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USA, 1966 : Rock Hudson (Antiochus Wilson),
John Randolph (Arthur Hamilton), Salome Jens (Norma Marcus), Will
Geer (jefe de la organización), Jeff Corey (Sr Ruby), Richard
Anderson (Innes), Murray Hamilton (Charlie Evans), Wesley Addy (John)
Director - John Frankenheimer, Guión
- Lewis John Carlino, basado en la novela homónima de David
Ely
TRAMA : El banquero Arthur Hamilton
es un cincuentón que vive una vida acomodada y opaca. Un
día es contactado por un hombre que dice ser Charlie Evans,
un viejo amigo suyo que había perecido en un accidente. Hamilton
descree del extraño hasta que le empieza a dar pruebas de
la veracidad de su identidad y lo cita en un lugar para encontrarse.
Tras una serie de tortuosas combinaciones, Hamilton llega a su destino
final en un edificio desierto, en donde se le presenta un misterioso
hombre que dice que puede cambiar su vida, haciéndole numerosas
cirugías y dándole una identidad y una vida nueva.
El hombre comienza a darle poderosos argumentos de lo vacía
que es su vida familiar y laboral actual, y Hamilton termina por
aceptar. Simulando su muerte y cobrando sus honorarios a través
de un testamento modificado, la organización convierte a
Hamilton en Antiochus Wilson, un potentado y joven pintor. Pero
poco a poco Hamilton / Wilson comenzará a sentirse incómodo
en su nueva vida e identidad. Y pronto comenzará a sentirse
asaltado por la sensación de que la gente que lo rodea son
renacidos como él u hombres de la organización destinados
a vigilarle. Y pronto Hamilton caerá en una espiral de creciente
paranoia.
NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio desde
fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar partes
del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos a
esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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¿Qué le pasó a John Frankenheimer?. El
gran director de Grand Prix, El Embajador
del Miedo, Siete Días de Mayo, Domingo Negro, Contacto
en Francia II (y otros tantos títulos importantes de la
historia del cine) terminaría rodando bazofias de todo tipo
y color a finales de los 70. De su obra de los últimos 20 años,
lo único destacable que hizo fue Ronin en 1998.
Quizás el tema pase por su misma carrera cinematográfica,
en donde decidió tomar una serie de jugadas decisiones artísticas
a principios de los años 70, las que terminaron en sendos
fracasos de taquilla. Decir que eso se resintió en la vida
personal de Frankenheimer y que, por ello, terminaría volcándose
a la bebida y afectaría el resto de su obra posterior sería
sacar una conclusión muy simplista dictada por los hechos
que dice textualmente su biografía. La gente siempre es
mucho más compleja que eso. Lo cierto que el Frankenheimer
de los 70 hasta su muerte en el 2002 sería una pálida
imagen de la fuerza creativa que iluminó las pantallas en
la década del 60.
Seconds (Segundos, aludiendo a la metáfora
del renacimiento de la historia) es una de esas apuestas artísticas.
En su momento la crítica la defenestró por ser demasiado
oscura, amén de que para los estandares moralistas de la
época (que aún subsistían) la escena del festival
de la viña (que culmina en una orgía, con decenas
de hombres y mujeres desnudos metidos en un tonel) era excesivamente
audaz. Pero, como siempre, la prensa especializada termina siendo
una camada de idiotas especializados y despreció lo que era
una pequeña obra maestra que pasó desapercibida en
su tiempo.
El Otro Señor Hamilton es considerada parte de la
trilogía paranoica de Frankenheimer, junto con El
Embajador del Miedo y Siete Dias de Mayo. Son filmes
que bordean lo fantástico, y que tienen que ver con conspiraciones
e identidades alteradas. En el caso de Seconds, decir que
la película es un mix del mito de Fausto con El
Show de Truman sería darle una definición simplista.
La historia es mucho más compleja y amarga de lo que realmente
parece.
He aquí a un cincuentón acaudalado que vive una vida
rutinaria y oscura, y al cual le ofrecen la oportunidad de abandonarlo
todo, darle una nueva imagen e identidad y la posibilidad de comenzar
una nueva y excitante existencia. En realidad, más que oportunidad
es una coerción negociada, ya que en un momento al tipo lo
drogan, lo obligan a hacer ciertas atrocidades y lo chantajean para
que siga adelante con el procedimiento de cambio de identidad. Hay
un hombre muy hábil que termina por conversarlo y ponerle
los puntos sobre las íes, terminando de empujarlo al cambio.
El tema es que, si bien ahora el vetusto John Randolph ha pasado
a verse como el apuesto Rock Hudson, sigue teniendo el alma de Randolph.
Un tipo aburrido, hueco, que culpa la tristeza de su vida a su familia
y a su trabajo en vez de reconocer que él mismo es la causa.
Hasta allí, el filme tiene varias lecturas. Es como una
alegoría sobre la banalidad de las operaciones de cirugía
estética - por más que cambie el exterior, sigue
siendo usted mismo -, y por otro lado se entronca directamente
con el mito de Fausto. Este hombre rejuvenecido ha vendido su alma
al diablo, para obtener una existencia de juventud y prosperidad
pero al mismo tiempo le es extraña y sólo le trae
soledad y penuria. Es que Hamilton no deja de ser un hombre encerrado
en sí mismo, incapaz de disfrutar la vida en cualquiera de
sus formas.
Pero lo que sigue después de la metamorfosis empieza a ser
asfixiante. Hay una breve escena en el filme que a la larga termina
por resultar inquietante. Es cuando Rock Hudson se topa con un hombre
en el aeropuerto, el cual lo reconoce y lo saluda como si fueran amigos
de toda la vida. Allí es cuando uno empieza a sospechar que
las cosas no están bien - ¿acaso Hamilton está
ocupando la identidad de alguien a quien la organización ha
eliminado para dejarle su vida vacante? -, y a esto se suma la
presencia del mayordomo (empleado de la organización) y la
aparición de una sensual vecina de manera más que casual.
Incluso en las fiestas Hamilton / Wilson sospecha (con cierta razón)
que está siendo vigilado todo el tiempo. En su segunda mitad
El Otro Señor Hamilton se transforma en un filme extremadamente
paranoico. Incluso uno podría llegar a elucubrar que esta misteriosa
organización secreta está realizando estas sustituciones
de personas con un fin mucho más conspirativo que simplemente
darle una segunda oportunidad a sus socios.
Hamilton / Wilson empieza a hacer macanas... y termina por pagarlas
de la manera más terrible. El final es realmente estremecedor
y termina por redondear el aspecto moralista de la historia. Pactar
con el diablo tiene su precio. Y uno muy caro.
Frankenheimer utiliza tomas realmente inusuales, como cámaras
montadas sobre los hombros de los actores para dar primerísimos
planos y crear un clima claustrofóbico de toda la historia.
A esto se suman planos deformados que parecen propios de las pinturas
de Salvador Dalí - como cuando John Randolph es drogado -,
que le dan a la trama un aspecto onírico... de pesadilla.
Aquí está Rock Hudson en una movida arriesgada de
su carrera. Habitualmente reconocido como actor de comedias - como
su etapa con Doris Day -, el actor se mete en un papel jugado al
que termina de sacarle provecho. Todas las perfomances del filme
son realmente buenas, pero la de Hudson es una de gran variedad
de registros. Es hermético, conflictuado, iracundo, sufrido.
Posiblemente sea la mejor actuación de su carrera.
El Otro Señor Hamilton es un filme excelente. Hay
momentos en que la historia se enlentece demasiado o estira algunas
escenas más de lo debido - como la mencionada fiesta del
vino -, pero tiene un clima formidable. Y es una muestra más
que válida del talento de un director cuyas últimas
obras de su vida no le han hecho justicia. |
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