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USA, 1968 : Rod Steiger (Christopher
Gill), George Segal (Morris Brummel), Lee Remick (Kate
Palmer), Eileen Heckart (Sra Brummel), Michael Dunn (Kupperman),
Murray Hamilton (inspector Haines) Director
- Jack Smight, Guión - John Gay, basado en la
novela de William Goldman
TRAMA : El detective Morris
Brummel investiga el asesinato de una anciana cuyo cadáver
ha sido hallado en el baño de su departamento
y al cual le pintaron con rouge un beso en la frente.
Ese es el primer indicio de que han comenzado a tratar
con un asesino serial obsesionado con mujeres mayores
solas, como si fuera algún tipo de retorcido
desquite con la memoria de su madre. Pero a raíz
de un comentario sobre los homicidios - hecho a la
prensa por Brummel -, el asesino cree haber encontrado
en el inspector a un admirador y comienza a llamarlo
directamente a la seccional de policía. Y ahora
se ha establecido un peligroso juego del gato y el ratón
entre el homicida y el detective, en donde éste
último ha decidido comenzar a publicar noticias
falsas - como el hallazgo de nuevos cuerpos o la
detención de sospechosos - con tal de provocar
al maníaco y hacerle salir de su escondite. Pero
el asesino ha elaborado un meticuloso plan de revancha
contra Brummel para castigarlo por intentar arrebatarle
el mérito de sus crímenes.
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Es posible que a lo largo de toda la historia hayan existido
casos de asesinos seriales, pero los mismos comenzaron
a tomar notoriedad - y conciencia pública -
a partir de finales de los años 60. Desde el estrangulador
de Boston hasta Zodíaco
surgieron por esas fechas, y dieron el puntapié
inicial para el surgimiento de tipos como Ted Bundy o
el Hijo de Sam. Como explicaba Sigourney Weaver en Copycat,
es posible que los asesinos seriales no sean más
que un síntoma, tumores que surgen en una sociedad
enferma predispuesta a producirlos en masa. Desde las
enfermedades mentales urbanas hasta la obsesión
por la fama han sido motivantes para el surgimiento de
estos maniacos, y el cine inmediatamente puso manos a
la obra para retratarlos, analizarlos y, sobre todo, explotarlos.
Si los asesinos seriales cinematográficos tomaron
forma con Psicosis y A
Sangre Fría, terminarían por afirmarse
como modelo con El
Estrangulador de Boston. Y, visto de ese modo, Asi
no se Trata a una Dama vendría a ser la sátira
espejo de este último filme - tal como han
existido Fail Safe
y Dr. Strangelove,
o Dia de la Independencia
y Marcianos al Ataque! -. Hay otro estrangulador
de mujeres, otra ciudad en pánico y otro detective
que debe librar juegos de ingenio con el asesino.
El tema con Asi no se Trata a una Dama es que el
filme tiene un problema serio de identidad. Cuando comienza,
parece una versión americana de Frenesi
en clave de comedia - vemos la agria y cómica
vida doméstica del detective, los asesinatos son
tan excéntricos que tienen un toque de humor hitchcockiano
-, pero después la película se empantana.
Ni los homicidios son impactantes, ni el asesino es tan
atemorizante, y el detective de turno es un palurdo con
pocas ideas. Hasta el homicida se ve obligado a llamar
al policía y darle pistas porque, si no, la trama
se quedaba estancada. A esto se suma que Rod Steiger se
hace un festín sobreactuando, pero su goce personal
no se condice con lo que precisaba el filme.
Si como pelicula policial falla, al menos Asi no
se Trata a una Dama empieza a redimirse en la segunda
mitad gracias a la comedia. Hay una escena excepcional
en donde un enano (Michael Dunn, Miguelito Loveless
de la serie Wild, Wild West) viene a entregarse
y a confesar los crímenes. "Pero los
testigos han dicho que el homicida medía 1.80"
"¿Ha visto?. Lo que pasa es que soy muy
buen actor" (!!!). Lo otro que funciona muy
bien es el romance entre Lee Remick y George Segal,
que es muy cómico. Y casi sobre el final, cuando
Rod Steiger irrumpe en el departamento de uno de los
protagonistas, la cosa se pone muy condimentada. Lástima
que ese nivel de equilibrio entre tensión y comedia
negra está ausente en el 90% previo del filme.
Aún con todos sus problemas Asi no se Trata
a una Dama es entretenida. Es una mezcla de policial
y comedia que no siempre funciona como debe, y que muchas
veces termina siendo arruinada tanto por la impericia
del director como por la sobreactuación salvaje
de Steiger. Pero tiene un puñado de perlitas,
y eso es lo que la pone por encima de la media.
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