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Hace poco comentábamos del homenaje que Quentin Tarantino le
rendía a esta película en el segundo episodio de Grindhouse.
Pues bien, merecía revisitarlo y analizar las causas de su
status de film de culto.
Los Road Movies son un género por naturaleza norteamericano.
La vida de los yanquis siempre estuvo ligada a los autos, y son
un símbolo de su poder industrial. Especialmente desde los
50, con la aparición de los autocines y su incorporación
al público adolescente, el auto terminó pasó
a ser una metáfora de independencia y libertad. Uno es dueño
no sólo de hacer lo que quiera dentro de su auto, sino de
ir a donde se le plazca.
Precisamente en esos viajes se traduce una jornada de descubrimiento.
En los Road Movies, no es sólo llegar del punto A
al punto B, sino que el sujeto ya no es el mismo al final del trayecto.
Encuentros fortuitos, experiencias vividas, descubrimientos realizados.
Esto pasa tanto en una comedia idiota del estilo Cannonball Run
como en Thelma & Louise. El tema es que los Road Movies
terminaron por desnaturalizarse hasta convertirse en simples muestras
de acrobacias y gags cómicos sin gracia. Pero es indudable
la fascinación de los norteamericanos por los automóviles.
Vanishing Point es un producto ejemplar de los 70, y de
los intentos de Hollywood de explotar la contra cultura surgida
en los años 60. Hippies, drogas, la protesta anti bélica
sobre Vietnam, el sexo libre. Y si se le puede reprochar algo a
Vanishing Point, es que termina por ser un producto. Es la
respuesta de la Fox a Easy Rider, sólo que
sobre cuatro ruedas. Pero las comparaciones terminan allí
y pronto el film adquiere estatura propia.
Vanishing Point es indudablemente un film de culto. Hay
dos lecturas que abarcan a públicos distintos y que resultan
muy disfrutables cada una. La primera es el carácter de película
de acción. Es un gigantesco catálogo de venta de la
Chrysler, mostrando las correrías de sus mejores modelos.
Imagino la masiva respuesta de la gente para adquirir un Dodge
Challenger como el de Kowalski. El film tiene muy pocos diálogos,
y la gran parte del tiempo se ve a Kowalski en su muscle car
correteando por las carreteras y haciendo acrobacias creibles
(ninguna cosa demasiado ilógica, aunque siempre intensa).
El rugido del motor del auto es de lo mejor de la banda sonora,
plena de canciones pop de la época. Y si bien las
persecuciones no son tan intensas como Bullitt
- el paradigma del género -, siguen siendo excelentes. No
hay momento en que uno se aburra.
Pero aparte de ser un film para fans de los autos, es también
una alegoría. No hay demasiada construcción de personajes,
simplemente arquetipos. No sabemos mucho de Kowalski, y lo poco
que obtenemos lo hacemos de flash backs donde se muestra
que era un policía incorruptible, dado de baja por proteger
a una menor de un compañero abusivo, y que luego se volvió
un piloto de carreras. Que su esposa murió en un accidente
de surf. Que es un ex-combatiente de Vietnam. Y paren de contar.
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Lo que uno empieza a notar de a poco es que Kowalski tiene un propósito
diferente a simplemente llevar un auto super arreglado de una punta
a la otra del mapa. La compra de drogas para permanecer despierto,
las altas velocidades que no son necesarias - uno de los policías
comenta que cuenta con tiempo de sobra para llegar a la entrega
del auto en San Francisco -. Y las provocaciones con la policía.
Uno comienza a percibir que Kowalski está corriendo una última
carrera, pero desconoce el propósito. Es posible que por
haber perdido a su esposa y por desilusionarse con la fuerza policíal,
descrea de los valores. Y cuando la policía comienza a darle
caza, es obvio que es un hombre contra todo el sistema -
frase hecha que le gusta a los americanos, la del rebelde que combate
las reglas -. Aquí como Kowalski es pacifista, se droga y
enfrenta a la policía, es un héroe. Y toda la cacería
es simplemente la sociedad intentando obligar a los inadaptados
a integrarse o caer en el intento de huída.
Sin duda es una crítica a la cultura americana de la época.
Los valores ultra conservadores, que son retratados en la "fauna"
autóctona del medio oeste americano - hombre curtidos, ignorantes,
ultra religiosos y ultra conservadores - que no pueden resistir
que Kowalski sea libre y haga lo que quiere. En ese sentido de alegoría
está el DJ Super Soul, que es la conciencia de Kowalski.
No sólo lo ayuda, sino que en un momento le pide detenerse.
Es también una metáfora sobre la América segregacionista
de los sesenta, con los policías aporreando a los negros
de la radio, castigando su libertad de expresión.
Pero Kowalski no es un rebelde sin causa. Es un hombre de valores
(o representa los tradicionales valores americanos). Es interesante
observar que los encuentros en la carretera corresponden a inadaptados
a los que Kowalski rechaza. El loco que hace carreras con él,
o los dos gays que intentan asaltarlo. Es curioso precisamente
este último punto, donde el film intenta ejemplificar la
violación de la tolerancia en los actos de violencia. Es
deleznable el ataque a la radio y la golpiza al DJ negro, pero es
justificado castigar a los gays. A pesar de sus intenciones ejemplificadoras,
el guión termina siendo homofóbico. Bien podrían
haber sido los asaltantes meros heterosexuales.
Más allá de los encuentros en la carretera, donde el
guión expande sus fronteras es en el desvío forzado
de Kowalski hacia el desierto. Toda esa secuencia es pura alegoría
religiosa. El conductor ahora parece emprender un viaje de descubrimiento
similar al de Jesus. Los personajes no son realistas. La serpiente
que lo amenaza simboliza el mal, el cazador un ángel, y el
reverendo - de obvio nombre J. Hovah - es Dios. Lo que no es
muy claro es la escena en donde el reverendo libera a las serpientes
- libera el mal -, como si fuera un Dios ausente involucrado
en sus propios asuntos. La alegoría no termina allí;
el encuentro con el motociclista parece similar a la advertencia de
los apóstoles a Jesús sobre su destino - del cual Jesús
reniega y se muestra decidido a cumplirlo -. Kowalski no escucha la
advertencia del cerco policial (o precisamente lo contrario, sabe
que ha llegado el momento). La Lady Godiva en moto podría
resultar otro angel - ella tiene fotos y artículos de cuando
lo echaron de la fuerza, una noticia que podría ser poco difundida
pero que ella conoce, a pesar de vivir en un lugar tan aislado como
el desierto -. Es como un angel que le muestra los sucesos de su vida
a alguien que está por morir.
Lamentablemente en la versión vista - que circula en todos
lados - no figura la escena cortada donde Charlotte Rampling es
una autoestopista que levanta Kowalski y con la cual hace el amor.
Rampling simboliza la muerte, y Kowalski la abraza. Entonces toda
la secuencia queda así: un angel intenta abogar por el alma
de Kowalski pero Dios no acepta - J. Hovah dice ¿Por qué
lo trajiste aquí?; El me trajo; Nunca debes traer a nadie
aquí, que tome su gasolina y siga (que cumpla su destino,
no intentes salvarlo) -; Kowalski es seducido por la muerte y aún
con la advertencia de otro angel sobre su final, decide cumplirlo.
El climax - el punto de desvanecimiento, como significa el
título - es la ascensión del conductor y el cumplimiento
de su deseo de muerte (lo que explicaría su sonrisa)..
¿Es muy disparatada mi interpretación?. Es
posible que la alegoría religiosa sea algo rebuscada y no
muy pulida, pero es válida. Es un Road Movie existencialista,
al estilo de Easy Rider o de Runaway Train. En toda
la acción se las arregla para dar una mirada sobre le América
intolerante de los 60 y 70, criticarla y dar un plus de ideas imaginativas.
Es un brillante ejemplo de cine de acción + cine arte.
Y ya que el arte no es un estúpido que hace de artista y
crea cualquier monigotada (y la llama arte) sino un espejo donde
todos notan algo diferente y hace pensar, Vanishing Point
es un ejemplo más que destacado. Aunque la mayoría
sólo disfruten las piruetas del mítico Dodge Challenger
en el impresionante paraje del desierto americano. |
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