorados ridículos y con el mismo presupuesto
que un pocillo de café. Cuando el imbécil
del director Jerry A. Baerwitz destapa un poco de las
escenas originales de Daikaju Baran, la película
resulta entretenida; pero cada vez que aparece Myron Healey
en pantalla, la platea entra en coma hasta que las imágenes
del filme de Ishiro Honda reaparecen y resucitan el filme.
Aquí Healey es un comandante americano que está
en el centro de reconstrucción del poblado destruído
por el monstruo (que resulta ser una cabañita llena
de cajas), tiene una esposa japonesa con la cual vive
unos dramas existenciales que no le importan a nadie,
hay un chico japonés con máscara del dios
demonio que vive haciendo gamberradas, y hay un oficial
japonés (con uniforme de campo americano!) que
hace de enlace para que Healey dirija (!?) la operación
militar en contra de Varan. Ni siquiera el monstruo conserva
el nombre (se le llama Obaki), y todo el decorado
se reduce a la cabañita antes mencionada, una carpita
militar y un jeep con el cual deambulan todo el tiempo.
Ni siquiera la fotografía blanco y negro es coincidente,
ya que las imágenes de la película de Ishiro
Honda tienen un enorme contraste con lo rodado por la
CIP y anulan toda posible creencia de que se trata
de un solo filme.
Varan The Unbelevable es un
engendro detestable. Esquívela, e intente conseguir
el original Daikaju Baran que debe ser notablemente
superior. Las secuencias rodadas por Ishiro Honda redimen
un poco la cinta, pero incluso las escenas con la criatura
volando han sido amputadas. Y la mayor parte del tiempo
vemos a un americano imbécil dando ordenes al
aire, en una postura eminentemente racista.
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