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Sería interesante definir aquí que es el verdadero horror. Hay miles
de historias en el género, y sin duda hay relatos que producen más
impacto que otros, pero es difícil encontrar cuentos, novelas o películas
que sean verdaderamente espeluznantes. A esta altura del partido, cualquier
film clásico de la Hammer resulta infantil. Y por comparación,
cualquier film moderno se regodea con el gore (o derramamiento de tripas),
sólo produciendo asco y no terror. Tanto la saga de Martes 13, Halloween
o Freddy Krueger no son más que festivales de maquillaje y efectos
especiales. Incluso obras que se regodean en el sadismo, como Saw o los
films italianos de Lucio Fulci solo tienden a inundar al espectador con imágenes
repulsivas, cuando el verdadero terror es en realidad mucho mas aséptico.
Quizas el horror verdadero es una sensación visceral, de esas que continúan
con nosotros mucho tiempo después de ver un film o leer un relato, y tiene
que ver con nuestros miedos mas profundos (Stephen King entiende de esto, pero
no hay muchas adaptaciones decentes de su obra). A mi entender, un film de auténtico
terror no puede tener un final feliz.
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Dentro de la variante cinematográfica del género, hay pocas perlas
que puedan considerarse como horror puro. Aún a pesar de sus imagenes morbosas,
Hellraiser tiene un concepto brillante, aunque pobremente realizado. Y
si los ingleses de la Hammer en los 60 eran muy estilizados, y los americanos
del 80 en adelante son demasiado gráficos, quizás el mejor cine
de horror pueda encontrarse en los años 70, cuando había aún
ideas y no simples golpes de efecto. Comenzando por El
Exorcista, los yanquis han comprendido que el horror no tiene por qué
ser exclusivamente gótico, sino que el horror urbano - más cercano
al espectador - tiene un impacto más profundo en la platea. Y entre toda
esa camada, surge esta joya, un telefilm de 1975 que hizo historia.
Trilogía del Terror es una amalgama de los mejores talentos del
género de los 70. Comenzando por el mítico Ruchard Matheson, autor
de entre otras cosas de Yo Soy Leyenda, la mayoría de adaptaciones
de Poe hechas por Roger Corman en los 70, El Hombre
Menguante, infinidades de relatos para La Dimensión Desconocida
y Galería Nocturna, y por supuesto el argumento inicial de la serie
y los telefilms de Karl Kolchak. A Matheson se suma precisamente el director y
creador de este último, Dan Curtis, que tiene en su haber alguna de las
mejores peliculas de horror hechas para la pantalla chica, y la increíble
telenovela Sombras Tenebrosas (la del vampiro Barnabas Collins). Y al tándem
se suma Karen Black, que obtendría el status de diosa del horror después
del film que nos ocupa, sucediendo a la mitica Barbara Steele en el trono.
Es un film compuesto por tres relatos. Quizás el formato sea el adecuado
para el horror - una dosis pequeña e intensa -, aunque a decir verdad son
contados los filmes de episodios que realmente funcionan de forma pareja. Y esta
no es la excepción. Los dos primeros relatos son rutinarios : la profesora
chantajeada que termina envenenando al estudiante que la extorsiona, y el episodio
de las hermanas que resulta ser un caso de doble personalidad. No contienen mucha
sustancia mas allá de ser llevados de forma correcta. Pero el episodio
realmente memorable, la gema del film es sin duda alguna Amelia. La mujer que
adquiere el muñeco del guerrero Zuni y que, por error, lo libera del hechizo
y lo regresa a la vida. El suspenso va in crescendo, en una historia a
imitar por la simpleza de la premisa. Dos seres, un departamento, una cacería,
la introducción de lo desconocido y horrorífico en la vida normal
de una persona.
Ver al muñeco Zuni corriendo con un cuchillo en mano
en el departamento persiguiendo a Karen Black es una imagen impactante, de esas
que permanecen en la retina del espectador durante años. Es cierto que
los efectos especiales no son lo mejor, pero cumplen su cometido. Black atrapando
al muñeco e intentando ahogarlo en la bañera, el guerrero saliendo
de esta y persiguiendo a toda velocidad a Black, o el shockeante final, donde
Amelia atrapa al guerrero y lo mete en un microhondas... cumpliendo una de las
leyes de Roger Ebert - todos los protagonistas de filmes de terror cometen
actos estúpidos -, abriendo después de unos minutos la tapa,
y cayendo desvanecida por el humo que sale del horno. E, instantes después,
vemos a Black de espaldas, hablando con su madre, invitándola al departamento...
mientras la cámara lentamente muestra a Amelia, ensangrentada, clavando
un cuchillo en el piso y con los dientes deformes y gigantes como los del guerrero.
Sin duda, es un relato realmente shockeante, que impulsó los altos niveles
de rating en el momento de su televisación, y que motivaría que
años mas tarde - en 1996 - hubiera una segunda parte del film. Esta vez
con Lysette Anthony como protagonista y, precisamente, el episodio final es realmente
una remake de Amelia. Si bien el personaje de Anthony es una policía que
investiga los hechos de un suicidio - posiblemente el del personaje de Black en
el primer film -, el desarrollo es casi idéntico, con la ventaja de mejores
efectos especiales. |
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