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USA, 1967 : Robert Blake (Perry),
Scott Wilson (Dick), John Forsythe (Alvin Dewey), Paul
Stewart (Jensen), Gerald S. O'Loughlin (Harold Nye), Jeff
Corey (Mr. Hickock) Director
- Richard Brooks, Guión - Richard Brooks, basado
en la novela homónima de Truman Capote
TRAMA : Año 1959, Holcomb,
Kansas. El adinerado granjero Herbert Clutter es asesinado
en su casa, junto con su mujer y sus dos hijos. Sin
embargo la escena del crimen deja perpleja a las autoridades,
ya que los criminales sólo alcanzaron a robar
menos de 40 dólares y, aún así,
decidieron exterminar a toda la familia Clutter. Ahora
la policía ha hecho un masivo despliegue de fuerzas,
pero las pistas son escasas. Sin embargo un recluso
le informa a las autoridades acerca de un par de maleantes
menores, Perry Smith y Dick Hickock, a quienes les habría
dado información sobre los Clutter mientras se
encontraban encerrados con él durante su estadía
en prisión. Y no pasa mucho tiempo hasta que
las autoridades dan con el rastro del dúo, quienes
se encuentran sembrando cheques sin fondos por todos
lados. Ahora Perry y Dick se han quedado sin dinero,
y planean regresar a su Kansas natal ... pero la policía
les está esperando para apresarlos.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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A Sangre Fría (1966) es un título
seminal de la literatura norteamericana. El novelista
Truman Capote vió una pequeña noticia en
los diarios - acerca del feroz asesinato de un granjero
y su familia -, y terminó por fascinarse hasta
el punto de dedicarle 6 años enteros de su vida
a documentar y rastrear a todos los testigos del caso.
El libro resultante es considerado un hito literario debido
a que fue el primero que hizo un análisis forense
de un hecho policial, a la vez que lo dosificaba con fragmentos
de ficción - reconstrucciones de diálogos
y situaciones que hacía el mismo Capote -,
y la mezcla resultante iba mucho más allá
de ser una simple exposición periodística
de los hechos. En su novela Capote maneja tiempos y sucesos,
no para alterarlos, sino para yuxtaponerlos de otra manera
y resaltar determinados elementos que considera esenciales;
de esta manera el escritor dejaba de ser un narrador objetivo,
y utilizaba los mismos acontecimientos para demostrar
su propia teoría moral sobre los hechos. Para Capote
el lector debía evaluar a los personajes sin preconceptos,
y por ello terminaba de exponer los pecados de éstos
sobre el final del libro.
Esta festejada versión para la pantalla grande
queda a cargo de Richard Brooks, un cineasta especializado
en rodar obras de teatro. Entre sus titulos figuran
Semilla de Maldad (1955), Una Gata Sobre el
Tejado de Zinc Caliente (1958), o Elmer Gantry
(1960). Acá reclutó dos actores desconocidos
- Robert Blake, años antes de Baretta
y de liquidar a su esposa en la vida real; y Scott Wilson,
que trabajó muchisimo bajo el radar y que ahora
la gente lo conoce como el padre mafioso de Marg Helgenberger
en la serie CSI -, aún cuando los
estudios querían imponer a primeras figuras como
Paul Newman o Steve McQueen en los protagónicos.
Además Brooks escribió su propio libreto,
y se decidió a rodar en estricto blanco y negro.
El resultado final obtuvo el favor de la crítica
y el público, y devino en cuatro nominaciones
al Oscar.
A Sangre Fría es, en realidad, un ejercicio
de estilo. No hay nada demasiado interesante en la trama
- ya sabemos quienes son los asesinos, a quienes mataron
y cómo van a acabar los criminales -, sino
que la gracia reside en cómo se relata la historia.
En primer lugar, por los parlamentos de Capote y el orden
que impone (comienza por el principio, omite alevosamente
los homicidios, sigue con la fuga de los criminales, captura,
juicio, castigo ... y allí regresamos a la noche
del crimen); en segundo lugar, por la adaptación
que Brooks hace. El director elabora un sofisticado ballet
de frases y gestos que resulta fantástico -
uno de los asesinos comienza una frase y, cambiando la
escena a la granja donde se llevará a cabo el crimen,
la futura víctima completa la idea; uno de los
protagonistas se lava la cara y, en otro lugar, otro de
los actores se la seca -, con una sincronía
que hace pensar en que ambas partes son las caras de una
misma moneda, como una especie de Ying y Yang.
Esta sincronización también hace pensar
en una soga formada por dos cuerdas que terminan por anudarse
en el hecho final - la noche de la masacre -.
A partir de allí es cuando comenzamos a conocer
realmente a estos desconocidos. Hay una particular fascinación
del narrador por Perry Smith (malas lenguas dicen que,
en la vida real, Capote y Smith vivieron un romance
mientras el último estaba entre rejas), y hay
bastante de idealización en su historia. Desde
su madre, cariñosa y borracha, hasta su infancia
en los rodeos. Por contra, Dick es absolutamente anónimo.
El es el detonador, ya que el individuo realmente explosivo
es Perry. Quizás es por ello que Capote se reserva
la reconstrucción de la masacre para el final.
Cuando uno termina por apiadarse de la desgraciada vida
de Perry, descubre que la fuerza salvaje y violenta
del dúo es el pequeño con cara de niño
triste. El shock consiste en la revelación de
su verdadera naturaleza.
Ciertamente A Sangre Fría tiene un tono
documental muy logrado. Desde la fotografía blanco
y negro hasta el uso de las locaciones en donde ocurrieron
realmente los hechos (la casa de los Clutter es la auténtica,
lo cual resulta un detalle escalofriante). Es cierto
que el relato es interesante e inteligente, pero también
es distante. Uno no termina por engancharse con nadie;
el policía de John Forsythe es tan anónimo
y acartonado que parece haber salido de la serie Dragnet
(solo los hechos!); Dick es un amoral charlatán
que se cree mucho más inteligente de lo que realmente
es; y Perry - el personaje más desarrollado
- es un homicida nato disfrazado de figura trágica.
Hay más de Jeckyll y Hyde que de víctima
en su figura.
A Sangre Fría es prolija, sólida,
inteligente. Hay diálogos muy sagaces. Pero también
tiene momentos en que carece de realismo y muestra su
verdadera naturaleza - que se trata de una brillante
elaboración intelectual de Capote en vez de una
estricta reconstrucción documental -. En
todo caso, el punto de Capote no es explorar la naturaleza
de la violencia sino la naturaleza de las personas;
que esos individuos comunes y corrientes, sentados a
nuestro lado, pueden explotar en una ráfaga homicida
de un instante a otro. ¿Si Perry y Dick merecen
la redención?. De ninguna manera. Sus vidas
trágicas no son una excusa válida para
matar a todo aquel que se interponga en su paso. Pero
el objetivo de Capote es crear un escenario plagado
de testigos de sus acciones - entre los cuales nos
contamos nosotros -, y analizar sus reacciones.
El padre que cree que su hijo es inocente; el policía
que vió el repudiable accionar de estos amorales;
los familiares de las víctimas, que han quedado
destrozados; el reportero que intenta encontrar causas
científicas que le sirvan para explicar tanta
violencia ... Una persona no es una sino que son
varias. En última instancia, A Sangre
Fria es un compilado de puntos de vista sobre la
naturaleza de la violencia humana, que abarca todos
los espectros posibles, y que intenta - en la multiplicidad
de opiniones - explicar lo inexplicable... quizás
porque si lo estudiamos y lo catalogamos podremos perderle
el miedo a lo desconocido. |