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TRAMA : Johnny Rico es un muchacho que desea
incorporarse a la Federación como soldado. El
motivo es su amor por Carmen Ibanez, una joven que sueña
con una carrera militar de piloto espacial. Pero Carmen
rompe con él al darse cuenta que desea ascender
en la milicia, mientras Rico se prepara para abandonar
el servicio. En plena partida llegan las noticias de
que la raza alienígena del planeta Klendathu
ha desviado un asteroide hacia la Tierra y que el mismo
ha arrasado con Buenos Aires, su ciudad natal y donde
perecen sus padres entre millones de víctimas.
Regresando al servicio, Rico, Carmen y Dizzy Flores
- una chica eternamente enamorada de Johnny - partirán
hacia los confines de la galaxia a destruir a la raza
de insectos de Klendathu. Lo que no sospechan es que
los bichos - como llaman ellos - poseen inteligencia
propia y preparan una ofensiva masiva que terminará
por diezmar a las fuerzas enviadas desde la Tierra.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Cada héroe de acción esconde, tras su fachada,
una lección de fascismo. El hecho de diferenciarse
del resto, de considerarse superior y tomar la justicia
en sus manos, de descreer de las instituciones y de actuar
de motus propio, lo hace singular y con su propia
escala de valores.
Seguramente el prototipo proviene, cinematográficamente
hablando, del clásico Dirty
Harry. Con el tiempo las audiencias nos hemos acostumbrado
de tal modo que personajes similares ya se han convertido
en estereotipos del cine moderno.
Pero mientras que la figura del justiciero termina
por ser un elemento marginal de una doctrina política
y social totalitaria que ha terminado por adaptarse
a los requerimientos del cine contemporáneo,
prácticamente no hay cine de propaganda fascista
desde el fin de la segunda guerra mundial, con la desaparición
del nazismo en Alemania. Un cine que no hable de individuos
sino de grupos, que provea una lección masiva
de fascismo a los espectadores. Pueden haber contados
casos - algunos filmes de John Milius, por ejemplo -
pero siempre caen en el esquema de los héroes
individuales contra el resto del mundo.
Es entonces cuando uno se cuestiona si era necesario
respetar o satirizar los puntos centrales de un libro
tan polémico como Starship Troopers (1959)
de Robert A. Heinlein. Heinlein es reconocido como uno
de los supremos maestros de la ciencia ficción
(en un trío que estaría integrado por
Arthur C. Clarke e Isaac Asimov). Como novela, es interesante
destacar la época en que fue escrito. En pleno
auge de la Guerra Fría, cuando Este y Oeste tensan
sus relaciones al máximo, se pueden encontrar
las raíces de una postura filosófica extrema
por parte de Heinlein.
Starship Troopers en realidad era un libro de
sci fi para el público adolescente. Sin
duda tiene sus méritos - ganó un premio
Hugo en 1960 -, pero en su momento levantó
gran polvareda. Tiene el detalle anecdótico de
que es el único libro de sci fi que figura
entre el material de lectura oficial en las academias
militares norteamericanas. Es una novela popular que
ha servido de material de base incluso a adaptaciones
no oficiales (Aliens), y numerosas ideas han
sido tomadas de molde para argumentos similares.
Pero a fines de los 50, con el Comunismo como el gran
villano mundial, es lógico pensar de que quienes
se sintieran amenazados por él tomaran una posición
política radicalmente extrema. Como alguien dijo,
los extremos a la larga se juntan. Si Starship Troopers
era una ficción para adolescentes, entonces el
propósito de Heinlein no era simplemente entretener
sino tambien difundir una idea. El contenido del libro
es fuertemente pro militarista, con la noción
de que la Democracia es un régimen ineficiente
y que sólo un sistema totalitario puede combatir
a las amenazas extremas al sistema. Ideas como la discriminación
entre civiles y militares, que sólo los militarizados
estuvieran en condiciones de votar y gobernar, o la
idea de un gobierno mundial unificado suenan a una utopía
basada en elementos de la realidad.
En 1997 llega esta adaptación a la pantalla
grande por parte de Paul Verhoeven. Y es un filme al
cual no le fue bien, con una respuesta muy despareja
por parte del público y de la crítica.
Verhoeven - que de niño fue víctima del
nazismo durante la segunda guerra mundial en su Holanda
natal ocupada - es un ferviente detractor del fascismo,
al cual la novela de Heinlein le caería tan bien
como una patada en los testículos. Es obvio que
el libro de Heinlein no puede adaptarse literalmente
- es una reliquia del pasado, una capsula del tiempo
de otra era con otro contexto socio político
-, pero el lineamiento que lleva adelante Verhoeven
tampoco es demasiado acertado. Starship Troopers
no sabe si decantarse entre una sátira, un filme
de acción o un costoso chiste nerd de
Verhoeven sobre el polémico autor. Es cuestion
de analizarlo por partes.
Es posible dividir a la película en tres secciones.
El comienzo del film promete, con los falsos infomerciales
que dieran buenos resultados a la dupla Verhoeven - Neumeier
en Robocop (y que siguen siendo
impagables). El problema es que pasado esos momentos,
el film cae en una letanía insufrible. Es Beverly
Hills 90210 en el espacio, con un montón de
personajes banales dando vueltas alrededor de sí
mismos. Deduzco que esto es un problema de seguir textualmente
los lineamientos del libro original, pero en vez de mostrar
a un montón de idiotas envueltos en líos
románticos adolescentes lo que podría haber
hecho Verhoeven es darle más carnadura y normalidad
a los personajes. Es obvio que al director no le interesan
estos sujetos, hijos de un régimen fascista. Pero
tampoco es exitoso en su intención de mostrar un
contraste de tonos con los segmentos siguientes - el entrenamiento
militar y la batalla en Klendathu -. La primera sección
es decididamente horrible y se asemeja a un gran chiste
nerd que hace Verhoeven del texto original. En
vez de eso, Verhoeven podría haber intentado profundizar
a los personajes y generar un auténtico camino
del héroe ... fascista. Desde el gobierno
militar a los uniformes neo nazis, es como lidiar con
una causa que no tiene redención posible. Y los
personajes son insufribles, especialmente Carmen Ibañez
que tiene un gataflorismo intolerable.
El film comienza
a redimirse a partir del segundo segmento. Aquí
es donde Verhoeven arma un lineamiento similar a Full
Metal Jacket de Stanley Kubrick, que es el forjamiento
del hombre y la conclusión con el despertar en
el mundo real de la guerra. Lo que hace al segundo segmento
potable es la aparición de actores más
versátiles con personajes más interesantes
como el sargento que compone Clancy Brown. Los romances
banales siguen, lamentablemente, y sería uno
de los pocos casos en que una película hubiera
estado mejor sin el trasfondo romántico.
Y la película termina por explotar a full
con la llegada al planeta de los bichos. Acá es
donde el público termina por perdonarle todas las
fallas previas a Paul Verhoeven, y donde el director consigue
las imágenes más potentes. Es una auténtica
épica. La secuencia del arribo masivo al planeta,
con el bombardeo a las naves en orbita es sencillamente
descomunal. La masacre está filmada de modo brillante,
y aquí el holandés parece tomar lecciones
extendidas de otro clásico como Zulu Dawn,
con fuertes indefensos asediados por hordas de insectos
gigantes. Pero mientras que la acción es espectacular,
y el personaje de Michael Ironside no para de robar escenas,
el problema sigue siendo el original de Heinlein. Dizzy
Flores muere sin ser amada, Rico se transforma en un héroe
prototípico fascista - vive solo para la milicia
-, la chica caprichosa vive su sueño en la
Armada Espacial (sin nadie a su lado), y el amigo síquico
se vuelve un jefe de la Gestapo futurista. No es
precisamente un final feliz.
Es posible que el problema tenga que ver con el estilo
que sigue Verhoeven. Hubiera sido preferible pulir la
trama, despojarla de caracteristicas fascistas y darle
un perfil mas tradicional. La secuela directa a video
Starship Troopers
2: Heroe de la Federacion funciona mucho mejor en
tal sentido, con una estructura más standard.
En la secuela uno no cuestiona si los heroes son menos
meritorios simplemente porque son un grupo de soldados
de un régimen totalitario, sino que apunta a
los actos heroicos individuales. Como nota curiosa,
Brenda Strong aparece en ambos filmes con papeles diferentes
(acá es la capitana del Roger Young, el
crucero que pilotea Carmen Ibañez).
Es un film fallido. En Robocop
Verhoeven pudo lidiar mucho mejor con un escenario seudo
fascista (en vez de militares eran las corporaciones
las que tenían el poder), y le daba valor al
héroe. Tenía una causa justa y seguía
la estructura de un Western. Pero aquí
el odio por el original de Heinlein insume gran parte
del tiempo del film, tiempo en que la sátira
no siempre es graciosa o inspirada, y con lo cual la
película sólo sale a flote cuando Verhoeven
pisa su terreno favorito, que es el de la violencia
descomunal. Será cuestión de ver, ahora
en el 2007 que se encuentran filmando la tercera parte
bajo la dirección del guionista original, Ed
Neumeier, cómo sigue la historia.
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