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Alemania, 1933 : Otto Wernicke
(Kriminal Komissar Karl Lohmann), Oscar Beregi (Profesor
Baum), Gustav Diessl (Tom Kent), Vera Liessem (Anna),
Karl Meixner (Hofmeister), Theodor Loos (Dr Kramm), Rudolf
Klein-Rogge (Dr Mabuse) Director
- Fritz Lang, Guión - Fritz Lang y Thea Von Harbou,
basados en los personajes creados por Norbert Jacques
TRAMA : El comisario Lohmann
recibe una llamada de Hofmeister, un soplón de
la policía, quien le informa que conoce la identidad
secreta de un cerebro criminal que está por concretar
un plan maquiavélico que pondría en jaque
a toda la nación. Pero Hofmeister es encontrado
en estado de shock, y la única pista que posee
Lohmann son unos garabatos que el soplón ha dejado
en el vidrio de su ventana. Pero a medida que avanza
su investigación, Lohmann comienza a descubrir
un sendero de muertes de testigos y sospechas que apuntan
hacia el manicomio que dirige el profesor Baum, en donde
se encuentra internado el Dr. Mabuse - un peligroso
criminal que se ha vuelto loco y permanece catatónico
desde hace años -. Mientras tanto Tom Kent es
un hampón que trabaja para una anónima
celula criminal de una enorme organización clandestina;
y doblegado por el amor de su novia, decide entregarse
y darle toda la información que posee a Lohmann.
Allí será cuando el comisario descubra
que Mabuse ha reiniciado sus actividades desde su celda
y planea sumir en la anarquía al país
para establecer un imperio del crimen. Y, con el tiempo
en su contra, sólo Lohmann y Kent podrán
detenerlo.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Esta es la secuela de Dr.
Mabuse, Der Spieler (1922). A mi juicio, el primer
filme sobre Mabuse era un típico serial comprimido
en el formato de un enorme largometraje, y cuya fama resulta
exagerada. En aquella película Mabuse no dejaba
de ser un sicópata de modestas ambiciones - dominar
a quienes lo rodean -, que utilizaba tanto sus poderes
síquicos como métodos mafiosos para conseguir
sus propósitos. Una morosísa edición,
un libreto demasiado extenso, y cierta indulgencia en
la duración de las escenas no terminaba de compensar
los raptos de inteligencia del relato.
Pero si Dr. Mabuse, Der Spieler no era el gigante
que todos afirman, El Testamento del Doctor Mabuse
sí lo es y en gran forma. Aquí el buen
doctor es sólo una excusa para que Lang - contemporáneo
de los tormentosos tiempos del ascenso del nazismo -
se despache con una alegoría acerca del crimen
y la anarquía. No deja de ser otro serial bien
filmado, pero hay un puñado de escenas (entre
otros hallazgos) que elevan su categoría hasta
el de obra maestra.
Para empezar, es un filme realmente moderno. Prácticamente
desde los finales del año 20, la obra de Lang
es innovadora en los métodos de narrar la historia.
Las tomas son ejemplares, el timing es preciso, y el
diálogo es más que florido como para que
la atención no decaiga nunca. En once años
desde Dr. Mabuse, Der
Spieler Lang se ha convertido en un narrador estupendo.
Entre los parlamentos y las imágenes posee la
estructura y el vigor de una película contemporánea.
Es aquí realmente donde Mabuse se erige como genio
del crimen y verdadera amenaza a la sociedad. Aquí,
a sus órdenes, hay montada una enorme organización
dividida en células independientes y tareas específicas
- asesinar, extorsionar, falsificar, robar -. La sección
2 B es el equivalente de la Gestapo - y ése
y otros detalles motivarían a que el film fuera
prohibido por los nazis; recién en 1951 sería
exhibido por primera vez en Alemania -. Mabuse desea vengarse
de la sociedad, y para ello ha de establecer un imperio
del crimen... pero es necesario sembrar la anarquía
y el terror. Muchas de las motivaciones que utiliza Mabuse
no son más que palabras de los nazis puestas en
su boca. A diferencia del primer filme, Rudolf Klein-Rogge
tiene un papel muy secundario, casi como el de un cameo
extendido. Recluído en su celda y catatónico,
comienza súbitamente a escribir... y a generar
su testamento - un panfleto ideológico escrito
de manera bizarra y desprolija, pero cuya lectura sirve
para "programar" las mentes de quienes lo leen
-. Los manuscritos de Mabuse no son más que un
método alternativo de hipnosis (o lavado de cerebro,
como se le quiera llamar), hecha mediante sus escritos.
Así es como logra reclutar al director del asilo
y construir su imperio del crimen desde su celda.
Por un lado son obvias las alusiones al nazismo. El
acalorado discurso del profesor Baum sobre el cadáver
de Mabuse y frente a Lohmann resulta un calco de la
expresión corporal que utilizaba Hitler en sus
arengas (la gesticulación es idéntica).
Además el contenido del discurso es típicamente
hitleriano. Sumen las imágenes de la anarquía,
a Mabuse escribiendo desde la celda - como Hitler hizo
con su Mein Kampf -, su propia Gestapo...
y los ingredientes de la receta están listos.
Pero, por otro lado, Mabuse termina por transformarse
en una fuerza del mal en un sentido metafísico.
Fallecido éste, no deja de aparecer frente al
profesor Baum para seguir guiando sus acciones y ejecutar
su plan. Es la posesión total del individuo.
El relato está construído de manera ejemplar.
A falta del villano en primera persona, vemos a los
secuaces elaborando teorías sobre su accionar.
La información es dispersa - una célula
no sabe lo que hace la otra -, y los pocos datos que
hay son escalofriantes. Robar dinero para comprar droga
y regalarla; falsificar dinero y reemplazar el tesoro
de los bancos con él; explotar las fábricas
químicas y envenenar el suminstro de agua para
matar a la población... Aquí realmente
es un agente del caos. E incluso podría uno volver
a compararlo con el Joker de Batman,
el Caballero de la Noche: no es difícil imaginar
al Guasón alienando al resto de los internados
del asilo Arkham para tenerlos en su poder. Hasta hay
ecos de Mabuse en la historia de El
Exorcista III, con el asesino Gemini dominando al
director del establecimiento para que cometa crímenes
en su nombre.
Pero además de Mabuse, está Lohmann.
Otto Wernicke regresa con su comisario afable y sagaz
de M (1931), y es un verdadero
rival para el genio criminal. A Wernicke le corresponden
algunas de las escenas más graciosas del filme,
no por ridiculez sino por su bohonomía. Es un
individuo con calle, que sabe manejar gente y que no
se le escapa una. Los interrogatorios a los sospechosos
son de lo mejor de su parte. Pero su investigación
no llega al nivel de duelo de genios, ya que la historia
está muy dispersa en otras subtramas, todas muy
interesantes. La más débil es la de Tom
Kent - el secuaz de Mabuse que está a punto de
delatarlo a la policía -, que por momentos roza
el melodrama. Además el personaje de Anna - la
enamorada de Kent - está escrito de una manera
insoportablemente ingenua. Pareciera que en los libretos
de Thea Von Harbou las mujeres vivieran en otro mundo,
totalmente naif y ajeno a la realidad... como
si estuvieran fumadas. El contraste de la inocencia
y buena voluntad de Anna con la crueldad y expeditividad
del cast masculino choca tanto como un balde
de agua helada.
Pero es un detalle menor. Por el resto (que es el 99.9
% del film) El Testamento del Dr. Mabuse es una
película formidable. Las persecuciones de los
coches, las apariciones fantasmagóricas de Mabuse,
los complejos mecanismos criminales, los elaborados
asesinatos, los siniestros planes... es una aventura
hecha y derecha. Y a la que se le suma el trasfondo
de panfleto anti nazi. Este si es el clásico
que uno estaba esperando, y que en más de 70
años no ha perdido un pelo de su efectividad.
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