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Troya está basada principalmente en el poema clásico
de Homero La Iliada, aunque toma elementos de La Odisea
(en especial, la secuencia del caballo de Troya). La Ilíada
(por Ilión, que es otro de los nombres como se le conoce a
Troya) es un poema épico, usado en la antigüedad como
obra educativa para ilustrar la relación entre los dioses y
los humanos, además de venerar a los héroes de la historia.
Como obra es sumamente compleja: dioses y semidioses participan de
uno u otro bando, y muchas veces el balance de la batalla tiende hacia
una u otra facción de acuerdo a las alianzas y disputas entre
las entidades divinas que moran en el Olimpo.
Es netamente una obra fantástica, cuyo espíritu en
la pantalla sería el reflejado por el film Lucha de Titanes.
Pero aquí Petersen y el guionista Benioff la han despojado
de todo misticismo, lo cual no me parece un problema tan grave,
y han desarrollado la historia como un conflicto sólo entre
humanos, persiguiendo un espíritu épico similar al
de Gladiador (2000) y no al de El
Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001).
Pero hay algo que no funciona en el film, y resulta difícil
de definir. La base de la historia de Homero está presente:
el conflicto de Aquiles con Agamenón, las disputas entre
éstos por Briseida, el rapto (o fuga) de Helena, el sitio
y la caída de la ciudad. Afuera queda todo el universo fantástico
de los dioses, y hay bastantes personajes que desaparecen por el
camino u otros que en el film perecen pero no en la obra original
(algo usual en Hollywood para dar una suerte de climax equitativo).
Quizás un problema que tiene el film es la de no tomar una
posición definida respecto al conflicto. En los filmes épicos
debe haber héroes y villanos, o posiciones contrapuestas
de modo realmente claro. Pero aquí la mitad de las historias
resultan algo blandas. Por ejemplo, el romance juvenil entre Paris
y Helena es de una superficialidad abominable. No sólo no
hay química entre Bloom y Krueger, sino que parecen ajenos
a todo lo que sucede (especialmente el caracter de Helena, que debería
tener profundos sentimientos de culpa). El guión esboza muy
poco de ello, y los actores disparan las líneas sin demasiada
convicción. Si ésta es una versión revisionista
del poema de Homero, humanizando profundamente a sus personajes
y conflictos, la peor parte le toca a los perfiles light
de Paris y Helena.
La Iliada es una obra que todos hemos leído, aunque
sea en parte, en la escuela o el secundario. Mi recuerdo es que
los troyanos eran retorcidos y cobardes. Paris era cobarde, arrogante
y desprejuiciado, mientras que Hector era algo más racional
y valiente. La causa de Menelao era justa. Y la resolución
final - la guerra de Troya dura varios años hasta que termina
de caer por la treta que inventa Ulises - era la restauración
del balance. Pero en cambio el film intenta mostrar equilibrio en
ambos bandos, en especial que el amor (con mayúsculas) provoca
la perdición de los hombres. Como lo plantea la película,
el romance superficial de Helena y Paris no vale una guerra. Ya
es un mal comienzo del film.
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El otro punto es que no todos los personajes restantes están
bien caracterizados. En vez de enfocarse en Paris y Helena, el film
se centra en Aquiles (lo que hacía también el poema),
pero le da un perfil anacrónico. Es un ninja adolescente,
caprichoso y conflictuado. No están mal las líneas
ni la interpretación de Brad Pitt, pero el tema es que el
público no puede interesarse en él como carácter
principal si resulta un egoísta obsesionado por la gloria.
Es un problema del perfil que elige del guión; el personaje
está bien pero no para esta historia. Como dice James Berardinelli,
un héroe épico debe seguir el molde de Charlton Heston:
ser estoico hasta la médula, mesiánico en su causa,
incorruptible, y recitar sus líneas con voz de barítono.
El Aquiles de Pitt, en cambio, es un héroe con profundos
problemas sicológicos. Es un mercenario renegado y conflictuado,
cuando lo lógico hubiera sido mostrar a Agamenón como
un déspota (que el film lo hace) pero a Aquiles como un justiciero.
Tampoco funciona demasiado el romance con Criseida - los libretos
incluyen los romances como formas de humanizar a los personajes
-. Uno podría decir que ninguno de los romances que muestra
Troya están desarrollados decentemente ni funcionan como
mecanismos de que el público pueda simpatizar con los personajes.
Y si las historias de Paris y Aquiles tienen problemas de perfil y
desarrollo, el filme ya se ve dañado en su credibilidad. Es
indudable que son brillantes las coreografías de lucha de Aquiles,
pero el personaje no termina de enganchar a la audiencia. En donde
Troya consigue mejores réditos es con Hector; repito
que no es un problema de actores ni de lucidez de las líneas
del guión (que están bien) sino del puesto y el perfil
que el libreto se esfuerza en plantear. La interpretación de
Eric Bana es excelente, y este Hector decide seguir adelante a pesar
de saber que su causa es un error. Protege a su hermano, su familia
y su ciudad aunque reconoce que estén equivocados. Hay un conflicto
interno entre lealtad y causa justa que funciona muy bien. Y el otro
que anda de maravillas es Peter O´Toole como Priamo: es un convencido
del destino y un hombre justo. La escena en que Priamo va a pedir
el cadaver de Hector a la tienda de Aquiles es uno de los mejores
momentos del filme (sino el mejor). Quizás la película
hubiera funcionado mucho mejor centrándose en Priamo con exclusividad,
y dando perfiles muy secundarios al resto. En esa escena se transpira
nobleza, que es lo que hace funcionar a los filmes de Peter Jackson.
Del lado de los héroes, solo Hector funciona; Priamo participa
muy poco. Y del lado de los villanos - si los hay -, Brian Cox se
relame con su Agamenón. El tema está en que gran parte
de los personajes resultan ser cínicos o desprejuiciados,
y sólo los papeles que transpiran nobleza funcionan, pero
lamentablemente son muy pocos. Ulises era un personaje perfecto
para esto, pero el libreto lo sepulta y le da muy poco tiempo de
pantalla. Y si los perfiles de los personajes funcionan a medias,
lo que pase en los combates masivos no termina por interesar demasiado.
No están mal hechos, pero carecen del nervio que Peter Jackson
ponía en las descomunales refriegas de El Señor
de los Anillos. La cámara es muy externa al choque de
fuerzas, no tiene protagonismo ni nos inserta en medio del combate.
Si uno compara con otras grandes obras épicas recientes (la
trilogía de Jackson, o bien Cruzada de Ridley Scott),
ve que la carnicería aquí es muy descremada.
Es un buen filme, pero no uno memorable. La mayoría de líneas
del guión son muy buenas, pero el problema es que la película
carece de héroes, de individuos incorruptibles con causa
justa. Los que hay son muy pocos y no son los principales, con lo
cual a uno no le interesa demasiado el resultado de la guerra. Si
el guión fuera menos anacrónico y cínico, y
hubiera seguido los carriles habituales del peplum (como
se denomina al género de sandalias y togas, y se le conoce
a los filmes de romanos y griegos) en vez de intentar un experimento
freudiano de los héroes de la antigua Grecia, podría
haber resultado un clásico. Pero así como está,
es un collage donde todos los elementos son de buena calidad
pero resultan incompatibles al intentar unirlos. |
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