TRAMA : La policía de
Tokio está desconcertada con los numerosos robos
a bancos que han ocurrido en la ciudad, en donde los
ladrones han penetrado gruesas cajas fuertes sin dejar
pista alguna. En la persecución a uno de los
sospechosos, el auto de éste se estrella cerca
de la residencia de la bailarina tradicional Fujichia
Kasaga, pero no quedan pisadas ni huellas cerca del
accidente. El detective Okamoto sigue su corazonada
acerca de que el ladrón podría estar relacionado
con la bailarina, y descubre que ésta se ha retirado
de la actividad profesional debido a problemas de salud,
pero planea regresar con un lujoso espectáculo.
Siguiendo la pista del dinero, Okamoto interroga a Fujichia,
y ésta le admite que posee un admirador secreto
que financia la obra. Pero como los billetes que posee
están marcados, la bailarina permanece en custodia
policial. Ante semejante situación se presenta
en la estación un joven de nombre Mizuno, quien
admite ser el autor de los robos y exige la liberación
de Fujichia. Pero al momento de reconstruir la escena
de uno de los atracos, Mizuno se transforma en un ente
gaseoso, liquidando a parte de la custodia policial
y escapando por una de las rendijas de ventilación
ante la mirada atónita de los detectives.
trailer
original de The Human Vapor
Entre finales de los años 50 y principios de los
60 (y antes de la euforia del kaiju
eiga) Ishiro Honda se apartó un poco del
cine de monstruos gigantes y se despachó con una
trilogía de títulos fantásticos,
algunos emparentados con el terror directamente. Arrancó
con El Hombre H (1958) y terminó
con la excelente Matango - El Ataque
de los Hombres Hongo en 1963. En el medio quedó
El Vapor Humano, que por lejos es la más
flojita de las tres.
Es difícil admitir que a veces nuestros héroes
la pifian, y aquí Honda la erra feo. Gran parte
de la culpa le corresponde al guionista Takeshi Kimura
que engendró desde clásicos como Los
Misterianos hasta bofes como Godzilla
vs Megalon; pero por su lado Honda demuestra que
no se encontraba en sus mejores días. Sentado
en el sillón del director demuestra una completa
incapacidad para darle algo de energía al relato,
amén de que la historia no es muy buena y está
demasiado estirada. El tema no pasa por si la premisa
de un criminal que se convierte en una nube de gas es
ridícula o no, sino por el resto de la historia
que es plomiza. Hay un larguísimo setup
que involucra la investigación de una bailarina
del teatro tradicional japonés, un montón
de chichoneo bobo entre el detective y la periodista
de turno, y un exceso de redundancias y diálogos
que no dicen nada de importancia. Llegar a la mitad
del relato - en donde aparece el villano - cuesta una
eternidad. Y aún con la aparición del
freak gaseoso las cosas no mejoran demasiado.
La historia de origen de Mizuno es rutinaria - enfermo
terminal que se somete a un experimento, el que termina
dándole superpoderes -, y ni siquiera es
demasiado amenazante. El otro personaje plomizo es la
dichosa bailarina, que es completamente antipática
y vive obsesionada con la dichosa función de
despedida que le financia Mizuno. El único momento
en que Honda toma algo de vuelo es en el final, especialmente
en la última escena ... pero a esa altura ya
resulta demasiado tarde.
El gran problema con El Vapor Humano es que
es un relato demasiado minimalista y estirado más
allá de sus límites. Calzaba bien como
un episodio de media hora de La
Dimensión Desconocida, pero para una hora
y media de largometraje no le da el aire. También
es cierto de que este no es el material tradicional
de Honda - el director japonés se despacha mucho
mejor con enormes escenarios fantásticos planteados
de entrada; desde Godzilla
asolando ciudades hasta la aterradora isla de Matango
-, y es obvio que se encuentra incómodo. Con
lo cual El Vapor Humano resulta siendo larga
y aburrida, con algún momento aislado pasable,
pero difícilmente sea una película recomendable.
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