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USA, 1995 : Morgan Freeman (detective
William Somerset), Brad Pitt (detective David Mills),
Gwyneth Paltrow (Tracy Mills), Kevin Spacey (John Doe),
R. Lee Ermey (capitán) Director
- David Fincher, Guión - Andrew Kevin Walker
TRAMA : Los detectives Somerset
y Mills investigan el extraño homicidio de un
enorme hombre obeso, quien fuera obligado a comer hasta
que le explotara el estómago. Pero al poco tiempo,
acuden a la escena de otro crimen en donde un abogado
fue obligado a cortarse una libra de su propia carne
y murió desangrado. Lo común en ambos
homicidios es que el asesino ha escrito las palabras
"Gula" y "Avaricia". Pronto Somerset
y Mills se darán cuenta que están tras
la pista de un maníaco homicida que está
cometiendo sus asesinatos según la lista de los
pecados capitales.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El Silencio de los Inocentes (1991) fue el primer
policial que trató seriamente de incursionar en
la mente de un asesino serial (en lo que se llama sicología
forense). Es un film algo sobrevalorado, donde posiblemente
sea más fascinante el proceso de descubrimiento
de los hábitos de Buffalo Bill que la sobreactuación
de Anthony Hopkins como Hannibal Lecter. En Se7en,
el género iniciado con el film de Jonathan Demme
llegó a su estado de madurez. Y sin dudas Pecados
Capitales es un film mucho más denso y mejor
construído que El Silencio de los Inocentes.
Se7en posiblemente sea el film policial más
influyente de los años 90. Disparó una
larga lista de imitadores - 8mm, Resurrección,
Copycat -, cuyos resultados bordean la mediocridad.
El tema es que esas películas intentaron construir
complicados thrillers con procesos policiales
estandares salpicados de muertes exóticas. Vale
decir, imitaron a Pecados Capitales en la superficie.
Pero en realidad el film de David Fincher no es un policial
o un film de horror. Uno no ve sangrientas muertes o
hay un proceso investigativo que juegue con las expectativas
de culpabilidad de una lista de sospechosos. En realidad
Se7en es un film de debate sobre la paranoia
del horror urbano. Los detectives Somerset y Mills no
hacen más que recoger los pedazos, tal como reflexiona
Morgan Freeman en un determinado momento. Asistimos
al horror del rastro que deja el asesino, pero nunca
lo vemos en acción. En realidad la película
se divide en dos temas: la incursión a la mente
del asesino y el debate sobre la decadencia de la sociedad
urbana. Mientras que el primer punto está bien
construído pero aún así tiene algo
de standard - con algo de tiempo cualquier escritor
puede elaborar a un asesino exótico -, lo que
le da verdadero peso a Pecados Capitales es su
segunda línea temática. La ciudad donde
se cometen los asesinos es verdaderamente deprimente,
y todos los exteriores respiran polución. Es
una cosmópolis deteriorada moralmente, en donde
los individuos viven en sus mundos partículares
y reina la apatía. Tal como decía Sigourney
Weaver en Copycat, el cuerpo social está
enfermo y los asesinos seriales vienen a ser los tumores
de dicha enfermedad; entre millones de individuos enajenados,
castrados moral y emocionalmente, suele surgir alguno
que decide ir un paso más allá y se transforma
en asesino serial. El perfil que adopta Morgan Freeman
es de una especie de detective zen, un individuo
que ha creado una filosofía propia para poder
mantenerse ajeno al horror que debe presenciar todos
los días. No es difícil imaginar a Freeman
y Pitt como cazadores de monstruos reales viviendo en
un mundo de pesadilla.
Es un film de debate tanto en términos morales
como intelectuales. Es también el triunfo de la
postura del detective Somerset, quien piensa que un grupo
de individuos no puede forzar el cambio de toda una sociedad.
Hay un duelo de ingenio impecable entre los policías
y el asesino, pero el mal termina por vencer simplemente
porque es el símbolo de toda una sociedad corrupta
- es la fuerza de la mayoría -. Al exponer su amargo
final - defendido a muerte por David Fincher y Brad Pitt
-, la película se transforma en un auténtico
clásico, porque el clímax sólo representa
la conclusión lógica de lo que está
trazado como tragedia desde el principio. Sin dudas es
un film fascinante.
Las perfomances son excelentes, en especial Morgan
Freeman (cuyo perfil mantendría en el resto de
los personajes de su carrera) y Gwyneth Paltrow. Paltrow
lográ robar sus escasas escenas, y eso le da
una fuerza enorme al desenlace. Pero aquí nadie
desentona y, por el contrario, el libreto les depara
jugosos parlamentos. No hay personaje que no tenga una
actitud claramente definida.
Pecados Capitales es una fabulosa muestra de
horror sicológico, y una reflexión abierta
acerca de la sociedad urbana en la que vivimos. Más
allá de los hechos que narra, mantiene una postura
de debate que plasma con excelencia. Y sin dudas es
uno de nuestros filmes favoritos. |