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Este es otro título
de William Castle, el rey de los trucos publicitarios.
En la práctica Castle era una especie de
versión yanqui y mediocre de Alfred Hitchcock,
con mucho menos talento como director pero con una
gran habilidad marketinera. Eso era lo
que le hacía agua la boca a los productores
de Hollywood, quienes terminaban financiando sus
proyectos por disparatados que fueran, ya que siempre
llamaban la atención y recaudaban bien. Desde
el esqueleto volador Emergo que aparecía
en medio de la sala de cine que estuviera exhibiendo
House on Haunted Hill
hasta las butacas que lanzaban descargas eléctricas
en los momentos álgidos de la proyección
de The Tingler, siempre
había una truculencia que sorprendía
al público y convertía a los filmes
de Castle en una especie de espectáculo sofisticado
de feria. En el caso que nos ocupa Castle aparece
en pantalla cerca del final del filme y le pide
al público que vote por el destino del villano:
si merece o no la muerte y el castigo por sus pecados.
Aunque la leyenda urbana dice que Castle rodó
dos finales alternativos - y que el proyeccionista
debía mostrar uno de ellos de acuerdo al
resultado de la votación en la sala -,
lo cierto es que se filmó uno sólo,
debido a la obviedad del rumbo dramático
lanzado por el libreto.
Dejando de lado las triquiñuelas publicitarias
de Castle, Mr. Sardonicus es
uno de los mejores títulos de su filmografía.
Ok, el comienzo está plagado de obviedades
y golpes de efecto característicos del
director - Castle siempre fue muy burdo como
narrador y la sutileza no es lo suyo -, y
está demasiado saturado de stock footage
(lo que le da aspecto de película barata),
pero el libreto tiene tanta potencia que termina
por triunfar sobre las limitaciones del cineasta.
Mr. Sardonicus no es mas que
otra variante del setup de Dracula
- forastero viajando a pais desconocido de
Europa Oriental, un pueblo aterrado por la presencia
del villano, una dama en juego entre el héroe
y el malvado, y toda la acción restringida
a las cuatro paredes de un castillo -, solo
que aquí los cambios pasan por la naturaleza
de la amenaza: el villano es deforme en vez de
ser un demonio o un ente sobrenatural. A su vez
el autor Ray Russell evidencia que la otra fuente
de inspiración ha sido El Hombre
que Rie (un clásico de Victor
Hugo sobre un hombre deformado y rechazado por
la sociedad), cuya versión de 1928 ha sido
tan influencial que impulsó a que Jerry
Robinson creara el Joker, el villano
más famoso del comic Batman.
Ni bien Ronald Lewis pisa el castillo del barón,
Mr. Sardonicus entra en una rutina
de misterio tan testeada y efectiva que resulta
imposible que falle. Es cierto que Guy Rolfe no
termina por destilar toda la maldad que debiera,
ni tampoco su personaje genera la piedad requerida
por su trágica suerte - es demasiado
cambiante y unidimensional -, pero Castle
logra hacer un buen clima y, lo que es mejor,
genera un par de sustos memorables. Aquí
el barón resulta ser un campesino que se
ha ganado la lotería (de allí sale
el truco de Castle para que el publico elija el
destino del personaje), pero el billete ha quedado
en el traje que han usado para vestir el cuerpo
de su padre, recientemente fallecido y enterrado.
Decidido a recuperarlo, el muchacho desentierra
el cadáver pero, como si fuera una especie
de maldición por dicho sacrilegio, la visión
del rictus de muerte del rostro de su padre es
tan impresionante que termina por trasladarse
a su cara. Convertido en un deforme que se oculta
tras una máscara y que se encuentra al
borde de la locura, decide gastar la mayoría
de su tiempo y fortuna en hallar una cura para
su mal, tarea que ha resultado infructuosa hasta
este momento.
Cuando Castle expone inicialmente el quid de
la cuestión, Mr. Sardonicus
funciona ya que la deformidad es vista al pasar
y es shockeante. Lamentablemente Castle decide
exponerla aún mas en el final, y allí
es cuando vemos que el maquillaje es un mamotreto
- este tipo tiene mas dientes que un cocodrilo
y no se ve creible -. Y si todo el filme
se basa en esa sonrisa malévola, cuando
las cosas se resuelven y desaparece el rictus
el climax termina por perder potencia.
Mr. Sardonicus es un filme de
terror prolijo que tiene un par de escenas efectivas
- cuando la esposa ve por primera vez al deforme
entre las tinieblas de la noche; o cuando el doctor
le aplica una sádica terapia de curación
- y eso lo hace superior a la media. Pero podría
haber sido mucho mejor y es un filme que ganaría
mucho mas impacto con una remake, en
estas épocas modernas en donde hacen maravillas
con el maquillaje. Quizás el amigote
Robert Zemeckis - dueño de la productora
Dark Castle, admirador confeso
de Castle y dedicado a revivir
éxitos del viejo William - nos regale
algún día la versión que
esta historia se merece. Hasta que llegue ese
momento, sólo nos queda cruzar los dedos
y pedir el milagro. |