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Gran Bretaña, 1986 :
con las voces de John Mills (Jim Bloggs), Peggy Ashcroft
(Hilda Bloggs) Director
- Jimmy T. Murakami, Guión - Raymond Briggs,
basado en su propio libro infantil
TRAMA : Hilda y Jim Bloggs
son una pareja de jubilados que vive en la campiña
inglesa durante la década del 80. Jim está
algo nervioso por las noticias que difunde la radio
acerca de la candente situación en Europa entre
la OTAN y el bloque soviético. En el pueblo le
dan unos panfletos del gobierno sobre preparativos caseros
ante un eventual ataque nuclear, y Jim se aboca a construir
un improvisado refugio antiatómico mientras la
quisquillosa Hilda lo reprende, ya que el anciano está
desmantelando media casa y acumulando provisiones. Pero
las peores sospechas de Jim se convierten en realidad,
y toda la isla recibe una lluvia de impactos atómicos.
Hilda y Jim alcanzan a protegerse en el refugio e intentan
seguir las instrucciones del manual del gobierno, pero
no pueden con su genio y terminan por salir antes del
tiempo recomendado. Al principio los ancianos extrañan
la ausencia del lechero y del diariero, y pretenden
seguir con sus vidas como si no hubiera pasado nada;
pero lenta e inexorablemente la radiación empezará
a estragar sus cuerpos y, tarde o temprano, deberán
enfrentarse con la cruel realidad.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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En los años ochenta las cosas estaban feas entre
los soviéticos y los norteamericanos, y parecía
que se iban a ir a las manos en cualquier momento.
Tampoco ayudaba el hecho de que los británicos
- con la ultra conservadora Margaret Thatcher en el poder
- apoyaran incondicionalmente todas las iniciativas de
Ronald Reagan, con lo cual terminaban por convertirse
en el jamón del sandwich. Cualquier jaleo que hubiera
entre las superpotencias seguramente traería consecuencias
para los británicos, que se comerían unos
cientos de bombas atómicas en el interín.
Mientras que esa escalada de tensiones internacionales
se reflejó en Norteamérica en filmes como
El Día Después
(que logró el milagro de que Reagan la viera y
recapacitara sobre su política armamentista), en
Inglaterra dio a luz alegatos tales como Threads
y el filme que nos ocupa ahora. Lo curioso es que semejante
discurso proviene del lado menos pensado - en este caso,
de Raymond Briggs, que era un autor e ilustrador de libros
para niños -. Eso no quita de que en varios de
sus libros Briggs comenzara a lanzar dardos camuflados
a la administración Thatcher, pero sin dudas Cuando
Sopla el Viento es su obra más conocida a nivel
internacional. Publicado en 1982, se convirtió
en un éxito de crítica y ventas, y rápidamente
obtuvo su versión teatral. Y en 1986 un puñado
de talentosos - animador Jimmy Murakami (que años
antes dirigiera Batalla
Mas Allá de las Estrellas para Roger Corman),
Roger Waters en la banda sonora, David Bowie aportando
canciones - se unieron para llevarla a la pantalla grande.
Pero después que uno termina de ver el filme,
empieza a sospechar que se trata de una obra sobrevalorada.
Oh sí, está Bowie y Waters, y hay
algunas secuencias oníricas con cierto vuelo,
pero esto definitivamente no es The
Wall. El mensaje antibélico está muy
mal resuelto, ya que uno precisa crear personajes adorables
(o al menos identificables, cercanos al espectador)
para después destrozarlos bajo el peso de las
bombas y la radiación; pero el dúo de
Hilda y Jim es tan agradable como un dolor de muelas.
Son una pareja de viejos charlatanes que viven en otro
mundo y hablan sandeces todo el tiempo. La gente
estúpida recibe muertes estúpidas,
y eso es lo que termina por ocurrir en el filme. Sinceramente
no derramé ni una lágrima cuando ví
el triste destino que le reserva la historia a esta
parejita de ancianos.
En su blog Richard Scheib explica que la intención
de Briggs es darle un cachetazo al gobierno británico,
exponiendo la crueldad de la guerra atómica y la
ineficacia de los manuales para emergencias nucleares,
pero dudo seriamente de que ése sea el objetivo
del autor. Uno ya ha visto las serias deficiencias (materiales
y mentales) de los preparativos para un eventual bombardeo
nuclear en suelo británico en filmes como Threads
o el clásico El Juego
de la Guerra. Pero exponer ese punto requiere que
el relato haga uso de una masiva presencia de individuos
representativos de la autoridad - militares, policias,
políticos, médicos, etc - para confrontar
su concepto equivocado con la cruel realidad, y dejarlos
en ridículo o al menos shockearse con lo atroz
de su pensamiento. Pero en Cuando Sopla el Viento
sólo están los dos ancianos, una radio y
un manual de superviviencia. Sí, el manual es el
mismo de The War Game
(parece que en 20 años no le actualizaron ni una
coma), y contiene un par de instrucciones estúpidas
pero el resto es bastante coherente y, a lo sumo, la sátira
sobre el folleto dura escasos minutos.
Pero en realidad el punto de Briggs es que los británicos
son una sociedad de viejos, aislados de la realidad
del mundo, que creen que la guerra nuclear es similar
a la guerra tradicional y que, por ello, no le tienen
miedo. Si uno coloca a Margaret Thatcher como la líder
de semejante sociedad, sí se puede considerar
a Cuando Sopla el Viento como un tiro por elevación
al gobierno conservador de turno, pero en realidad el
cachetazo va dirigido a todos los habitantes de la isla
británica. En ese sentido el filme resulta ejemplificador
cuando Jim recuerda la Segunda Guerra Mundial desde
un punto de vista casi romántico - los refugios
antibombas de aquél entonces, las cartillas de
racionamiento, los líderes de la época
que eran conocidos por todos -, y termina minimizando
todos los riesgos de la amenaza actual. Briggs apunta
sus dardos al aislacionismo británico, al que
no le importa la situación mundial siempre que
tengan su botella de leche y su periódico en
la puerta todas las mañanas. Y más que
el aislacionismo, es la falta de participación
activa e interés en las cuestiones del mundo
de hoy. Jim desconoce quién es el lider de la
URSS o siquiera del propio gobierno británico;
y para él, todo el tiempo, ésta viene
a ser una Batalla de Inglaterra version 2.0,
con los nazis volviendo a atacar la isla. Si bien la
caricatura de Briggs debe ser abrumadoramente identificable
dentro de Gran Bretaña - de allí su éxito
en la isla -, para el resto del planeta no deja de ser
la historia de dos viejos autistas y egoístas
que sólo se preocupan por lo suyo y se mueren
por culpa de su propia estupidez. Quizás sobre
el final el relato empieza a humanizarse un poco - cuando
nos damos cuenta de que los ancianos empiezan a mentirse
mutuamente para mantener la rutina, mientras que inconscientemente
saben que sus cartas yas están jugadas -, pero
ese manto de piedad llega demasiado tarde y a esa altura
el espectador es ajeno a la suerte de los Bloggs. Uno
no lamenta la muerte de los extraños.
Eso no quita
que Cuando Sopla el Viento deje de ser una película
bien hecha - las perfomances vocales son muy buenas,
y el director Murakami hace gala de todo tipo de técnicas
visuales para que el relato sea interesante, aunque
esté restringido a las tres habitaciones de la
casa de los Bloggs -. El problema con el film es que
la premisa es demasiado localista, y a mí no
me repercute en absoluto mientras que para un inglés
que vivió en la isla en los años 80 le
debe resultar un calco de la sociedad de aquella época.
El resultado final termina siendo una alegoría
bastante tibia, dirigida con floridos recursos visuales,
pero que carece del impacto que los críticos
de turno alegan en masa - simplemente porque es una
historia pacifista y canta Roger Waters -, y desde
ya muy lejos de la obra clásica / de culto que
todos claman. |