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USA, 1996; telefilme: Lysette
Anthony (Laura / madre de Bobby / Dra. Simpson), Geraint
Wyn Davies (Ben), Matt Clark (Ansford), Geoffrey Lewis
(Stubbs), Blake Heron (Bobby), Richard Fitzpatrick (Jerry
O'Farrell) Director
- Dan Curtis, Guión - Dan Curtis, Henry Kuttner,
Richard Matheson & William F. Nolan
TRAMA : Tres historias de terror
nos esperan esta noche. En Las Ratas del Cementerio,
una ambiciosa joven planea eliminar a su anciano esposo
con la ayuda de su amante. Todo sale como lo previsto
pero, a la hora de cobrar la herencia, faltan las claves
de las cuentas bancarias suizas del fallecido millonario.
Y éstas parecen estar entre sus enseres personales,
los cuales han sido enterrados junto con él en
un cementerio infestado de ratas gigantes. En Bobby,
una madre hace un conjuro de magia negra para revivir
a su fallecido hijo de diez años ... con aterradores
resultados. Y en Aquel que Mata, la policía
descubre un múltiple homicidio en donde la única
pista consiste en un antiguo muñeco tribal hallado
en la escena del crimen. Los oficiales le llevan la
figura a una arqueóloga que trabaja en el museo
metropolitano, quien descubre que se trata de la representación
de un demonio Zuni ... el cual parece haber vuelto a
la vida y haberse lanzado a mutilar a todo aquel que
encuentra a su paso.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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En los años 70 las cadenas de televisión
norteamericanas producían telefilmes memorables.
Algunos de ellos sirvieron como pilotos para series clásicas
como El Hombre Nuclear
y Kolchak: The Night Stalker;
y todos ellos permanecieron en la retina de los espectadores
durante décadas. En el apartado específico
del terror, hubieron joyitas como No
le Tengas Miedo a la Oscuridad y Trilogía
del Terror, cuya efectividad sobrepasó las
limitaciones del formato televisivo. Precisamente éste
último filme se transformó en un hit de
culto y disparó a Karen Black como figura femenina
del terror de la siguiente década.
Ciertamente la original Trilogía del Terror
era un compilado compuesto por dos historias chatas
y un tercer e inolvidable relato - Amelia - en
donde la Black era acosada por un muñeco demoníaco
que la perseguía por todo su departamento y libraba
una batalla campal que terminaba en un climax espeluznante.
El guerrero Zuni de marras se convirtió en un
objeto de culto y, durante años, los fans le
rogaron a Curtis que hiciera una secuela. Y la misma
se materializaría 21 abriles después,
convirtiéndose en el filme que ahora nos ocupa.
Pero Trilogía del Terror II se siente
extraña e insípida. Ahora figura la británica
Lysette Anthony, la que actúa muy bien pero carece
del dejo de locura que tenía Karen Black en sus
ojos. En todo caso la Anthony representa el menor de
los problemas, ya que el 99% del cast sobreactúa
de manera irritante (el peor ofensor de los sentidos
es Geraint Wyn Davies, el insufrible vampiro de la serie
Forever Knight), y las historias resultan ser
excesivamente genéricas. La primera es la típica
rutina de la EC Comics (al estilo de Cuentos
de la Cripta), en donde todo es predecible y la
única novedad radica en los dos minutos finales
- que es ver cómo estos amorales van a recibir
su merecido -. Para colmo, todo el efecto de shock
queda diluído por la aparición de unas
patéticas ratas de peluche que parecen haber
sido compradas en el maxikiosco de la estación
de servicio de la esquina. El segundo relato - Bobby,
a cargo del maestro Richard Matheson - no es más
que una nueva variante de la historia clásica
de O´Henry La Pata de Mono, en donde la
gente lleva adelante ceremonias espúreas para
revivir seres queridos ... y las cosas no salen como
lo esperado. Por lo menos la gigantesca mansión
en penumbras - erigida en el borde de un precipicio
sobre el mar - le da un gran clima. Pero el resultado
sigue siendo genérico.
Pero la gran decepción es la secuela de la historia
del guerrero Zuni, la que convirtiera a la primera Trilogía
del Terror en todo un clásico. La historia
comienza muy bien, con la policía llegando al departamento
de Amelia y descubriendo tanto su cadáver como
el de su madre (o sea, donde había terminado el
relato con Karen Black). En medio de todo ese desorden,
lo único sospechoso es una horrible figura de madera
que se encuentra semi achicharrada en la cocina de la
víctima. Los oficiales llevan el muñeco
a un gigantesco museo en donde la especialista de turno
se va a quedar trabajando toda la madrugada para develar
los secretos de la figura. Y, por supuesto, el guerrerito
revive y comienza a hacer de las suyas.
Al menos la
animación del guerrero Zuni ha sido mejorada
notablemente con stop motion y alguna que otra
técnica digital. Pero lo arreglan por un lado,
lo arruinan por otro. Ahora el demonio de los dientes
se transforma en un Jason
Vorhees cualquiera: anda por todo el museo, liquida
a los guardias, clausura las puertas, anula los teléfonos
(QC!!!). Y cuando llega el duelo con la
Anthony, se transforma en un reciclado textual de la
batalla campal que había librado Karen Black
en la primera película. El demonio vive pasando
el cuchillo por debajo de la puerta. La chica encierra
al bicho en una maleta, pero el engendro empieza a rebanarla
desde su interior con su cuchillo ... y la muchacha
intenta sacárselo (inútilmente) con los
dedos. El guerrero finalmente es atrapado en un lugar
en donde su destrucción es inevitable ... y sólo
termina de liberar su espíritu maligno. El
tema es que todas estas secuencias se notan más
lentas que en el primer filme, amén de que la
fotografía es demasiado brillante y le quita
clima. La sorpresa final carece de shock (ya son demasiadas
cosas copiadas!), y no se trata de una cuestión
de exceso de expectativas: simplemente ocurre que esta
versión 2.0 de la venganza del guerrero Zuni
carece de mordida.
Trilogia del Terror II no es un filme terrible;
es correcto y soso. Los fans del original se
llevarán una decepción y, si usted es
neófito, le aconsejo buscar primero la película
de 1975, que le resultará muy superior (en todo
sentido) a esta pálida secuela.
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