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Superman es el padre de los superheroes modernos. No por el
simple dato anecdótico de su antigüedad (su primer tira
data de 1938), sino por su importancia como fenómeno cultural
que terminó por originar a toda la industria moderna del comic.
Lanzado en la Action Comics del mencionado año, el personaje
pronto sería inmensamente popular y generaría un nuevo
género. Infinidades de superheroes con poderes similares o
diferentes a Superman poblarían por décadas las páginas
de los comics, pero muy pocos alcanzarían la longevidad y el
status de culto del hijo de Kriptón.
Su importancia para el género es fundacional : no sólo
es el primer superheroe, sino también establece una serie
de premisas que serían copiadas hasta el hartazgo. Los superpoderes,
la doble personalidad, la lucha por la causa del bien, la galería
de super villanos... Y el personaje obtendría su apogeo durante
la Segunda Guerra Mundial, cuando la industria del comic transforme
a los superheroes en iconos de la lucha contra las fuerzas del mal,
encarnadas por la Alemania Nazi.
A decir verdad, pasada la Segunda Guerra, prácticamente
todos los héroes quedaron pasados de moda. Si bien el comic
es un género es de entretenimiento, ciertamente siempre tuvo
algo de panfletario, por no decir fascista. Todos los superhéroes
viven en Norteamérica y son adalides de la justicia (en términos
casi escolares) pero, fundamentalmente, del modo de vida americano.
Imagenes como Superman volando con la bandera americana son simbólicos
de su expresión de deseo. Sus esquemas de colores (coincidentes
con la bandera), su victoria sobre villanos políticamente
incorrectos - según quien defina la política
-, sus discursos moralistas... no difieren demasiado de otros tipos
de propaganda que, con caracter oficial, suelen (o solían
lanzar) organismos oficiales de otros regímenes en otras
trincheras. Sin ir mas lejos, la caducidad de personajes derivados
del género como Capitán America o La Mujer
Maravilla (ataviados con símbolos patrios norteamericanos)
demuestran que son simples mecanismos de propaganda de una cultura
en tiempos en que ésta corre peligro, y que precisa incentivar
el nacionalismo y la defensa de sus valores nacionales por encima
de los foráneos. Incluso hoy en día uno puede ver
animaciones de propaganda de la Alemania Nazi, y ver el estilo de
los cartoons de Superman dibujados por Max Fleischer (o incluso
la moderna serie animada que la homenajea), y darse cuenta que se
tratan de estilos similares, lados opuestos de una misma moneda.
La única diferencia es que en Occidente, esa propaganda (subliminal
o explícita, según se quiera) los clientes no sólo
la consumen. También la compran voluntariamente en el kiosco.
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El otro problema de la decadencia del género es la falta
de discurso interno de sus protagonistas. Esa siempre fue una marca
(y defecto) de fábrica de todos los personajes de DC Comics
(la empresa evolucionada de la Action Comics). El punto máximo,
en esta pendiente de decadencia, fue sin duda la serie televisiva
de Batman de mediados de los sesentas, en irreverente tono
de humor camp. Aceptar la credibilidad de un individuo disfrazado
luchando por el bien en una época de auge del cinismo como
fueron los finales del sesenta (con la derrota de Vietnam en ciernes
y la muerte de adalides de los derechos civiles como Luther King
o JFK) era demasiado para la sociedad americana. Y no sería
hasta que apareciera la Marvel en el mercado, con los maravillosos
personajes de Stan Lee (el Hombre Araña,
Hulk, X Men, los 4 Fantasticos,
etc) que el público comenzaría a reconciliarse con
el género, identificándose con los héroes (porque,
al fin, ellos tenían los mismos problemas que nosotros).
La DC demoraría en ingresar en ese proceso de humanización
de sus personajes de punta, pero nunca tampoco se esforzó
demasiado en quitarles la imagen de cartón pintado. Y posiblemente,
entre todo el elenco oficial de DC, el que mejor asimilaría
el cambio (y que lo acercaría a los niveles humanos de los
personajes de la Marvel) sería Batman,
no antes de que Frank Miller metiera las manos en el personaje.
Por el contrario, DC se empeñaría en armar
inmensos culebrones con versiones multitudinarias de sus personajes
(el joven Superman, Supergirl, la Liga de la Justicia,
etc.) que terminaría - de una vez por todas - por depurarse
en la antológica historieta Crisis en Mundos Infinitos,
matando a montones de superheroes superfluos y generando un comienzo
desde cero para los personajes más conocidos.
Dejando de lado esto, en el aspecto cinematográfico, Superman
había sido objeto de series animadas como la de Fleischer,
de seriales baratos en los cuarenta (con Kirk Alyn), y de una exitosa
serie televisiva en los 50, con George Reeves como el encapotado.
Pero la falta de presupuesto, medios técnicos e ideas terminaba
por reducir al personaje a un héroe que lidiaba con mafiosos
o científicos de cuarta, y nunca con los supervillanos que
poblaban naturalmente las páginas del comic original. Recién
la oportunidad vendría a principios de los 70 cuando los
Salkind (padre e hijo) intentarían hacer una adaptación
a toda orquesta de la tira, con capitales abundantes y utilizando
los últimos recursos técnicos de la industria.
Pero el mayor problema de llevar Superman al cine era, precisamente,
los mismos Salkind. Como productores, eran equivalentes a un Dino
de Laurentis menos prolífico, con algo menos de capital, y
con igual mal gusto. Su tendencia natural al humor camp, su
irascibilidad y sus manías de control total de sus filmes son
elementos que atentan contra la calidad de cualquiera de sus obras.
De hecho, la filmación de Superman resultó siendo
un caos gracias a los productores : le exigieron a Mario Puzo - el
autor de El Padrino - un guión, y después lo
modificaron en tono de comedia, cercano al Batman televisivo
de 1966. Contrataron al ególatra Marlon Brando para unos minutos
del film, pagándole una suma sideral para la época.
Echaron al director Donner en medio del rodaje, y lo reemplazaron
por el pedestre Richard Lester (antes de Donner, ya habían
iniciado la pre produccion con Guy Hamilton - el director de Goldfinger
- pero terminaron también por despedirlo). No le pagaron a
Brando ni a Puzo, y estos terminaron haciéndole juicios millonarios.
Se fueron quedando sin fondos y empezaron a disminuir el presupuesto
de los efectos especiales. Y si bien todo esto pasa desapercibido
en Superman I, en la II resulta evidente, y en la III
es catastrófico, llegando a un nivel de idiotez sin precedentes.
Ya el cuarto film sería producido
por la Cannon de Golan Globus, porque los Salkind se quedaron
sin dinero y decidieron vender los derechos.
Aún a pesar de todo el culebrón tras bambalinas,
Superman queda como un film más que digno. Así
como el personaje fue la piedra basal del comic, el film es fundacional
para el género cinematográfico de los superhéroes.
Vale decir, anteriormente los personajes más populares del
mundo del comic habían recibido adaptaciones, pero no pasaban
de seriales baratos o series de TV. El film de Richard Donner es
el primer esfuerzo serio de llevar un superheroe a la gran pantalla,
ademas de ser uno memorable. Fundamentalmente por la visión
épica que le da el director al film, la sensibilidad al desarrollar
la historia en sus fases iniciales, y su esplendor como gran espectáculo.
Indudablemente la primera parte del film es impecable. Desde la
visión del mundo helado de Kripton, anticipamos la grandiosidad
del espectáculo que se avecina. Ciertamente uno, leyendo
numerosas criticas del film, puede concluir que el comienzo es algo
ingenuo - seres de una cultura tan avanzada negándose a la
veracidad de los hechos científicos de la catastrofe inminente
de su mundo -; aunque este tema es superado en recuentos posteriores
de la historia inicial en el comic, aduciendo que la computadora
central de Kripton les brindaba informes falsos - el cerebro electronico
después evolucionaría hasta ser Braniac, uno
de los archienemigos de Superman -. Pero sin duda la visión
épica del lanzamiento de la nave, la destrucción del
mundo, la caída en la Tierra y el desarrollo del joven Clark
son ejemplos de excelente cine.
El problema comienza con Clark adulto en Metrópolis. No
pasa por los actores - es indudable que Christopher Reeve es el
Superman / Clark Kent definitivo -, sino por el perfil de los personajes.
Lois Lane no termina por resultar simpática o alguien que
el público desee como pareja para Superman. Perry White y
Jimmy Olsen son caricaturas. Y el peor pecado es el perfil que le
dan a Lex Luthor : es un bufon millonario rodeado de payasos incompetentes
- es ahí donde aflora la naturaleza camp del guión
que Donner venía domando hasta ese momento -, en vez de transformarse
en un personaje siniestro. Además de que se omite, deliberadamente,
la clásica historia de que Luthor resulta calvo por un accidente
provocado en su juventud por el joven Superman (y de allí
su rencor). Así mismo, los motivos del villano - simplemente
valorizar astronómicamente sus tierras - resultan bobos en
comparación con la masacre que desea desatar.
Hackman es un actor capaz, pero aún así no logra
superar el patetismo que el guión le da al personaje. Por
el contrario, nosotros volvemos a saborear el gusto de la primera
parte cada vez que Reeve está en escena, gracías a
que él siempre se toma en serio a sí mismo... y ocasionalmente
nos hace un guiño (es una verdadera lástima que Reeve
haya terminado como terminó). Es un tipo desesperadamente
torpe como Clark Kent, y un verdadero paladín como Superman,
y la diferencia entre personalidades es creíble. Sobre sus
hombros descansa cómodamente el peso de la película.
Los efectos son muy buenos para su época, y se mantienen
dignamente al día de hoy. Hay momentos en que la superposición
de Superman cambia el color del traje, o donde resulta evidente
los cables o las tecnicas matte utilizadas. Pero aún
así, son muy superiores a la continuación, sin mencionar
la III y la IV.
Superman establece un standard de calidad para el género;
la dirección de Donner doma la mayoría de las incongruencias
del guión y, aún en el tramo final cuando la presencia
de Luthor hace flaquear al film, permite que llegue a las últimas
escenas con emoción y sentido de aventura. Muchas imágenes
son memorables de la película - el rescate a Lois del helicóptero,
la fortaleza de la soledad, Superman furioso volando alrededor de
la Tierra -, y el gusto que deja en la boca hace pedir más.
Lamentablemente la continuación sería algo mas floja,
y en las sucesivas entregas la serie se desbarrancaría a
niveles pauperrimos de calidad. Solo ahora, en el 2006, con el relanzamiento
del personaje en Superman Returns,
podremos disfrutar - si Dios y Bryan Singer quiere - de una continuación
como el hijo de Kripton se merece. |
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