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Ultimamente Corea del Sur
viene tentando suerte en el terreno de lo fantástico,
y ha intentado generarle algún tipo de competencia
a la masiva cinematografía japonesa. Hubieron
viejos antecedentes como Yongary
(1967), pero la segunda oleada de cine fantástico
surcoreano comenzó con la impactante The
Host (2006), la cual le abrió puertas
en todo el mundo. A esto le siguió Tsunami
(2009) y el filme que ahora nos ocupa, los cuales
comparten el mismo libretista Je-gyun Yun. Lamentablemente
el talento exhibido aquí es mucho menor que
en el filme del maremoto, y los resultados finales
bordean lo aborrecible.
El gran problema con el cine fantástico
asiático es la caracterización de
los personajes. Acá todos son caricaturas,
niños grandes en cuerpos de hombre. Sobreactúan,
lloran, se gritan, hacen melodrama kaiju
hasta el paroxismo - ¡¡¡No
te mueras, Kenjiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!
-, hacen bromas idiotas y hablan pavadas la mayor
parte del tiempo. La primera media hora es un
bodrio de aquellos: no solo hacen chistes malos
e intentan generar romances tontos (uno de los
personajes se pone a llorar cuando la chica de
turno le rechaza los bombones que intenta regalarle),
sino que se la pasan jugando con sus motos a lo
largo y a lo ancho de la plataforma como si fueran
niños de 5 años con juguetes nuevos.
Para colmo el escenario no es muy creíble
- una plataforma gigantesca es atendida por
6 tipos y 2 mujeres, la mitad de los cuales son
hermanos / tios / sobrinos entre sí
- y todo se dilata demasiado. A los 31 minutos
aparece el bicho, el cual es un CGI bien hecho
aunque no es demasiado impresionante (es como
un lobo marino mutante). Lo que sigue es típica
rutina Alien, con
a) otro científico que aparece en la
base y que tiene aviesas intenciones respecto
de la criatura; b) una heroína dura
que pelea hasta el final; c) muchísimas
persecuciones a lo largo de interminables corredores
metálicos.
El problema con todo esto es que termina por
resultar demasiado estirado y aburrido. Al bicho
lo matan 50 veces y nunca muere, hay gente que
la muelen a golpes y sigue andando, y hay peleas
cuerpo a cuerpo que - al menos - durante 3 veces
amenazan terminar y no lo hacen (el gran climax
final es pesadísimo). Como los personajes
son detestables, a nadie se le afloja ni una lágrima
cuando se los devoran, y como el bicho es anodino
y anónimo, tampoco termina de impactar
como para que nos pongamos de su lado (y siga
exterminando malos actores).
Sector 7 se deja ver, quizás con
demasiadas reservas. En lo estético y en
lo técnico, es impecable. El tema pasa
por la dirección y el libreto, los cuales
carecen de inspiración y le mandan demasiado
relleno al relato, convirtiendo al filme en un
show lento y poco entretenido. |