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Pink Floyd es la banda inglesa de rock de culto, formada originalmente
en 1965 por Syd Barrett, Bob Klose, Roger Waters, Rick Wright y Nick Mason. En
un principio el líder era Barrett, quien permaneció con el grupo
hasta 1968, año en que decidió emprender una carrera solista sin
demasiado éxito hasta 1972, y terminó por despedirse del mundo de
la música para convertirse en un ermitaño hasta su muerte en el
2006. Pero en realidad todos los cambios en la carrera musical de Barrett estaban
signados por su gran inestabilidad de conducta, en parte por sus excesos de su
adicción a las drogas, y en parte a su salud mental en crisis. Buena parte
de la vida de Barrett post Pink Floyd se sumió entre las habladurías
y las leyendas urbanas, afirmando de que estuvo encerrado en un siquiátrico
y de que padecía esquizofrenia. Lo cierto es que después de su partida,
Roger Waters tomó el mando del grupo y lo llevo a su etapa más exitosa
y conocida.
Sin dudas Pink Floyd es una banda de culto, y su LP El Lado Oscuro de la
Luna es el mayor hit de la historia de la música (desde 1973 ha vendido
más de 40 millones de discos), pero la naturaleza intelectual de muchas
de sus letras no la han llevado al nivel de masividad que, p.ej., Led Zeppelin,
Queen o Los Beatles. A uno le da la impresión que Pink Floyd
funciona para un grupo selecto de fans (mayores de 30 años) quienes a su
vez terminan por transmitir la veneración por la banda a nuevas generaciones.
Con el liderazgo de Roger Waters se generaron nuevos albums, y en 1979 se formó
un proyecto muy ambicioso que Waters construyó de modo autobiográfico.
El album doble The Wall hizo su debut, y los estudios se interesaron en
producir un film sobre el mismo. En un principio la película iba a ser
un documental standard sobre la banda en gira, registrando cada una de las presentaciones
del disco - que incluía una cuidada puesta en escena, con un muro gigantesco
que era construído a medida que avanzaba el concierto y demolido hacia
el final, a la vez que enormes globos inflables con las figuras de algunos de
los personajes de las letras flotaban entre el público -. Para ese momento,
se acerca Alan Parker, un exitoso director de comerciales y que había properado
en el cine con una serie de films muy populares y aclamados por la crítica,
como Bugsy Malone, Fame y Midnight Express. Waters y Parker
rápidamente comenzaron a cambiar el proyecto inicial, primero incluyendo
animaciones del afamado caricaturista inglés Gerald Scarfe, después
tomando al mismo Waters como protagonista, y creando una verdadera opera rock
sobre la base del album.
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Pero el proyecto terminó por irsele de las manos a Waters, y cayendo
en un control creativo total de Parker. De hecho, la banda no quedó demasiado
satisfecha con el producto final, y toda la génesis del film produjo unas
enormes grietas internas dentro del grupo que culminaría con la agria partida
de Waters del grupo en 1985.
Sin dudas Pink Floyd: The Wall es una obra absolutamente egocéntrica.
Hay tres temas fundamentales que dieron nacimiento al album y son : un incidente
en uno de los conciertos de la banda en 1977, donde los fans se abalanzaron sobre
el escenario mientras estaban tocando (la masa fascista de la que habla el grupo
en las letras del film); la vida de Waters, con sus recuerdos de la guerra y la
temprana muerte de su padre; y el descenso hacia los abismos de la salud mental
del líder original Syd Barrett (quien en la vida real apareció rapado
tal como figura en la película). Conjugado todo esto, termina por dar un
obra nihilista en extremo, deprimente y avasallante, que no termina sino por ser
un enorme canto de protesta que Waters dispara hacia el imperio británico.
Desde el por qué el país eligió a su padre para ir a defender
a su patria (y morir), truncando su familia y a la única figura de respeto
que reconoce el músico - es el único que podría haberlo defendido
de la maldad del mundo, en una visión extremadamente idealizada -, hasta
el odio a la conservadora y estricta educación inglesa que lo torturó
durante los años de su niñez. Todo lo que sigue son una serie de
reproches freudianos a su padre por haberlo dejado solo e indefenso frente al
mundo, sin estar presente para limitar a su sobreprotectora madre, sin ponerle
frenos a toda la violencia que lo lastimaba como niño, y que terminaría
por producir este ser humano atormentado que, en la habitación de su hotel,
termina por desbarrancarse mentalmente.
Toda la narración sigue las etapas de ese proceso de descomposición
mental con una linealidad propia de un curso de sicología. El encierro
mental, el derrumbe, la explosión de furia, la etapa de obsesión
- compulsión (con Pink ordenando demencialmente los restos de la habitación
del hotel en grupos cuidadosamente elegidos y ordenados), y por último
la etapa extremista, donde Pink pasa a convertirse en todo aquello que odia y
que lo ha torturado desde siempre: un fascista. Es interesante notar que aquí
la personalidad del protagonista se desdobla, tanto en su faceta más autoritaria
como en un alter ego inocente de su niñez, como personajes creados
por su mente para rescatarlo de la debacle en que se encuentra. Por último,
ningún rescate es posible hasta el juicio final, que se lleva a cabo en
su cerebro, y que emite el veredicto que debe enfrentar la realidad tal como es
- debe encarar el mundo de sus pares -. Es entonces cuando explota el muro y se
produce un breve final optimista que no termina por compensar todo el nihilismo
generado por la duración del film.
El film sería profundamente deprimente si no fuera por la dirección
artística alucinógena de Alan Parker. Nunca las imágenes
de una demencia fueron tan fascinantes como en esta película. Todo el film
es un gigantesco video clip que tiene sus puntos más altos cuando las animaciones
espectaculares de Gerald Scarfe inundan la pantalla - la mantis gigante, las flores
obscenas, los ejércitos de martillos que dominan la Tierra, el masivo bombardeo
a Inglaterra -. Es obvio que el trabajo de Scarfe tiene influencias visuales notables
que van desde las animaciones de propaganda nazi de la Segunda Guerra, el renombrado
El Triunfo de la Voluntad de la directora Leni Riefenstahl, hasta el expresionismo
de El Gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene. Y fuera de Scarfe, Parker
consigue en Live Action momentos notables como la máquina procesadora
de niños, o las escenas del partido fascista.
Es un film brillante en lo visual; en lo temático, es bastante más
discutible. Si se quiere, es un monumento al ego de Roger Waters - todas las letras
son un canto a la soledad y la depresión por circunstancias acaecidas en
su vida -. Esto no significa que debería haber terminado con una nota más
optimista y extendida que la que realmente muestra - de ningún modo -.
Pero quizás le falta un caracter más reflexivo que simplemente ser
un compilado de reproches entonados con el fondo de excelente música. |
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