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TRAMA : Pink Floyd es un músico de rock
que se encuentra cayendo en un abismo depresivo. Sentado
en una habitación de hotel y viendo sin parar
durante horas viejos filmes de guerra, Floyd recuerda
el dolor de la pérdida de su padre durante su
infancia, el castrador régimen escolar de su
Inglaterra natal, la presencia sobreprotectora de su
madre, y el derrumbe de su matrimonio. Cada recuerdo
doloroso se suma como un nuevo ladrillo al muro mental
que Pink se encuentra construyendo, y que lo aisla del
mundo real. Entrando en una sicosis profunda, Pink se
encierra en su mente mientras intenta escapar de la
situación creando un alter ego autoritario y
recurriendo a la imagen de la inocencia de niñez.
Pero estos mecanismos no dan resultados, y pronto se
verá inmerso en un juicio dentro de su propia
mente, donde deberá decidir entre abrazar la
locura y el aislamiento, o destrozar el muro y enfrentarse
a las dificultades del mundo real que le rodean.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Pink Floyd es la banda inglesa de rock de culto,
formada originalmente en 1965 por Syd Barrett, Bob Klose,
Roger Waters, Rick Wright y Nick Mason. En un principio
el líder era Barrett, quien permaneció con
el grupo hasta 1968, año en que decidió
emprender una carrera solista sin demasiado éxito
hasta 1972, y terminó por despedirse del mundo
de la música para convertirse en un ermitaño
hasta su muerte en el 2006. Pero en realidad todos los
cambios en la carrera musical de Barrett estaban signados
por su gran inestabilidad de conducta, en parte por sus
excesos de su adicción a las drogas, y en parte
a su salud mental en crisis. Buena parte de la vida de
Barrett post Pink Floyd se sumió entre las habladurías
y las leyendas urbanas, afirmando de que estuvo encerrado
en un siquiátrico y de que padecía esquizofrenia.
Lo cierto es que después de su partida, Roger Waters
tomó el mando del grupo y lo llevo a su etapa más
exitosa y conocida.
Sin dudas Pink Floyd es una banda de culto, y su LP
El Lado Oscuro de la Luna es el mayor hit de
la historia de la música (desde 1973 ha vendido
más de 40 millones de discos), pero la naturaleza
intelectual de muchas de sus letras no la han llevado
al nivel de masividad que, p.ej., Led Zeppelin,
Queen o Los Beatles. A uno le da la impresión
que Pink Floyd funciona para un grupo selecto de fans
(mayores de 30 años) quienes a su vez terminan
por transmitir la veneración por la banda a nuevas
generaciones.
Con el liderazgo de Roger Waters se generaron nuevos
albums, y en 1979 se formó un proyecto muy ambicioso
que Waters construyó de modo autobiográfico.
El album doble The Wall hizo su debut, y los
estudios se interesaron en producir un film sobre el
mismo. En un principio la película iba a ser
un documental standard sobre la banda en gira, registrando
cada una de las presentaciones del disco - que incluía
una cuidada puesta en escena, con un muro gigantesco
que era construído a medida que avanzaba el concierto
y demolido hacia el final, a la vez que enormes globos
inflables con las figuras de algunos de los personajes
de las letras flotaban entre el público -. Para
ese momento, se acerca Alan Parker, un exitoso director
de comerciales y que había properado en el cine
con una serie de films muy populares y aclamados por
la crítica, como Bugsy Malone, Fame
y Midnight Express. Waters y Parker rápidamente
comenzaron a cambiar el proyecto inicial, primero incluyendo
animaciones del afamado caricaturista inglés
Gerald Scarfe, después tomando al mismo Waters
como protagonista, y creando una verdadera opera rock
sobre la base del album.
Pero el proyecto terminó por irsele de las manos
a Waters, y cayendo en un control creativo total de
Parker. De hecho, la banda no quedó demasiado
satisfecha con el producto final, y toda la génesis
del film produjo unas enormes grietas internas dentro
del grupo que culminaría con la agria partida
de Waters del grupo en 1985.
Sin dudas Pink Floyd: The Wall es una obra absolutamente
egocéntrica. Hay tres temas fundamentales que dieron
nacimiento al album y son : un incidente en uno de los
conciertos de la banda en 1977, donde los fans se abalanzaron
sobre el escenario mientras estaban tocando (la masa fascista
de la que habla el grupo en las letras del film); la vida
de Waters, con sus recuerdos de la guerra y la temprana
muerte de su padre; y el descenso hacia los abismos de
la salud mental del líder original Syd Barrett
(quien en la vida real apareció rapado tal como
figura en la película). Conjugado todo esto, termina
por dar un obra nihilista en extremo, deprimente y avasallante,
que no termina sino por ser un enorme canto de protesta
que Waters dispara hacia el imperio británico.
Desde el por qué el país eligió a
su padre para ir a defender a su patria (y morir), truncando
su familia y a la única figura de respeto que reconoce
el músico - es el único que podría
haberlo defendido de la maldad del mundo, en una visión
extremadamente idealizada -, hasta el odio a la conservadora
y estricta educación inglesa que lo torturó
durante los años de su niñez. Todo lo que
sigue son una serie de reproches freudianos a su padre
por haberlo dejado solo e indefenso frente al mundo, sin
estar presente para limitar a su sobreprotectora madre,
sin ponerle frenos a toda la violencia que lo lastimaba
como niño, y que terminaría por producir
este ser humano atormentado que, en la habitación
de su hotel, termina por desbarrancarse mentalmente.
Toda la narración sigue las etapas de ese proceso
de descomposición mental con una linealidad propia
de un curso de sicología. El encierro mental,
el derrumbe, la explosión de furia, la etapa
de obsesión - compulsión (con Pink ordenando
demencialmente los restos de la habitación del
hotel en grupos cuidadosamente elegidos y ordenados),
y por último la etapa extremista, donde Pink
pasa a convertirse en todo aquello que odia y que lo
ha torturado desde siempre: un fascista. Es interesante
notar que aquí la personalidad del protagonista
se desdobla, tanto en su faceta más autoritaria
como en un alter ego inocente de su niñez,
como personajes creados por su mente para rescatarlo
de la debacle en que se encuentra. Por último,
ningún rescate es posible hasta el juicio final,
que se lleva a cabo en su cerebro, y que emite el veredicto
que debe enfrentar la realidad tal como es - debe encarar
el mundo de sus pares -. Es entonces cuando explota
el muro y se produce un breve final optimista que no
termina por compensar todo el nihilismo generado por
la duración del film.
El film sería profundamente deprimente si no
fuera por la dirección artística alucinógena
de Alan Parker. Nunca las imágenes de una demencia
fueron tan fascinantes como en esta película.
Todo el film es un gigantesco video clip que tiene sus
puntos más altos cuando las animaciones espectaculares
de Gerald Scarfe inundan la pantalla - la mantis gigante,
las flores obscenas, los ejércitos de martillos
que dominan la Tierra, el masivo bombardeo a Inglaterra
-. Es obvio que el trabajo de Scarfe tiene influencias
visuales notables que van desde las animaciones de propaganda
nazi de la Segunda Guerra, el renombrado El Triunfo
de la Voluntad de la directora Leni Riefenstahl,
hasta el expresionismo de El Gabinete del Dr. Caligari
de Robert Wiene. Y fuera de Scarfe, Parker consigue
en Live Action momentos notables como la máquina
procesadora de niños, o las escenas del partido
fascista.
Es un film brillante en lo visual; en lo temático,
es bastante más discutible. Si se quiere, es
un monumento al ego de Roger Waters - todas las letras
son un canto a la soledad y la depresión por
circunstancias acaecidas en su vida -. Esto no significa
que debería haber terminado con una nota más
optimista y extendida que la que realmente muestra -
de ningún modo -. Pero quizás le falta
un caracter más reflexivo que simplemente ser
un compilado de reproches entonados con el fondo de
excelente música. |