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Si existe algún tipo de superhéroe al sur
del Río Grande, ese sin dudas es Santo, el enmascarado
de Plata. Su verdadero nombre era Rodolfo Guzmán
Huerta; y este mexicano comenzó su carrera en la
lucha libre a los 17 años allá por el año
1934. La lucha libre mexicana es derivada del wrestling
americano, con la particularidad de que ha construído
su propia mitología, creando bandos de buenos (técnicos)
y malos (rudos) que funcionan como un espectáculo
tanto para niños como para adultos. Es tan fuerte
su influencia que incluso el wrestling yanqui se
ha nutrido de sus ideas; y troupes similares han
surgido en numerosos países (sin ir más
lejos, la mítica troupe Titanes en el
Ring de Martin Karadagian en Argentina es directa
consecuencia de la lucha libre mexicana).
Guzmán Huerta era un luchador más en
la troupe de Jesús Lomelí, hasta que a
éste se le ocurrió relanzar a la misma
de un modo estelar, creando diferentes caracterizaciones
para los integrantes. La particularidad de estos personajes
eran sus vestimentas plateadas. Así es como en
1942 surge Guzmán Huerta como El Santo.
Con el tiempo, por estilo y personalidad, Santo
se volvería el integrante más popular
de la troupe.
Pero la historia que nos interesa comienza recién
en los años 50, cuando el dibujante José
Guadalupe Cruz comienza a desarrollar un comic sobre
Santo. La popularidad de Guzmán Huerta
se dispara, y no pasa mucho tiempo hasta que los productores
de cine se le acerquen con una propuesta. A finales
de los cincuenta, el enmascarado de plata filmaría
Santo contra el Cerebro del Mal, y Santo contra
los Hombres Infernales (terminada de rodar en Cuba
un día antes del golpe de estado de Fidel Castro!).
Y a partir de allí, desarrollaría una
impresionante carrera con más de 50 películas
y durante cuatro décadas hasta 1982 en que dejaría
de filmar. Pero El Santo seguiría activo - aún
con más de 60 años de edad - en la lucha
libre, hasta su fallecimiento en 1984. Su hijo continuaría
la tradición en la lucha libre y filmaría
algunas películas, pero ya la moda de las películas
de luchadores había pasado para los años
90. Pero sin dudas, con una mezcla de carisma y genio
de negocios, Guzmán Huerta dejó una profunda
marca en la historia mexicana, creó un imperio,
y terminó por transformarse en un ícono
integrante del folklore popular (la prueba está
en que sus aventuras continúan, en forma de dibujos
animados, en una producción reciente de Cartoon
Network).
Tanto en los comics como en sus primeros filmes, Santo
dejó de ser un luchador y pasó a transformarse
en una suerte de superhéroe. Era tal el reconocimiento
popular que Guzmán Huerta permanecía constantemente
ataviado con su máscara plateada, por lo cual
su rostro permaneció en el misterio (hasta que
fuera develado en un programa de TV días antes
de su muerte). El personaje se había fusionado
con el luchador / actor en la vida real. Todas estas
son muestras del status de leyenda que había
obtenido con el paso de los años.
Y si en sus primeros años Santo combatía
a mafiosos, con el tiempo terminaría por enfrentar
a alienígenas, vampiros, seres infernales, y
genios criminales de toda clase, color y tamaño.
Precisamente como muestra de su vasta filmografía
comentamos Santo y Blue Demon contra Drácula
y el Hombre Lobo.
En general el cine mexicano fantástico se caracteriza
por lo bizarro de sus ideas. Es un inmenso pastiche
multicolor adolescente. Han existido adaptaciones de
obras clásicas como el Hombre Invisible,
o intentos de crear una mitología autóctona
de terror como, por ejemplo, las momias aztecas. Pero
el 90% de su cine fantástico son creaciones delirantes
con efectos especiales de pacotilla. Santo y Blue
Demon contra Drácula y el Hombre Lobo es
un cabal ejemplo de ello; decorados de papel mache,
murciélagos de plástico que ni siquiera
baten las alas (y es ultra evidente el hilo que los
sostiene), y FX propios de una producción amateur.
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Lo más sorprendente del film es que se deja ver.
Cuando obtuve la cinta, francamente esperaba lo peor.
Juzgando por el personaje y por el título, era
de esperar que la película apunte a un público
infantil, por lo menos hasta que uno ve que los esbirros
del mal desangran al profesor Cristaldi sobre los esqueletos
de Dracula y el Hombre Lobo. Pero toda la filmografía
de Santo se ha columpiado entre el espectáculo
adolescente (con chicas ligeras de ropa y escenas sangrientas)
y el cine para niños, y a veces mezclándolos
rozando el mal gusto. A fin de cuentas no hay nada más
parecido a un héroe real que un luchador de catch
caracterizado con una máscara; lo usual es trasladar
esa lucha de bandos (bien vs mal) fuera del ring a otros
escenarios, donde el héroe tiene oportunidad de
aplicar unas dolorosas llaves a despiadados seres infernales.
Es expandir la moraleja y el mundo de justicia perfecta
que ronda los cuadriláteros, como un ejemplo para
los más chicos. Visto desde esa óptica,
este film de Santo al menos no funciona, o si lo hace
es de modo bizarro. Pensando en un público infantil,
las escenas sangrientas (obviamente falsas pero impresionables
para los más chicos) o las numerosas muertes en
la cinta son cuestionables. Menciono esto porque el resto
de la trama sí funciona como un film infantil.
Pero si como película para niños es dudosa,
sin duda funciona mejor para los adolescentes. Las actrices
se exhiben con breves minifaldas y sendos escotes. Los
héroes son impolutos y los villanos (de cartón
pintado) son deleznables. El terror no impresiona; y
entre los efectos especiales, diálogos, y actuaciones,
es lo más parecido a un episodio extendido de
la serie Batman (1966) con algo más de
picante. Santo y Blue Demon visten trajes de calle pero
nunca abandonan sus máscaras; se mueven por todos
lados con total naturalidad (manejando un convertible,
por ejemplo - ¿a nadie se le ocurrió
un Santomóvil? -) ajenos a lo ridículo
de su estampa. Por momentos parecen una versión
filmica del personaje de fotonovelas Killing
(aquel que siempre estaba disfrazado como un esqueleto)
donde nadie le da importancia a su apariencia extravagante.
La dirección es bastante buena. Hay un par de
momentos pensados para hacer saltar al espectador (como
cuando Eric sorprende al profesor en el armario), y
el guión resulta bastante potable. Al menos los
personajes hacen cosas bastante lógicas, dentro
de lo ridículo de la trama. Pero en el aspecto
en donde resulta más exitoso el filme es como
comedia inintencional. Es tan bizarro el planteo de
la historia, que el libreto se da el lujo de tomarse
en solfa a sí mismo. Como cuando Blue Demon le
dice a Santo: "sé que estás preocupado,
porque nunca dices más de diez palabras juntas";
o cuando el conde Drácula le dice al Hombre Lobo
: "debemos ampliar nuestras tropas; esta noche
nos convertiremos en ... cazadores de seres humanos!".
Dicho todo esto con una total impasibilidad, como si
recitaran Shakespeare. Esto es Ed Wood a la mexicana.
Hay cosas que resultan evidentes en la película
y que se desprenden después de analizar la filmografía
de Santo. Una, es que con semejante ritmo de producción
(varios filmes por año) a los libretos les suele
faltar un golpe de horno. Aquí el guión
mantiene las cosas en movimiento con tal de entretener,
pero a final de cuentas Santo y Blue Demon son unos absolutos
ineptos que no pueden evitar que casi toda la familia
Cristaldi sea masacrada por el vampiro y el licántropo.
Juegan a las cartas, al ajedrez, leen libros, mientras
los villanos matan o secuestran a hombres, mujeres y niños.
Los malvados cumplen con el 90% de la venganza prometida,
y cuando al final son vencidos, la derrota es por los
luchadores y no por la dichosa daga mistica que el guión
se esfuerza en llamarnos la atención una y otra
vez. Y Santo y su compañero se van como si nada
de la escena, a pesar de que no pudieron detener ni la
mitad de la ejecución del plan de los villanos.
Otra cosa a mencionar es que la voz de los luchadores
debe ser terrible, ya que se encuentran doblados por
conocidos actores del medio - Santo suena como la versión
hispana de Mannix -. Expandiendo este punto,
la perfomance actoral (?) de los luchadores es realmente
tosca. A pesar del doblaje y de usar máscaras,
son realmente malos actuando (en realidad, en esas circunstancias
lo único que les queda es el lenguaje corporal);
no hay mejora de post producción que realmente
los haga dignos de mención. Y entre toda la chatura
interpretativa, el que se lleva las palmas es Aldo Monti
como el conde Drácula, que con una expresión
absolutamente imperturbable es capaz de recitar las
frases más ridículas del guión
con una gracia terrible - uno desearía ver al
personaje más tiempo en la pantalla, ya que es
impagable ver a Monti actuando; es un émulo mejicano
de Leslie Nielsen -.
Lo único que traba el desarrollo de la película
son los inserts de lucha libre en el cuadrilátero.
Con la presentación de Santo o de Blue Demon,
hay varios largos y tediosos minutos de catch que no
eran necesarios. Incluso después del climax del
film, a modo de despedida se muestra una larga lucha
de a cuatro contendientes que resulta totalmente gratuita.
Pero aparte de eso, es un filme deliciosamente bizarro.
El espectador se encuentra riendose a carcajadas en
muchas escenas supuestamente serias. Mientras que la
historia del guión no resulta tan mala o aburrida
como es de suponer, la dirección de cámaras
suele caer en errores garrafales, cuando no un presupuesto
infimo que termina por generar unos valores de producción
risibles - ataudes de madera balsa, máscaras
de carnaval de hombre lobo, decorados que se mueven
cuando se apoyan los actores, etc -. Y salvando las
distancias temáticas, los filmes de Santo
el Enmascarado de Plata terminan funcionando como
inmensos espectáculos kitsch similares
a las películas de Godzilla,
sólo que con algo más de sangre (falsa).
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