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USA, 1967 : Rock Hudson (mayor
Donald Craig), George Peppard (capitán Kurt Bergman),
Nigel Green (coronel John Harker), Guy Stockwell (teniente
Max Mohnfeld), Jack Watson (sargento Jack Tyne)
Director - Arthur Hiller, Guión
- Leo Gordon
TRAMA : 1942. Un grupo comando
rescata al mayor Donald Craig de las garras de los nazis.
Su objetivo: hacer que Craig aporte su experiencia para
organizar una misión de búsqueda y destrucción
en el norte de Africa, arrasando los gigantescos depósitos
de combustible que los nazis tienen en Tobruk y que
abastecen a las demoledoras divisiones blindadas del
mariscal Rommel. Pero la misión tiene enormes
problemas, comenzando porque una brigada de judios alemanes
llevará el mando, haciéndose pasar por
una tropa nazi que ha capturado a decenas de prisioneros
ingleses. No sólo las tensiones raciales generarán
un clima volátil dentro del grupo, sino que escuadrones
aliados comenzarán a atacarlos confundiéndolos
con auténticas tropas alemanas. Y, por si todo
esto fuera poco, se suma el terrible descubrimiento
de que hay un espía dentro de la fuerza. Ahora,
con todas las probabilidades en contra, deberán
llegar como puedan a Tobruk y volar los depósitos
antes de que su débil fachada explote por los
aires.
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Si una película de guerra puede contar con un presupuesto
aceptable, se puede convertir en un formidable espectáculo.
Eso es lo que ocurre con Tobruk, una historia completamente
ficticia basada en el accionar de los comandos ingleses
contra las fuerzas nazis en la campaña del desierto
durante los años 1942 - 1943. No sólo introduce
un par de elementos originales, sino que tiene suspenso
y despliegue. Quizás el tema sea que, al final,
dispara tantas subtramas que no termina por anudarlas
de manera satisfactoria pero... ¡qué importa!.
Los 90 minutos previos son un ejemplo de buen cine.
Acá hay un mayor canadiense (Rock Hudson, tomando
un papel ofrecido a Laurence Harvey) que ha sido rescatado
por un grupo de nazis (?). Después se revela
que los "supuestos" nazis son un grupo de
judios alemanes operando a las órdenes del servicio
secreto inglés. Entre ellos (comandados por George
Peppard) y el duro oficial británico de turno
(Nigel Green) deben armar una expedición ultrasecreta
a Tobruk, para volar los depósitos de combustible
de las fuerzas de Rommel, desarmar la artillería
y dejar todo listo para una invasión inglesa
desde el mar.
La gracia del filme reside en dos puntos: el primero
es que van camuflados como nazis y por eso son atacados
por los aliados como si fueran alemanes auténticos.
En un momento el grupo se ve obligado a derribar un
caza norteamericano (!), ya que se ven en el dilema
de morir o defenderse. El otro punto es que los mismos
nazis los toman por amigos y, en un determinado momento,
terminan por toparse con un par de espías alemanes
que portan una solicitud de alianza entre los nazis
y las tropas árabes del desierto (quienes desean
deshacerse del colonialismo inglés). Resulta
obvio que la situación les plantea un dilema:
liquidar a estos tipos y rebanar de cuajo la posible
alianza, o usarlos como excusa válida para entrar
a Tobruk. En caso de optar lo último, apenas
entren a la ciudad deberán desaparecer de manera
veloz y silenciosa a los espías y al papel de
la alianza, no sea cosa de volatilizar la débil
fachada que han montado.
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Pero en vez de explotar esta última vena - algo
que podría haber hecho las delicias de Hitchcock:
¿quien se dará cuenta primero del engaño?
¿los espías alemanes o los nazis de Tobruk?
-, el filme decide tomar un camino más fácil,
truncando el suspenso, liquidando en dos segundos a los
espías alemanes, e introduciendo un traidor más
que obvio (basta observar la lista de créditos
para deducir quién es el canalla que trabaja de
incógnito para los nazis reales y pone en riesgo
toda la misión). Si hay un traidor, ¿por
qué no notificó a los nazis desde el primer
momento? ¿por qué decide actuar cuando el
plan está casi concretado?. Si el filme
hubiera continuado por la senda que se propuso desde el
principio - que este grupo comando estuviera maldito
desde el vamos, siendo agredido por aliados y nazis por
igual, unos por confundirlo con los enemigos y los otros
por descubrir que son impostores -, Tobruk
hubiera sido una obra maestra. Si la pareja de espías
nazis - que portan la carta de la alianza con las tribus
árabes - hubiera seguido con ellos hasta el
final, con el enorme riesgo de que éstos descubrieran
que son comandos ingleses disfrazados, la tensión
hubiera crecido a niveles magistrales. No sólo
la introducción del traidor es completamente artificial,
sino que la resolución de esta subtrama también
deja bastante que desear.
El otro punto polémico es el de las tensiones
raciales dentro del grupo. Imaginen a judíos
alemanes disfrazados de nazis. Imaginen a los racistas
ingleses tratándolos como potenciales traidores
/ entregadores, amén de considerarlos como soldados
de segunda, generadores de problemas, y tipos sin derecho
a un pedazo de tierra. Al menos durante una buena parte
el libreto de Tobruk intenta ser realista y políticamente
incorrecto, mostrando gente incompatible trabajando
conjuntamente por el único hecho de que los nazis
son una amenaza demasiado bestial para enfrentarla cada
uno por separado. Lamentablemente el libreto de Leo
Gordon (quien actua aqui, siempre hizo de matón,
y escribió toneladas de capítulos de series
y peliculas como La Mujer Avispa) decide a último
momento emparchar las cosas y el personaje de Nigel
Green baja un cambio, demostrando - a regañadientes
- que puede reconocer que los judios alemanes son igual
o mas valientes que los bravos soldados ingleses.
Tobruk es una buena aventura, sólida,
entretenida. Es cierto que es algo episódica
- no deja de ser una road movie en el desierto
-, pero tiene buenos caracteres, buenos diálogos,
y hay mucho despliegue especialmente en el final. Y
es un recordatorio de lo buenas que eran las películas
de guerra antes que que el género se bastardizara
intentando vender como válidas incursiones ilegales
en paises de Medio Oriente. |