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TRAMA : Graham Hess vive con sus hijos y su
hermano en el condado Bucks, en una granja a la que
se han mudado después que hubiera perdido a su
esposa en un terrible accidente automovilístico.
A causa de la muerte, Hess ha renegado su vocación
de reverendo y su religión. Pero un día
extraños sucesos comienzan a ocurrir, en especial
la aparición de gigantescas figuras marcadas
en los vastos maizales que rodean a la granja. Al principio
Hess piensa que se trata de un engaño o una travesura
de los muchachos del condado, pero las mismas señales
comienzan a repetirse por todo el mundo en menos de
72 horas. Y a esto se suma que extrañas figuras
se han visto merodeando la granja. Basados en los reportes
televisivos, no pasa mucho tiempo hasta que Hess y su
familia concluyen que se encuentran en vísperas
de una invasión alienígena, y que se encuentran
a punto de ser objeto de un ataque.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Antes de desbarrancarse del olimpo cinematográfico
con la polémica La Aldea y el terrible fracaso
de taquilla y público que supuso La Dama en
el Agua, M. Night Shyamalan era lo más cercano
que uno podría considerar a una reencarnación
india de Hitchcock. Aún quedan kilómetros
por recorrer para poder dictar un veredicto sobre Shyamalan
(y numerosas posibilidades de redención), pero
yo soy un firme creyente de que es el mejor director de
cine de los últimos años junto con Peter
Jackson. Posee un sensacional sentido de suspenso a la
antigua escuela, y sus guiones son fabulosos rompecabezas;
realiza un cuidado desarrollo de los personajes y es un
gran director de atmósferas. El único problema
es que siempre asume en solitario la responsabilidad del
guión, lo cual supone una carga enorme. La colaboración
de algún script doctor no sería indeseable
para que terminara de pulir ciertos aspectos de sus obras,
en general algún tono discursivo de las mismas.
Pero más allá de ciertos defectos, las películas
de Shyamalan son absolutamente diferentes a cualquier
obra que produce el Hollywood industrializado actual.
Es cine de la alta escuela, en un lenguaje que hoy nadie
utiliza.
Señales es la tercera entrega de Shyamalan
después de los éxitos de El Sexto Sentido
y El Protegido. Y si bien la crítica volvió
a pegarle, estimo que es un clásico escondido
bajo la catarata de escarnios. Uno no puede poner en
la misma balanza a un filme de Shyamalan con las películas
superficiales de Michael Bay (y todos sus seguidores);
el problema a lo sumo, es que El Sexto Sentido
fue una experiencia tan abrumadora que todo el mundo
creó expectativas descomunales acerca de las
obras de Shyamalan. Es algo parecido a lo que le sucedió
a George Lucas con la trilogía de precuelas de
Star Wars: aunque
resultaran buenas obras, nunca podrán satisfacer
lo que el público ha imaginado que podía
esperar acerca del autor.
Como todos los filmes de Shyamalan, comienza muy lentamente.
Son películas de grandes silencios, de gestos,
en donde el diálogo cobra velocidad a medida
que avanza la historia. Resulta extraño ver a
Mel Gibson en un papel medido, pero su interpretación
es correcta. Shyamalan es un buen director de actores,
y el desenvolvimiento de los intérpretes siempre
supera la media.
Pero lo que resulta fascinante es la escalada de tensión.
Para empezar, la elección del escenario, que
es totalmente brillante. No hay nada más estremecedor
que imaginar vivir en medio de gigantescos campos rodeados
de maizales, donde la sensación de soledad es
abrumadora, y en donde resulta imposible no pensar en
que "algo" puede estar merodeándonos.
En segundo lugar, la sucesión de hechos: Shyamalan
toma enigmas que forman parte del inconsciente colectivo
para desarrollar sus teorías. Es como si alguien
tomara a las obras de Erich Von Daniken y las
transformara en amenazas reales. Y en tercer lugar está
el enfoque. En vez de apuntar a los esquemas clásicos
de las space operas, con masivas invasiones marcianas
destruyendo ciudades y multitudes, opta por un punto
de vista totalmente minimalista. Uno no sabe que pasa
en el resto del mundo, sólo veremos la invasión
en una granja entre algunos seres y un puñado
de humanos.
Por supuesto la cinta mama toda la paranoia posible de
La Noche de los Muertos Vivos, el clásico
de George A. Romero. El setup básico está
allí: sucesos inexplicables, reportes fragmentados
por la TV y la radio, el corte de la señal, el
aislamiento y la resistencia solitaria en la casa. Shyamalan
se ocupa de proveer los argumentos lógicos para
este escenario - la pelea será cuerpo a cuerpo
para que los alienígenas no destruyan los recursos
terrestres que precisan -, y termina desarrollando escenas
memorables de alta tensión. Los informes televisivos
donde se graba en video al primer alienígena son
shockeantes; el encuentro de Hess con el alien encerrado
en la despensa de Reddy; la persecución del merodeador
por parte de Hess en los maizales; y por supuesto, el
asedio del final del filme, que es totalmente perturbador.
Uno piensa en la influencia que puede haber tenido Señales
sobre obras como El Proyecto Blair Witch (la escena
en el sótano es sobrecogedora, con el uso de luces
tenues y planos traseros de los protagonistas). Sin mencionar
los intentos iniciales de irrupción en la casa,
en que el relato se desvía hacia las remembranzas
de Hess con el nacimiento de sus hijos, lo que le quita
algo de tensión (o lo vuelve más tolerable).
Como terror paranoico, es impecable.
Donde el filme no funciona tan bien es con el background
dramático de los personajes. Hay algo de trivial
en ese aspecto, quizás en el intento de plantear
Shyamalan un debate entre moral y religión -
el que está bien -, y que para ello precisa erigir
a Hess como un personaje renegado de sus creencias -
lo que ya no es tan perfecto -. Sin duda la escena del
diálogo entre el reverendo y su esposa accidentada
es morbosamente fascinante, pero el problema está
en el trasfondo dramático que arrastra esto en
todo el film. Si Hess es un ex pastor y su familia está
quebrada, y estos hechos sirven como señales
de sus creencias y para re-unirlo con sus hijos, tiene
cierto tufillo de pastiche sicológico. Es comparable,
en todo caso, al psico drama de Tom Cruise en
La Guerra de los
Mundos, en donde los guionistas entienden que deben
presentar a personajes quebrados como para que los espectadores
se preocupen por ellos, darles tridimensionalidad, y
que se alejen del estereotipo clásico de los
protagonistas de space operas, algo que Charlton
Heston solía afirmar en reportajes y que insistía
que hay dos clases: los señaladores ("allí
vienen los marcianos") y los explicadores ("la
invasión se produjo por ..."). Si bien
el trasfondo de Ray Ferrier en el film de Spielberg
era criticado, al menos no terminaba por entorpecer
el relato. Y aquí lo mismo se lleva bastante
bien con el resto de la historia, pero en escenas como
la cena previa al ataque se termina por escapar al control
del director y se convierte en algo casi ridículo
o risible. Y por contra a la obra de Speilberg (donde
las vidas de los protagonistas siguen su curso natural
a pesar de la invasión), aquí los hechos
sirven para el reencuentro familiar y para desarrollar
un final feliz.
El otro aspecto débil de la película
son ciertos dispositivos del guión que, entrando
en los juegos cinematográficos de Roger Ebert,
bien podríamos llamarlo "el sindrome
de Q". Q es el científico que trabaja
para el servicio secreto en los filmes de James Bond,
y quien le provee artilugios que utilizará en
sus misiones. Muchos de estos gadgets son obviamente
ridículos y poco prácticos, pero terminan
resultando indispensables para que 007 pueda resolver
determinada situación en cierta escena posterior.
Aquí el síndrome de Q se aplicaría
en la manía de los vasos de agua de la hija de
Hess, y bien en el asma del chico restante. Y podríamos
incluír a las palabras finales de la esposa del
reverendo, que carecen de sentido salvo para proveer
un indicio indispensable para el protagonista sobre
el final del filme.
Pero exceptuando los defectos del trasfondo dramático
y los dispositivos truculentos del guión, Señales
es una película brillante. Es un modelo de guión
inteligente y de cine inteligente. Y quizás,
en algún momento, se le otorgue el status
de clásico que merece, porque más allá
de sus escasos errores, termina siendo una obra memorable. |