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USA, 1975 : Roy Scheider
(jefe de policía Martin Brody), Richard Dreyfuss
(Matt Hooper), Robert Shaw (Quint), Murray Hamilton (Alcalde
Larry Vaughn), Lorraine Gary (Ellen Brody) Director
- Steven Spielberg, Guión - Peter Benchley &
Carl Gottlieb, basado en la novela homónima (Mandíbulas)
de Peter Benchley, Musica - John Williams |
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TRAMA : El cuerpo despedazado de una joven ha
aparecido en las costas de la isla Amity. El jefe Brody
cree que se trata del ataque de un tiburón, pero
los concejales y el alcalde Vaughn niegan el hecho,
aduciendo de que se trató de un accidente marino
con una hélice. Además, la inminencia
de la apertura de la temporada turística - principal
fuente de ingresos de la isla - impulsa a que las autoridades
mantengan las apariencias para no arruinar la llegada
masiva de visitantes. Un nuevo ataque que acaba con
la vida de un niño provoca una cacería
masiva que culmina con la captura de un tiburón
tigre. Pero el biólogo marino Matt Hooper analiza
el escualo y determina que ese no es el animal causante
de las muertes. De todos modos el alcalde Vaughn abre
las playas y, en el primer día, un ataque masivo
presenciado por todos los turistas termina con la muerte
de uno de los isleños. Brody fuerza a Vaughn
a contratar a un pescador de tiburones y pronto Brody,
Hooper y el experimentado cazador Quint partirán
a alta mar en busca del escualo. Pero el descomunal
tamaño del animal - y su feroz instinto asesino
- terminarán por sorprender a los cazadores,
que terminarán por convertirse en sus presas.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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"Vamos a precisar un bote más grande"
(jefe Brody)
Tiburón es el gran
triunfo de Steven Spielberg. Y a su vez, su peor infierno
personal. Este director novel - que venía de
filmar el aclamado telefilme Duel, algunos episodios
de la serie de terror de Rod Serling Galería
Nocturna, y la fracasada The Sugarland Express
- hizo su debut en su primer film mainstream
con la adaptacion a la pantalla grande del best seller
de Peter Benchley. Sería un megaéxito
a nivel internacional - en menos de un mes sería
el hit numero uno de taquilla de todos los tiempos hasta
la llegada de Star Wars
-, convertiría al director en una estrella y
pasaría a desarrollar la más impresionante
carrera de Hollywood de los últimos 30 años.
Pero a su vez, Tiburón es, en palabras
del mismo Spielberg, su Vietnam personal. La
cantidad de gravísimos problemas con los que
contaría a lo largo de la filmación sería
legendaria y, para el mismo Spielberg, ni aún
el super blockbuster resultante podría compensar
todo el daño físico y sicológico
que él (y el resto del equipo de filmación)
sufrirían. Comenzando por el escualo mecánico
que se dañó antes de empezar a rodar y
nunca terminaría por quedar de fábrica;
las peleas con el estudio para rodar a mar abierto en
vez de hacerlo en un estanque (algo que comenzaría
a subir los costos de producción); después
por el libreto que nunca estuvo a tiempo (terminó
con gran parte de improvisación y escrito sobre
cada día por Carl Gottlieb); el clima inestable
que arruinaba dias enteros de filmación; el robot
que demoraba horas en funcionar como la gente y se rompía
a cada rato; horas de rodaje infructuoso en alta mar,
saturados de calor y agua salada; las visitas constantes
de los ejecutivos del estudio que los despedían
y recontrataban a cada rato, ya que estaba excedido
en meses y cientos de miles de dolares de lo acordado
para la filmación... Es una crónica del
caos que bien merecería un apasionante documental
para sí solo. Spielberg terminaría con
ataques de ansiedad y verdadera fobia al mar que lo
atromentarían por años.
Pero semejante esfuerzo se ve compensado de sobra en este
formidable clásico. El poder de shock permanece
inalterable con el paso de los años. Es una narración
muy bien dosificada - apertura shockeante, momentos de
exposición, otro ataque espeluznante, y así
- donde la narración se guía estrictamente
por la coherencia. Aún los personajes secundarios
como el molesto alcalde Vaughn resultan humanizados y
no caricaturas, aún cuando el papel se presta para
el clisé obvio. Es cierto que no tienen una gran
profundidad sicológica pero al menos las viñetas
de sus personalidades los apartan de ser cartón
pintado. El film realmente despega con la segunda aparición
del tiburón - el ataque a la balsa con el niño,
escena osada si la hay -, donde el sentido de urgencia
se contagia entre toda la población de la isla.
Las escenas marinas son particularmente claustrofóbicas,
aún cuando se trata de mar abierto, y posiblemente
eso tenga que ver con el paneo de la cámara - dos
tercios de la pantalla están sumergidos, lo que
le da al espectador la sensación real de estar
en el momento exacto del ataque -.
Lo que resulta interesante observar es la división
de dos dimensiones totalmente opuestas, donde resulta
tabú aventurarse a cruzar el límite que
las separa. En el ataque que culmina con la muerte del
niño, existe una extraña sensación
de que el mar es realmente un mundo totalmente diferente
y ajeno al hombre. Es el reino del tiburón. El
hombre apenas puede acercarse porque, aún con
escasa profundidad, la muerte ronda las aguas. Sólo
existe seguridad en tierra firme - el espectador sólo
siente tranquilidad cuando ve a los personajes en la
playa y no en el mar -. Todo intento de aventurarse
al mar puede culminar en la muerte. Es como un espejo
que no puede ser traspasado; pareciera algo obvio lo
que escribo, pero en el film es algo tan suave y subliminal
que uno puede percibirlo en esos momentos. Fijense que
en el mar todo es una trampa; las escenas de histeria
masiva, el agua como obstáculo para huir rápidamente,
la masa agolpandose para llegar a la playa... simplemente
es un terreno prohibido.
Sin dudas la llegada de Quint y Hooper al relato son
los que condimentan al mismo. Al fin Brody tiene aliados
coherentes. Es partir de allí cuando el film
pasa a un ambiente casi intimista, que como Richard
Scheib bien observa, podría compararse con una
mezcla entre Moby Dick y El Viejo y el Mar.
La formidable cacería en alta mar es un ejemplo
de cine brillante, si bien no es obra total de Spielberg.
El primer corte del film estaba plagado de escenas con
primeros planos del tiburón mecánico -
que lucía alevosamente falso -, y la editora
Verna Fields podó la inmensa mayoría de
secuencias, pasando - en términos del mismo Spielberg
- "de un film de William Castle a ser uno de Val
Lewton", donde el terror es sugerido y pocas veces
explicitado. Sin dudas es la gran colaboración
de Verna Fields la que terminó por salvar las
papas del fuego al director, dejando sólo las
mejores escenas.
Todos los ataques en alta mar son clásicos,
pero a mi gusto la mejor escena es la de la narración
de Quint acerca de la tragedia del hundimiento del buque
Indiana en 1945 - donde 1100 hombres naufragaron
en el mar y terminaron siendo pasto de los escualos,
sobreviviendo poco más de 300 en menos de una
semana -. Robert Shaw se lleva las palmas como el carismático
y detestable zorro de mar, pero en esa secuencia se
luce con la dignidad propia de un Oscar. Es un narrador
formidable.
Posiblemente el final sea implausible - el mismo Spielberg
lo ha admitido, pero carecía de un climax mejor
-, pero no quita ningún mérito a lo que
es una obra maestra del horror. El poder de sus imagenes
no ha menguado en tres décadas - la muerte de
Quint es particularmente impresionante - y dudo que
lo haga algún día, simplemente porque
es un relato que funciona fundamentalmente en lo sicológico
- los temores profundos del ser humano, la inmensidad
del mar y la desnudez natural del hombre al sumergirse
en él, los animales salvajes que nos acosan en
la naturaleza desconocida -, pero que se ayuda de lo
explícito para impactarnos. Es sencillamente
brillante. |