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Mucho se ha comentado sobre la serie de Terminator, creada por James Cameron
en 1984, y que generara (hasta el momento) tres entregas. A decir verdad, hay
un cierto tufillo a virtudes sobrevaloradas acerca de la saga, por lo cual los
puristas han alabado algunos filmes y lapidado a otros. Concretamente, endiosaron
a Terminator 2 y dispararon sin piedad sobre la tercera
entrega - no pergueñada por James Cameron -.
Pero a decir verdad, los filmes de Terminator son esencialmente películas
exploitation. Hay diez minutos de una trama bien pensada que sirven de
excusa para una hora y media de tiroteos y persecuciones. No son filmes cerebrales
como 2001: Odisea del Espacio, por lo cual es impropio
catalogar que uno u otro filme de la saga resulten sacrílegos o no. En
general todos han respetado el mismo espíritu, y han seguido los mismos
patrones : diez minutos de argumentos inteligentes, un avance mínimo en
la historia hasta el final abierto para otra secuela, y en el medio un montón
de acrobacias y efectos especiales. La tercera parte
de Jonathan Mostow no difiere demasiado de las formas de la primera y segunda
entrega.
El único pico de calidad que se establece en la saga es éste,
el segundo filme, que al menos brinda una mayor profundidad a los personajes y
una perspectiva más filosófica. Pero Terminator 2 tampoco
genera una historia radicalmente diferente: acá Schwarzenegger cumple el
papel de Michael Biehn en el primer filme, y en vez de una pareja fugitiva hay
un trío. A su vez no hay un avance significativo en la historia - del primer
Terminator bien podríamos pasar a la tercera entrega sin problemas,
sólo agregando que en el medio Sarah Connor entrenó a su hijo y
se murió -. De hecho, Terminator 2: Judgment Day es la versión
2.0 del primer filme: seteo casi similar, algunas persecuciones casi idénticas,
y las mayores diferencias estriban en que Schwarzenegger ahora es una estrella
y no puede ser el malo, además de que Linda Hamilton ahora tiene más
músculos que el austríaco.
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Y a pesar de que el 70% de la historia sea similar al primer filme, es una
película muy superior. No se trata de los chiches que incluye el film -
la novedad de los CGI o animación computada para aquella época
-. Simplemente es el sentido de Pathos (el destino, según los griegos)
que parece tener cada protagonista. Los personajes no pueden cambiar su naturaleza,
ni el futuro que les espera. El destino lo llevan en sí mismos. El caso
ejemplar es el sacrificio final del T-800, pero hay más muestras en el
argumento. Sarah ahora es una paranoica incontrolable, John es un rebelde que
debe madurar de golpe, y el T-1000 es una fuerza mortal indetenible. Un análisis
más detenido del film muestra que en realidad John es el verdadero protagonista:
las órdenes dadas al Terminator, la toma de decisiones... la historia
gira alrededor de él. Sarah Connor puede tener una mayor presencia física,
pero sus decisiones son volátiles: es John quien decide sacar a la madre
del siquiátrico, es John quien todo el tiempo conversa (y tiene mayor comunicación)
con el T-800 que con su madre, y es John quien detiene a Sarah de liquidar a Miles
Dyson. A pesar de que Edward Furlong resulte insoportable por momentos, en las
escenas que requiere profundidad la presta sobradamente.
Desde ese punto de vista, si bien son impactantes las escenas oníricas
de Sarah (la caída de la bomba nuclear) o los razonamientos que hace ella
sobre la relación entre John y T-800, las secuencias tienen un referente
inapropiado. Es John quien debería narrar el film, ya que él es
el protagonista. Sarah Connor es una desquiciada obsesionada con la seguridad,
la huída o el fin de la futura Skynet. En cambio es John Connor
quien lentamente va progresando y termina siendo un líder, aún con
sus fallas emocionales.
Las escenas de acción son descomunales y ya clásicas; en general
hay un planteo inteligente de las paradojas del tiempo, lo que le da mayor profundidad
al relato. En especial en la escena del desierto, que es donde los protagonistas
pueden filosofar acerca de su destino - y si es posible cambiarlo -. Es decididamente
un filme pesimista, a pesar de sus palabras finales.
Como el T-1000, Robert Patrick es absolutamente letal. Es una presencia atemorizante,
similar al papel antagónico que Arnold Schwarzenegger tenía en el
primer film. El resto del elenco cumple efectivamente con su tarea, aunque el
personaje de Sarah Connor no siempre está bien delineado - en el final
resulta mucho más racional de lo que impone su naturaleza -.
La versión que vimos es la edición especial, que incluye
un par de escenas novedosas pero superfluas: una, es una secuencia onírica
donde Sarah es visitada por Reese en el siquiátrico, que no añade
demasiado - Reese le dice que el destino es el que escribimos ahora, pero
esto es algo que John menciona en la escena del desierto -; lo otro que agrega
es un experimento con el T-800 en la gasolinera, en donde Sarah desconecta al
robot y está a punto de destruir el chip principal ya que lo considera
una potencial amenaza (pero es detenida por John). Otras cosas añadidas
son, por ejemplo, más escenas familares de Miles Dyson en su casa, o en
el combate final donde el T-1000 tiene algunos desperfectos después de
su recomposición tras ser congelado en nitrógeno.
Sigue siendo un filme formidable, y la mejor entrega de toda la saga, simplemente
porque hace un alto en el fuego en medio de la trama y permite pensar sobre la
gravedad de la historia que narra. Sin dudas, todo un clásico.
La saga de Terminator se compone de: Terminator,
Terminator 2: El Juicio Final, y Terminator
3: La Rebelión de las Máquinas |
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