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Tomb Raider es el mítico juego de Core Design,
que apareciera en 1996 y desatara una larga lista de secuelas que
continúan hasta el presente. La originalidad de Tomb Raider
se basaba en dos factores: es lo más parecido a jugar con Indiana
Jones en un videogame - incluso las secuelas del juego resultaron
infinitamente más populares que los juegos oficiales de Indy
lanzados por LucasArts -, y de modo absolutamente pionero,
presentaba a una heroína a cargo de toda la aventura. Era un
juego que se basaba en ingenio y habilidad; había que resolver
puzzles - que daban acceso a las tumbas y templos que Lara
Croft exploraba -, y había que hacerse cargo de algunas complicadas
pruebas de habilidad, las que resultaban placenteras por la gracia
de los movimientos del personaje - trepar, saltar, balancearse, etc.
-. Apasionante y accesible, pronto el título marcaría
a fuego la industria de los videogames.
Pero Tomb Raider jamás resultó ser un juego
de acción, si bien Lara terminaba de tanto en tanto envuelta
en algunas balaceras. Se basaba en inteligencia y talento, y la
acción era la sal que condimentaba los argumentos. Como el
título era popular, no tardó demasiado en llamar la
atención de Hollywood, que quiso sacar inmediatamente una
adaptación a la pantalla grande. Así es como se rodó
Lara Croft, Tomb Raider (exploradora de tumbas) en el 2001.
El film rescataba algunos de los talentos físicos del videogame
y una parte de la resolución de puzzles, pero terminó
transformándose en un vehículo de acción para
la entonces reciente ganadora del Oscar Angelina Jolie. Para su
época, y considerando la mediocridad de las adaptaciones
filmicas de videogames en general, era un triunfo para su género,
sin dejar de ser una película bastante pasable para el resto
del público.
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Dos años más tarde llega esta secuela, a la que el
público y la crítica terminó por abuchear.
El director de la Tomb Raider original, Simon West, se toma
el olivo y es reemplazado por Jan de Bont. De Bont había
sido un director muy prometedor en una época - con las excelentes
Speed (1994) y Twister (1996) -, pero para el 2003 ya
era mala palabra en Hollywood, gracias a filmes tan desastrosos
como Speed 2 o la remake de The Haunting. Aquí
los productores desenterraron a De Bont de debajo de alguna piedra
y lo pusieron en el sillón de director, decisión que
todavía deben estar lamentando.
Sería injusto cargar todas las tintas a De Bont por el fracaso
de The Cradle of Life. Los guionistas aportan su carga de
horror, aún con la sorpresa de ver a Steve E. de Souza (autor
de la saga de Die Hard) involucrado
en un producto tan mediocre. Como sea, el tema es que Tomb Raider
2 hace un par de cosas mejor que el original, pero miles de
otras muchísimo peor. Tomb Raider (2001) era pasable
e incluso imitaba a la perfección escenas enteras de los
video juegos. Pero aquí todas las premisas de la anterior
son tiradas a la basura - ni siquiera Angelina Jolie parece querer
seguir imitando a Indiana Jones con faldas -, y se termina
por construir un film de acción del modo más estúpido
posible.
Si en Tomb Raider Angelina Jolie parecía fuera de
foco con el personaje, demasiado afectada e intentando generar un
carisma que no poseía, al menos en The Cradle of Life
se la ve más relajada y segura. Es más efectiva como
heroína de acción, y tiene sus momentos para desarrollarse
como caracter, que si bien no llega ni a estar al nivel dramático
de la peor telenovela, al menos le dan un poco de carnadura a un
personaje que antes tenía cero tridimensionalidad. El problema
es que el guión y el director comienzan a vomitar de manera
compulsiva escenas de acción exageradas y argumentos desorbitados,
sin preocuparse siquiera si la audiencia ha comprado la idea. Es
bastante parecido a lo que pasa con buena parte de los filmes de
Barry Sonnenfeld, que cree que gracia es tirar constantemente objetos
contra la pantalla y hacer cosas exageradas hasta lo absurdo. Aquí
De Bont se empeña en lanzar a Jolie desde rascacielos con
paracaídas extraños salidos de quién sabe donde,
pelearse a trompadas con tiburones, armar transmisores satelitales
con un TV, un celular y un chicle, o ir correteando en moto por
plena Muralla China. En el medio de todo esto debería haber
un argumento medianamente creíble y una dirección
diestra que hiciera digerible semejantes exageraciones. Para que
usted compre una historia disparatada es necesario que exista un
héroe interesante, una o dos cosas absurdas a lo largo del
film, un argumento medianamente inteligente, un director con talento
y un actor con carisma. Aquí Jolie actúa algo mejor
pero no tiene el angel que un héroe de acción precisa;
la historia es absurda por donde se la mire, aparecen recursos mágicos
(Deux Ex Machina) de la galera a cada rato, y para peor el director
(que había filmado Speed a toda velocidad) ahora cree
que la acción se filma mejor en camara lenta todo el tiempo
- si esas secuencias hubieran sido rodadas en velocidad normal,
quizas Tomb Raider 2 hubiera durado media hora menos -.
El tema no es sólo De Bont. El guión sale con una
ensalada disparatada, donde la Caja de Pandora resulta ser la portadora
de un virus ultra letal, que los egipcios descubrieron la caja y
se murieron pero que alguno (no se sabe cómo) pudo resistir
y enterrar en la India, tras lo cual Alejandro Magno invadió
dichas tierras y se le murió todo el ejercito. Y, nuevamente,
otro ser humano inmune al super virus de la Caja logró transportarlo
a un templo que el conquistador construyó, dejando una pista
de su ubicación en una fantástica bola holográfica
imposible de construir con la tecnología de aquella época.
A esto se suma el malvado ex premio Nobel que ahora vende armas
biológicas y vive en el sótano de un shopping,
el ex amor (y eventual traidor) de Lara Croft, la mafia china que
no se sabe muy bien que pito toca en todo esto, y un montón
de personajes de relleno escritos como el demonio.
Los americanos tienen un término para todo esto: prepotente
(preposterous). Tomb Raider, The Cradle of Life es un
film prepotente, que se lleva por delante al espectador, disparando
cosas inverosímiles de la peor manera posible y sin importarle
si la audiencia lo considera siquiera coherente. Cada vez que el
film cambia de escenario, hay un hueco gigantesco de lógica
en el guión. Sólo le interesa mostrar escenarios turísticos
y disparatadas rutinas stunt. Con la excepción de
algunos momentos de Angeline Jolie, y la secuencia de los guardianes
de las sombras cerca del final, el resto es ridículo. Ni
siquiera el guión ni los personajes le guiñan a la
audiencia de que esto no va en serio - por el contrario, todos actúan
como si sus vidas estuvieran realmente en juego -. Se salva de la
quema porque al menos, en una madrugada solitaria plagada de bodrios
en TV, resultaría medianamente digerible. Pero en un día
comun, más vale que escape de Tomb Raider 2: La Cuna de
la Vida. |
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