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Terminator es la creación de
James Cameron y Gale Ann Hurd, que viera la luz en 1984 con la primera
entrega de la saga. En un principio Terminator no dejaba de
ser un film clase B con algunas buenas ideas, pero resultó
ser un éxito inesperado y se transformó en uno de los
íconos de culto de los 80. También fue el vehículo
para el estrellato de Arnold Schwarzenegger, quien dominaría
las pantallas durante 10 años, antes de que su carrera cayera
en un serio declive a partir de 1996 con Eraser y filmes subsiguientes.
Por supuesto vino la continuación; pero fue una que se hizo
esperar. Si uno considera la cronología de la saga, resulta
claro que la meticulosidad de estudios y creativos tamizaron a niveles
infinitos la calidad de todos los proyectos posibles de secuela.
Sólo eso pudo explicar por qué Terminator
2 : Judgment Day llega a las pantallas a 7 años del film
original. Y sólo la hábil mano de Cameron pudo sobrellevar
lo que podría haber resultado en un desastre - una secuela
tardía, de esas que llegan cuando el calor de la euforia
se ha evaporado -. Terminator 2 también es un gran
filme, con algunas ideas nuevas y bastantes conceptos reciclados
de la película original.
Y pasarían ahora 12 años más para que se concretara
una nueva entrega. Pero esta vez llega en medio de polémicas.
Por un lado, la mayoría del elenco original (Hamilton, Furlong,
Biehn) se ha perdido por el camino, fruto de negativas y omisiones.
El otro aspecto es la desaparición de James Cameron de los
cuarteles creativos. Sumando a esto el pobre desempeño de
las últimas apariciones de Schwarzenegger en la taquilla,
todo despedía un tufillo de manotazo desesperado del austríaco
por resucitar su carrera, amén del oportunismo comercial
de los estudios. Y a pesar de todo el empeño puesto en la
producción, el film chocó con una recepción
mezclada, tanto por el público como por la crítica.
La taquilla fue buena, pero las opiniones no tanto.
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Lo cual termina de ser injusto, y los rumores faltos a la verdad.
La realidad tras las bambalinas merece otra lectura. Si bien la
carrera de Schwarzenegger iba mal, Terminator 3 es su canto
de cisne, ya que se encontraba embarcado en la carrera política
que lo llevaría a la gobernación de California el
mismo año del estreno del filme. Ciertamente Linda Hamilton
no quiso volver al rol, y en cuanto a Edward Furlong, resulta bastante
obvio que carece de la presencia en pantalla para representar al
John Connor adulto que debería ser el líder de la
resistencia en el futuro. Nick Stahl es mejor actor, si bien es
cierto que su papel en el film no está bien escrito (carece
de un crecimiento heroico que correspondería a la leyenda
que nos han venido vendiendo en los últimos dos filmes -
y, por el contrario, Claire Danes parece tomar las riendas en algunos
momentos de acción en vez del personaje principal -). Y sobre
"El Rey del Mundo", los rumores son exagerados.
Desde que Cameron chocó su barquito en 1997, ha sufrido de
un bloqueo creativo (o de pánico al fracaso), que lo ha llevado
a emprender proyectos menores, mayoritariamente como productor.
Nadie duda que James Cameron es un excelente director; pero analizando
la serie de Terminator, la conclusión obvia es que
se trata de unas pocas pero buenas ideas y que resultan geniales
como excusa para un filme de acción, pero nada más
que eso. No es que Uwe Boll tomó las riendas de Matrix;
la saga de Terminator no es tan cerebral como la de los hermanos
Wachowski. El que Jonathan Mostow tome la posta de la saga no resulta
en ningún sacrilegio, en especial viendo la perfomance de
su entrega.
Y es que a pesar del dogmatismo de los fans, Terminator 3: Rise
of The Machines es una conclusión (?) más que
digna. Es cierto que dos tercios del film son una suerte de remake
expandida de Terminator 2: Judgement
Day. Pero esto no es nuevo; en la segunda entrega, Cameron también
se copiaba a sí mismo, y le daba algo de aire fresco al introducir
al T 1000 líquido y la magia de los CGI a los ojos
del público, amén de un cambio en el setup
(un androide bueno contra uno malo); pero el resto del film eran
correrías por toda la ciudad como en la primera parte. Mostow
expande las acrobacias, e introduce a un Terminator femenino, también
liquido, y con armas incorporadas. La virtud del director está
en que este upgrade (de una trama ya vista) sigue siendo
excitante. La persecución con el camión grua es absolutamente
impresionante, y el resto de las secuencias están, por lo
menos, inspiradas. No son totalmente originales: otra vez Schwarzenegger
se enfrenta a la policía y no lastima a nadie, y otra vez
los androides se enfrentan en una larga cacería en medio
de una autopista. Pero al menos tienen el suficiente nervio como
para resultar muy entretenidas.
Como la Terminatrix está la modelo Kristanna Loken. El trabajo
de Loken es excelente; no sólo es bella, letal e imparable;
su papel va más allá, y transpira maldad. A pesar de
su naturaleza androide, hay momentos en que la TX expresa sutiles
sonrisas, como si disfrutara de sus acciones. Su elección para
el papel es inspirada.
Pero mientras que la TX y la acción son efectivos, la historia
en sí no lo es tanto. El problema no es seguir los mismos
derroteros de Terminator 2, sino
que hay algunos Deux Ex Machina, unos cuantos agujeros de
lógica, y un par de caracteres mal escritos. John Connor,
por ejemplo, nunca termina por dar la estatura heroica que amerita
el relato. La trama de los compañeros de Connor - que formarán
la elite de la resistencia - resulta algo descolgada y es rápidamente
obviada. Que el Terminator sólo responda a las órdenes
de Brewster es algo trivial, y por supuesto están los hechos
en el complejo militar. Uno podría aceptar que en el fondo
la TX es una suerte de catalizadora para que las acciones se salgan
de curso, pero resulta inexplicable la aparición del virus
(¿creado por la misma Skynet?), o que cuando se libera
la inteligencia artificial, resulta en una fuerza rampante determinada
a destruir la humanidad en cuestión de minutos. Así
mismo, la aparición de los protagonistas en un complejo militar
de alta seguridad como panchos por su casa carece de lógica,
especialmente cuando uno considera que en medio de una crisis los
niveles de vigilancia deberían ser extremos. Pero a pesar
de todos estos deslices, el argumento tiene la valentía de
llevar las cosas hacia un cauce natural y hacia la conclusión
lógica (de que el destino es irreversible). Esto es lo que
termina de redimir a Terminator 3; podría haber estirado
las cosas para dejar el camino abierto a otra secuela con correrías
automovilísticas por la ciudad y nuevas carreras contra el
tiempo. En cambio, decide vagar una vez más por los mismos
caminos hasta llegar a un desenlace que supone un cambio radical
de escenario en posibles secuelas (ya hay una planeada para el 2008
con Mostow al mando).
Despedida de Schwarzenegger del cine; si bien Arnold nunca fue
un buen actor, siempre irradió carisma de sobra, pero sus
últimas actuaciones han resultado patéticas. Acá
se encuentra de nuevo en su hogar, y es un adios glorioso. Respecto
al resto de los intérpretes están bien. Danes le da
humanidad a su personaje, sin duda es el espejo de los razonamientos
de la platea; y Stahl supera a Furlong, con mejor presencia en pantalla,
aunque su papel no esté bien desarrollado.
Posiblemente Terminator 3 no rompa moldes como las entregas
anteriores, pero es una secuela más que digna. Termina por
avanzar en la historia, aunque recorra un camino ya visto. Comparada
con otras sagas, mantiene un standard de calidad alto. Y a pesar
de las protestas de los fans, con Mostow la serie se encuentra en
buenas manos.
La saga de Terminator se compone de: Terminator,
Terminator 2: El Juicio Final, y
Terminator 3: La Rebelión de
las Máquinas |
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