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USA / Canada / Francia, 2010
: Sarah Polley (Elsa), Adrien Brody (Clive), Delphine
Chaneac (Dren), David Hewlett (Bill Barlow), Brandon McGibbon
(Gavin), Simona Maicanescu (Joan Chorot) Director
- Vincenzo Natali, Guión - Antoinette Terry Bryant,
Vincenzo Natali & Doug Taylor
TRAMA : Elsa y Clive son dos
brillantes científicos que trabajan para una
corporación farmacéutica, desarrollando
seres mutantes - creados con el ADN de diversas especies
animales - cuyos organismos producen proteínas
y hormonas imposibles de obtener por otros medios. Uno
de sus últimos experimentos ha incorporado ADN
humano, y la criatura humanoide resultante - a la que
bautizan con el nombre de Dren - se desarrolla muy rápidamente,
alcanzando la adultez en cuestión de semanas.
Pero Elsa y Clive saben que han cruzado la raya y serán
despedidos de la corporación ni bien alguien
se entere de la existencia de Dren. Para ello llevan
a la criatura a una cabaña abandonada en medio
de las colinas, y la mantienen en total aislamiento;
pero a medida que Dren se desarrolla, comenzará
a ejercer una extraña influencia sobre la pareja
de científicos, la cual tendrá inesperadas
consecuencias.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Así como existe el voto castigo, también
existe la calificación castigo. En el caso
de Splice - la última obra de Vincenzo Natali,
el creador de El Cubo - decidimos aplicarlo con
todo el rigor. No es que el filme sea tan malo, pero la
manera como arruina una premisa fabulosa resulta indignante.
El tema está en lo rebuscado del libreto, cuyas
vueltas de tuerca van de lo fascinante a lo ridículo
y terminan por explotar en un climax realmente bizarro.
La Idea de Natali es tomar el molde de Frankenstein
- científico que crea vida en el laboratorio
y cruza barreras morales de todo tipo y color -
y aplicarlo sobre la ingeniería genética
del siglo XXI, la que viene cuestionada desde la época
de la clonación de la oveja Dolly a esta parte.
Como para que no queden dudas de su influencia, los
personajes principales se llaman Elsa y Clive
- como Elsa Lanchester y Colin Clive, los actores
que encarnaron respectivamente a la novia y al creador
del monstruo en la clásica Bride of Frankenstein
(1935) -, y aquí vienen a ser un par de científicos
amorales que crean unos engendros mutantes diseñados
genéticamente para producir hormonas, proteínas,
tejidos, etc. que de otra manera no podrían obtenerse.
Los bichos en cuestión son una especie de babosas
gigantes agresivas a las que pinchan todo el tiempo
para extraerle las mencionadas sustancias, y que fueron
creadas a partir de un mix de ADN de diversas especies
animales - Splice en inglés significa
empalme y es el término usado para referirse
a los ensambles genéticos -. Como la corporación
para la que trabajan los está apurando con la
obtención de resultados a corto plazo, al dúo
no se le ocurre mejor idea que añadirle ADN humano
a la mezcla, con lo cual obtienen una especie de pollo
alienígena mutante que no resulta muy amigable
desde el vamos. Como a Elsa y Clive no le importan los
tabúes morales y éticos que quiebran -
pero sí sus trabajos - deciden sacarlo del edificio
y llevárselo a una cabaña aislada en medio
de las montañas, en donde ven como el bicho de
marras evoluciona hasta convertirse en una especie de
demonio alado femenino de extraña belleza. Y
como el engendro es salvaje por naturaleza termina por
transformarse en una presencia amenazadora, con lo cual
el filme entra en los carriles típicos del cine
de monstruos y empieza a vomitar un cliché tras
otro a medida que se acerca el final.
Splice arranca de entrada con un problema importante,
y es que los protagonistas principales son despreciables.
Es un dúo de amorales ambiciosos y enamorados de
su intelecto. Hubiera sido mejor ajustar el libreto como
para presentarlos como un par de apasionados científicos
que deciden cruzar el límite de lo prohibido porque
creen que, mas allá de esa barrera, los beneficios
son abrumadores y compensan de sobra los tabúes
que han quebrado. Pero acá Elsa y Clive no tienen
discurso interno, no están atormentados con lo
que han hecho, y son en realidad un par de robots con
apariencia humana - la discusión sobre el "desliz
sentimental" de uno de ellos es realmente patética
y queda abandonada a los 10 segundos de haber comenzado
la escena -. Para colmo Dren ha comenzado a evolucionar
hasta convertirse en una criatura de bizarra belleza,
la cual empieza a encandilarlos. Oh sí, mal
día para dejar la zoofilia, más
teniendo en cuenta que la mascota cachonda de la
familia también tiene los genes de uno, con lo
cual se suma incesto a la lista de cargos. ¿No
será demasiado?
Mientras que al principio el relato tiene sus momentos
fascinantes (en especial cuando vamos descubriendo las
características de la criatura, su agresividad
y los alcances de su inteligencia), la historia pierde
efectividad cuando Dren llega a adolescente, simplemente
porque el pollo mutante deja de ser un CGI
y pasa a ser una actriz con maquillaje - y eso la hace
menos alienígena -. Pero eso sería un
defecto menor sino fuera porque el libreto empieza a
despacharse con exageraciones y deux ex machina
de todo tipo - Dren se escapa y se devora un par de
conejos con piel y todo; la criatura tiene alas y la
dejan sola todo el día en una miserable cabaña
sin las adecuadas medidas de seguridad como para impedir
que se escape; los primeros experimentos mutantes empiezan
a tener cambios hormonales de último momento
que repercuten en la historia -, como para decir "muchachos,
miren que éste también es un filme de
terror". Por eso, cuando llega el final, Splice
se derrumba como un castillo de naipes, disparando un
montón de cosas insólitas en cuestión
de segundos y arruinando todos los méritos de
algo que había comenzado de manera interesante.
En realidad el problema de fondo con Splice
es Vincenzo Natali, que tiene un puñado de ideas
interesantes pero las ejecuta de una manera muy pobre.
Al complejo de Frankenstein
y a la crítica sobre la moralidad de la manipulación
genética de hoy en día, Natali le agrega
una visión retorcida y alegórica sobre
la paternidad moderna que me hace acordar a Eraserhead
de David Lynch. He aquí dos ineptos morales
y emocionales haciéndose cargo de un hijo monstruoso.
El tema es que Natali va alternando la demostración
de estas tres ideas a lo largo de todo el guión
... pero la historia (como un todo) termina por resentirse
en su credibilidad. Ahora tenemos una escena sobre padres
que no están preparados para serlo (p.ej. Adrien
Brody intentando ahogar a Dren, porque ella les representa
demasiada responsabilidad); ahora tenemos otra secuencia
para mostrar la amoralidad de los científicos
(ellos, que deciden no eliminar a la criatura para seguir
analizándola y explotar sus descubrimientos científicos);
le sigue otra escena a lo Frankenstein
(con Dren matando animalitos y siendo castigada por
sus creadores)... y así todo el tiempo. Y los
personajes terminan por actuar como unos robots, carentes
de cualquier tridimensionalidad. En todo caso, el personaje
más humano de todo el film es la criatura.
Splice es una obra fallida plena de puntos fascinantes.
Esa es la cuestión de por qué resulta
indignante que no termine por arribar a buen puerto
en ninguna de las teorías que postula. Es un
mix de cosas brillantes y ridiculeces monumentales,
manejadas con mal tempo dramático. Y al
final termina por transformarse en una experiencia frustrante. |