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USA, 2005 : Se compone de cuatro relatos, con los siguientes
intérpretes : El Cliente Siempre Tiene la Razón
: Josh Hartnett (El Hombre), Marley Shelton (La Cliente).
El Bastardo Amarillo: Bruce Willis (Detective John Hartigan),
Jessica Alba (Nancy Callahan), Nick Stahl (Junior Roark),
Michael Madsen (Bob), Powers Boothe (Senador Roark), Makenzie
Vega (Nancy a la edad de 12). La Dura Despedida: Mickey
Rourke (Marv), Jaime King (Wendy/Goldie), Elijah Wood
(Kevin), Carla Gugino (Lucille), Rutger Hauer (Cardenal
Patrick Roark). La Gran Matanza: Clive Owen (Dwight McCarthy),
Benicio Del Toro (Iron Jack/Jackie Boy Rafferty), Rosario
Dawson (Gail), Brittany Murphy (Shellie), Alexis Bledel
(Becky), Devon Aoki (Miho), Michael Clarke Duncan (Manute)
Directores - Frank Miller & Robert Rodriguez,
con Quentin Tarantino como director invitado, Basado
en la serie de novelas gráficas Sin City del
propio Miller, Productores - Frank Miller, Robert Rodriguez
& Elizabeth Avellan, Musica - Robert Rodriguez,
John Debney & Graeme Revell |
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TRAMA : En Basin City, varias historias se relacionan.
Entre ellas, el detective Hartigan, a punto de retirarse,
pero que debe proteger a una niña del demente
hijo de un senador, que desea violarla y matarla. O
la historia de Marv, un formido hampón que se
despierta con el cadáver de su novia en la cama,
y sale enfurecido a obtener respuestas y venganza. O
la del matón McCarthy, contratado por las prostitutas
para protegerlas, hasta que por accidente se cruza con
el camino del policía corrupto Rafferty y debe
matarlo, alterando la paz no escrita que hay entre las
callejeras y la policía.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El policial negro es el género policial
americano por excelencia, del cual comentamos sus orígenes
en la crítica de Pulp
Fiction. El género en sí fue creado
por Dashiell Hammett, quien ficcionalizó y amplió
en relatos su larga experiencia de años en la legendaria
Agencia Pinkerton de detectives. Pero si Hammett
devolvió el crimen a las calles, no sería
sino Raymond Chandler quien lo llevaría al status
de literatura de arte.
Raymond Chandler fue un hombre de negocios de talento
que, al quedarse sin trabajo durante la época
de la depresión, decidió escribir para
ganarse la vida. Su fuente de ingresos pasó a
ser la publicación de numerosos relatos en las
revistas Pulp de la época, cobrando centavos
por palabra escrita. Su producción de cuentos
es muy abundante, pero el reconocimiento recién
le llegaría cuando comenzara a publicar novelas
con su personaje prototípico, el detective privado
Philip Marlowe. Las novelas de Marlowe eran francamente
una canibalización de los cuentos de Chandler
(cortaría y pegaría varios relatos para
armar la trama de los libros), lo que terminó
por convertir a sus obras en argumentos realmente elaborados
y complejos, y difícilmente alguien pueda imitar
a Chandler en tal sentido. Pero el gran mérito
de Chandler es convertir a la serie negra en una suerte
de tragedia griega desarrollada en el mundo moderno.
El héroe intachable, aunque de valores morales
flexibles si se trata de una buena causa, actúa
como una especie de catalizador de de las miserias humanas.
Sus clientes suelen ser familias adineradas donde sus
primogénitos resultan ovejas descarriadas con
vinculaciones con el hampa. Y todos los personajes se
encuentran, de nacimiento, condenados a la perdición.
El gran problema de la serie negra es que la influencia
de Chandler resultó tan abrumadora que surgieron
imitadores a raudales. Y el policial negro terminó
por restringirse a un puñado de historias originales
(que había contado Chandler), recicladas o modificadas
por numerosos autores, lo cual terminó por devastar
al género y deplomarlo por saturación.
Indudablemente Chandler es un autor de deliciosa lectura,
cuyo relatos en primera persona brillaban con un lirismo
casi poético sobre personajes miserables de la
vida real. Pero nadie tuvo suficiente imaginación
como para generar nuevas variantes, el detective privado
pasaría de moda (o sería pasteurizado
y masificado en series de TV), y sólo décadas
más tarde Hadley Chase y Jim Thompson se animarían
a crear novelas negras sin héroes (donde todos
los personajes son corruptos en mayor o menor medida),
reflejando el cinismo de los tiempos actuales.
Ahora, pasemos a Sin City.
Sin City es una de las novelas gráficas
más populares de Frank Miller, el creativo de
la historieta detrás de obras como 300,
o la modernización de comics clásicos
como Daredevil o The Dark Knight Returns
(que implicó el aggiornamiento de Batman
a los tiempos actuales). La experiencia de Miller en
Hollywood había sido muy tibia y complicada;
adaptaciones de sus comics como Daredevil o Elektra
habían sido desilusionantes (y sin considerar
su aporte como autor de dichas tiras), y su trabajo
como creativo en las dos últimas entregas de
la saga de Robocop
habían sido notoriamente modificadas sin su consentimiento.
Como consecuencia de esto, Miller renegó de Hollywood
y se negó constantemente a que nuevas obras suyas
fueran adaptadas al cine.
Entra Robert Rodriguez a escena. Rodriguez es el talento
detrás de El Mariachi, una obra de acción
filmada con escasos dolares pero que tuvo un resonante
suceso a nivel internacional, y que implicó su
pasaje directo a Hollywood. Apadrinado por Quentin Tarantino,
entraría al mainstream con total éxito con
títulos como Desperado o Spy Kids.
Y entre su agenda figuraba poder obtener el visto bueno
de Miller para llevar Sin City al cine, del cual
Rodríguez es un gran fanático.
Rodriguez decidió entonces utilizar tecnicas
especiales de filmación, utilizando el blanco
y negro tradicional con escenarios digitales al estilo
Capitán Sky y el Mundo del Mañana
(los actores actúan sobre una pantalla verde,
y la escena termina por componerse en la computadora).
Decidido a todo o nada, financió de su bolsillo
un corto (que es precisamente El Cliente Siempre
Tiene la Razón, y es el relato que abre la
película) que le envió de muestra a Miller,
y que terminó por volarle la cabeza. No sólo
Miller se uniría al proyecto, sino que el corto
serviría para reclutar a actores de peso (como
Bruce Willis), decididos a participar en la obra aún
con un salario menor al habitual, en vista de su caracter
de proyecto chico e independiente.
Sin City es sin duda, serie negra pura. Desde
el vamos, con su estilizado blanco y negro donde sólo
algunos objetos obtienen color con fines narrativos
(labios, sangre, personajes que merecen destacarse),
amén de copiar cuadro por cuadro el comic de
Miller, y de tomar ciertos elementos narrativos de Pulp
Fiction (básicamente el orden cronológico
alterado, donde personajes que mueren reaparecen en
otras partes del relato, y donde hay personajes comunes
a todos los cuentos). Visualmente es una fiesta. El
problema es el argumento, que termina por restarle puntos
al film.
Y es que Sin City, para conocedores y neófitos
del policial negro, termina resultando en una serie
de reciclados clisés. Hay pocas cosas realmente
originales en el relato. Sin duda la visión de
los criminales como seres deformes es un detalle importante,
pero es extraído directamente de la tira de Chester
Gould, Dick Tracy. Los relatos en primera persona
así como los héroes derrotados que se
sacrifican por causas nobles es netamente Chandleriano,
sin contar el segmento del gigantón Marv, que
es descendiente directo del hampón que buscaba
al asesino de su novia (y que resulta estar viva) en
El Largo Adiós de Chandler. O así
mismo el matón que compone Clive Owen, que tiene
ideales y custodia a las prostitutas... lo único
que añade Miller es el exotismo visual, la deformidad
física de algunos personajes, y cierta crueldad
y gore como el interrogatorio de Marv a Kevin,
amputándole las extremidades y dejándolo
a merced de los depredadores del bosque. Pero toda la
obra no deja de salir de la sombra de Chandler y de
los cientos de relatos que poblaron, popularizaron y
saturaron al género. Vale decir, en ningún
momento hay algo realmente original o innovador del
género, solo un reciclado de ideas y un sentido
homenaje con un estilo visual fashion.
No puede culparse a Rodríguez de la falta; de
hecho, el director hace todo lo que puede para inyectarle
adrenalina al relato. El problema es que el relato no
es original, el espectador puede anticipar buena parte
del tiempo cómo sigue o hacia donde van los personajes.
Tanto los comentarios en primera persona - que siguen
con cierto virtuosismo a Chandler -, el tema de las
causas perdidas, familias adineradas corruptas y ovejas
negras descarriadas, etc. son cosa ya vista. Quizás
precisaba un pulimiento en el guión por alguien
como Tarantino - que solo filmó algunas escenas
como las de Benicio del Toro -, que le añadiera
pimienta, malas palabras y más carnadura a los
personajes (y no ser meramente clisés). Pero
lamentablemente la actitud de Rodríguez para
el material es reverencial, filmando cuadro por cuadro
y diálogo por diálogo lo que Miller había
creado y escrito. Posiblemente de los cuatro relatos,
el único que tenga relevancia en cuanto a originalidad
y tono elegido sea el de Marv, y en buena parte a la
actuación de Mickey Rourke que se transforma
en un ser brutal de nobles sentimientos y con una frase
cínica a cada momento, lo que termina por ser
un momento de comedia negra dentro de la película.
Pero el resto del film es bastante chato, rutinario,
y sólo parece ejercitarse en el preciosismo visual. |