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GB / USA, 1964 : Peter Sellers
(Inspector Jacques Clouseau), Elke Sommer (Maria Gambrelli), George
Sanders (Benjamin Ballon), Herbert Lom (Charles Dreyfus), Tracy Reed
(Dominique Ballon), Graham Stark (Hercule LaJoy), Moira Redmond (Simone),
Vanda Godsell (Madame LaFarge), Maurice Kaufmann (Pierre), Ann Lynn
(Dudu), David Lodge (Georges), André Maranne (Francois), Martin
Benson (Maurice), Burt Kwouk (Kato) Director - Blake Edwards,
Guión - Blake Edwards & William Peter Blatty, basados
en la obra teatral de Harry Kurnitz adaptada del original L´Idiot
de Marcel Achard, Musica - Henry Mancini |
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Es realmente raro encontrar comedias de culto. Sin dudas las hay,
generalmente porque tienen una chispa y originalidad que no merma
con el paso de los años. Pero a diferencia de los dramas, las
historias épicas, y los relatos de ciencia ficción y
terror, es difícil que el ser humano se ría varias veces
del mismo chiste. Entre ese selecto grupo de comedias de culto figuran,
entre otras, las comedias de los Monty Python y desde luego
la saga de la Pantera Rosa.
Pero si bien en el inconsciente colectivo La Pantera Rosa
(1963) ocupa un lugar destacado, no es la espectacular comedia que
todos imaginan. Es un buen filme, es sólido, y hay un casting
numeroso que funciona bastante bien, pero lo más reidero
sin dudas son las apariciones esporádicas del inspector Clouseau,
interpretado por un ignoto Peter Sellers. Si bien Sellers había
tenido una carrera destacada hasta ese momento en Gran Bretaña,
su fama no salía de la isla y The Pink Panther fue
su pasaporte al estrellato internacional. Lo único rescatable
que había hecho hasta ese entonces fue una participación
en The Ladykillers (1957), otro en la extrañísima
El Rugido del Ratón (1959) y un oscuro papel en la
aún más oscura Lolita (1962) de Stanley Kubrick,
pero el resto de su filmografía había pasado inadvertida.
Y 1964 sería un año memorable para Sellers. Además
del presente film rodaría Dr.
Strangelove y consolidaría su fama con intérprete
de múltiples facetas.
Un Disparo en la Oscuridad es un filme de curiosos orígenes.
Cuenta la historia de que Blake Edwards quedó impresionado
con el desempeño de Sellers en La Pantera Rosa - Sellers
fué un reemplazo de último momento, convocado dos
días antes del rodaje a partir de la renuncia de Peter Ustinov;
curiosamente, Ustinov iría a reemplazar la vacante que Sellers
había dejado en Topkapi -. Inmediatamente después
del filme, Edwards fue convocado por el estudio para intentar adaptar
una obra de teatro a la pantalla grande que era L´Idiot,
una comedia de enredos con trasfondo policial basada en un inspector
torpe. Y lo primero que se le ocurrió al director es que
la trama podría funcionar mejor reciclándola como
vehículo para que Sellers repitiera todas las gracias que
lo había deleitado en el rodaje de La Pantera Rosa.
Escribiendo con su guionista habitual de aquellos años -
William Peter Blatty, a años luz de su reconocida El
Exorcista -, podó salvajemente la historia hasta convertirla
en una serie de gags hilados por la presencia del inefable
Clouseau. El estudio le dió luz verde, aunque no demasiado
convencido del proyecto, con sólo 3 meses de diferencia del
rodaje de La Pantera Rosa; y cuando vió el resultado,
su primera intención fue la de cajonear al film, antes de
que quedaran boquiabiertos por el resonante suceso internacional
de The Pink Panther. Lo que sigue es historia, restando mencionar
el hecho de que el último tramo de filmación de A
Shot in the Dark se transformó en una pesadilla en el
set, con peleas constantes entre Edwards y Sellers. Jurándose
odio eterno (y no volver a trabajar juntos), sus carreras irían
por carriles separados ... hasta 11 años después,
cuando ambos estaban en franco declive y decidieron volver a unir
fuerzas en la recomendable El Regreso de la Pantera Rosa.
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A Shot in the Dark es un film bastante desconocido con excepción
de los fans de Sellers. Incluso en las repeticiones en cable, se
suele dar preferencia a los títulos "rosados" de
la saga, que resultan inferiores a esta producción de 1964.
Sin embargo es la película más sólida de la
saga (y eso que tiene enormes agujeros de guión), simplemente
porque hay una trama con algo de misterio mejor desarrollada que
el resto de los filmes posteriores. Como siempre digo, un chiste
tiene más gracia cuando se dispara después de un rato
de diálogo y desarrollo; no cuando viene en una catarata
de líneas cómicas - que generalmente erran más
de lo que aciertan, y es el error que comenzó a cometer Edwards
en los últimos filmes de la saga -.
Pero donde reside toda la gracia de Un Disparo en la Oscuridad
es que es un show privilegiado de Sellers. El cómico tiene
todo el filme para lucirse, y contiene algunas escenas de gracia formidable
como la vigilancia que hace Clouseau de María Gambrelli (y
que siempre termina encarcelado), la incursión en el campo
nudista, o los interminables diálogos del inspector con su
ayudante Hercule (interpretado por Graham Stark, un popular actor
secundario que aparece en casi toda la filmografía de Sellers
como soporte). Es cierto que no todas las escenas de Clouseau funcionan;
a veces el humor slaptick (el humor físico, basado en
caídas y golpes) no tiene mucha gracia y cansa un poco. Pero
en donde Sellers resultaba inimitable era en disparar las líneas
de diálogos más absurdas de modo imperturbable. Ningún
actor cómico de la actualidad puede compararse a la gracia
del británico en tal sentido.
Otro de los aspectos que funcionan en el filme es la construcción
de una troupe de soporte a Sellers. Es en esta película
donde se construye toda la mitología moderna de Clouseau:
la aparición del atormentado jefe Dreyfus (a cargo de un
actor tan serio como Herbert Lom, que genera un formidable contrapunto
con Sellers), y del descabellado mayordomo Kato. Y si bien el papel
de Dreyfus es algo más diluído del concepto que todos
tenemos hoy en día, tiene todas las raíces de la escalada
de locura que son típicas del personaje. El que funciona
menos es el de Kato, cuyos ataques son muy light en comparación
con la destrucción masiva que conocemos en las películas
posteriores.
Y el último punto que funciona en el film, es el romance
entre Clouseau y María Gambrelli. Clouseau es un torpe de
aquellos, pero aquí resulta más justificable ya que
se enamora perdidamente de María. Es un tonto por amor. Hay
una química muy delicada entre Sellers y Elke Sommers, además
de que todo esto tiene un gusto muy fuerte a revancha para el público
(recordemos que Clouseau era un marido engañado - y para
peor, su mujer se enredaba con el ladrón que él quería
atrapar - en La Pantera Rosa original). Como dato curioso
para la trivia, María Gambrelli sería posteriormente
interpretada por Claudia Cardinale - quien ya había encarnado
a la Princesa Dala en el film de 1963 -, quien es la madre de Jacques
Gambrelli (Roberto Benigni) en la terrible El Hijo de la Pantera
Rosa (1993).
El detalle aquí es que toda la trama policial (que tiene
algún misterio pasado de rosca) queda totalmente desdibujada
por la presencia absorbente de Clouseau en el libreto. La investigación
es muy superficial, y prácticamente no hay desarrollo de
los sospechosos. El resto del elenco no hace más que un cameo
extendido - en donde George Sanders no puede disimular su disconformidad
con el papel que le ha tocado -. Pero como sucesión interminable
de gags, es Clouseau de pura cepa. Una película excelente
a pesar de sus errores, que termina por ganar al público
a partir de sus buenas intenciones. |
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