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USA, 1974 : John Philip Law
(Sinbad), Tom Baker (Koura), Douglas Wilmer (gran visir),
Caroline Munro (Marigiana), Martin Shaw (Rachid), Kurt
Christian (Haroun), Takis Emmanuel (Achmed) Director
- Gordon Hessler, Guión - Brian Clemens
TRAMA : Una extraña
criatura sobrevuela el barco de Simbad, y la tripulación
lo espanta lanzándole flechas; pero en la huída,
el animal ha dejado caer un amuleto de oro. Cuando Simbad
se encuentra con el Gran Visir de Marabia, éste
le dice que el amuleto es una de las partes que componen
un fantástico talismán, el cual le dará
a su poseedor ilimitadas riquezas y poder si logra reconstruírlo.
Pero el Visir también le cuenta que el oscuro
príncipe Koura se encuentra tras el rastro de
la joya, planeando utilizarla para apoderarse de su
nación. Ahora Simbad y el Visir deberán
llegar al continente perdido de Lemuria - dondes se
encuentran los restos del amuleto -, antes que Khoura
reconstruya el talismán y utilice su poder con
diabólicos fines.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Cuando Ray Harryhausen comenzó a desarrollar proyectos
independientes, encontró una formidable veta en
el género de la fantasía. El
Séptimo Viaje de Simbad y Jason y los Argonautas
fueron dos de las obras que le dieron mayor prestigio.
En la década del setenta Harryhausen revisitaría
el mundo de Simbad en dos ocasiones: la que nos ocupa,
y la mediocre Simbad y el Ojo del Tigre (1977).
No soy muy afecto de la mitología de Las
Mil y Una Noches, posiblemente porque tras The
7th Voyage of Sinbad (1958) - que era una aventura
de matineé relativamente pasable -, surgieron
toneladas de clones mediocres provenientes en su mayoría
de Italia, y el género terminaría por
ser bastardeado. Es como el Peplum: un género
barato de producir, que a lo sumo lleva algún
gasto en una breve secuencia de efectos especiales como
para que ingrese dentro del terreno de la fantasía.
Pero debo reconocer que, de todas las aventuras orientales
de fantasía vistas hasta ahora, El Viaje Fantástico
de Simbad es la más sólida - y posiblemente
la mejor -.
El problema con buena parte de la obra de Ray Harryhausen
es que los desarrollos dramáticos son tan toscos
como las perfomances actorales, con lo cual las historias
son solo relleno y excusas para que el animador demuestre
sus talentos en el stop motion. Pero aquí
esos aspectos superan la media habitual, sumando a esto
algunas de las mejores secuencias de la carrera de Harryhausen.
El director Gordon Hessler, que venía de la escuela
de la American International Pictures con La
Caja Oblonga, Scream and Scream Again, y
Cry of the Banshee, es notablemente competente
a la hora de dirigir la aventura. Cuando hay acción,
tiene suspenso y es excitante; y cuando la trama avanza
en la exposición, nunca se hace demasiado larga
hasta que cambia de tono y escenario.
Una de las cosas más fascinantes de El Viaje
Fantástico de Simbad es la de tener un villano
falible. Usualmente esto resultaría ridículo
- como los malvados de los filmes infantiles -, pero acá
está realizado con tanta altura que termina por
humanizar al personaje y hacerlo interesante. El mérito
corresponde al libretista Brian Clemens - creador y guionista
de series de culto como Los Vengadores, su secuela
y Los Profesionales -, que pone todo el empeño
en demoler clichés. Aquí Khoura envejece
tras cada hechizo, sufre como un condenado cuando toma
posesión de sus criaturas infernales, y no siempre
las cosas le salen como es debido. Pero todo esto está
desarrollado de modo creíble, y le permite escapar
de los cánones habituales de este tipo de papeles
- tipos vestidos de negro, omnipotentes y rièndose
como estúpidos -. A esto se suma la perfomance
de Tom Baker - quien más tarde sería uno
de los tantos Doctor
Who -, que hace una estupenda imitación de
Christopher Lee (curiosamente Lee era uno de los finalistas
del papel). En contraposición está John
Phillip Law, que le dá el carisma y la presencia
física que Simbad precisa (en vez de las anodinas
perfomances de Kerwin Mathews y Patrick Wayne en las otras
dos entregas de Harryhausen sobre el mismo personaje).
El libreto tiene parlamentos inteligentes, lo cual
no es habitual para el género; e incluso el humor
- que a veces es algo tonto, como los díalogos
del comic relief Takis Emmanuel - terminan por
resultar graciosos, ya que el filme tiene tan buena
onda que contagia al espectador. Y la cereza del postre
son las animaciones de Harryhausen, que aquí
son geniales. Salvo por un par de escenas en donde la
superposición de los modelos con el celuloide
resulta obvia, el resto es impecable. La fabulosa secuencia
en donde el mascarón del barco - una estatua
de madera de más de tres metros de altura - se
arranca de la proa y empieza a lidiar con los marineros
es notable; pero la más memorable sin dudas es
el duelo de espadas entre Simbad y una estatua revivida
de la diosa Kali. Simplemente es uno de los momentos
top de la obra de Harryhausen.
El Viaje Fantastico de Simbad es pura diversión.
Aventura en el mejor sentido, con el plus de buenas
perfomances y un libreto inteligente cargado de sorpresas
y diálogos interesantes. Entretenimiento sólido
de alto nivel, como eran las películas de matineé
de antes.
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