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Si hablamos de bolazos
con clase, las palmas se las lleva Sahara.
No hay otra manera de calificar a este delirio.
Es imposible tomarse en serio a un film en donde
el climax consiste en un acorazado confederado de
más de 150 años de edad, enterrado
en el desierto del Sahara, y cargándose a
bombazo limpio a un helicóptero artillado
y un escuadrón de tanques modernos. Eso
sí que es tener mucha imaginación.
Sahara es un proyecto personal del actor
Matthew McConaughey, quien vio la posibilidad
de generar una franquicia a partir de las novelas
del aventurero Dirk Pitt, un personaje creado
por el escritor Clive Cussler. Si Dirk Pitt les
suena, es porque era el protagonista de la fallida
Rescaten al Titanic
(1980), y en aquella oportunidad lo interpretaba
Richard Jordan. Pitt es una especie de Doc
Savage moderno pero con los pies sobre la
tierra, un aventurero millonario que suele ayudar
al gobierno norteamericano y que se embarca en
misiones que tengan algo que ver con expediciones
marítimas - tema que apasionaba a Cussler
en la vida real -. Si en Rescaten al Titanic
Pitt era una especie de Howard Hughes, en Sahara
el personaje ha sido remodelado como una especie
de Indiana Jones moderno y submarinista. Lamentablemente
el filme resultó más caro de lo
esperado y no recaudó todo lo que debiera,
con lo cual las expectativas de una franquicia
fílmica quedaron en la nada. A su vez se
sumó a todo esto que el mismo Cussler se
convirtió en un dolor testicular para
los productores: primero exigió tener el
visto final sobre la producción, y un cargo
como consultor; luego, jamás apareció
en el set, con lo cual arrancaron el rodaje sin
él... y después apareció
con una demanda por incumplimiento de contrato,
juicio que perdió / ganó / volvió
a perder, etc, a medida que pasaban los años
y los jueces por la causa.
Sahara entra dentro de la categoría
de aventura histórica delirante,
subgénero que inventó El
Codigo Da Vinci y que luego siguiera con National
Treasure. Examinen el pasado, encuentren alguna
conspiración / tesoro escondido, y empiecen
a seguir sus pistas a través de los siglos,
indicios que se encuentran escondidos en pinturas
/ esculturas / grabados, etc. Y a mi juicio, de
toda esa tanda Sahara es la que se queda
con el premio mayor. Eso se debe a que no se toma
en serio a sí misma y se despacha con uno
de los argumentos más absurdos que uno
haya escuchado en años. No sólo
se trata de un acorazado fantasma de la Guerra
Civil norteamericana que termina en un río
seco en el Africa, enterrado en medio del Sahara,
sino que involucra plantas futuristas de energía
solar, guerras civiles, desperdicios tóxicos,
agentes de la CIA, epidemias desconocidas, y toda
una sarta de disparates que terminan por calzar
en su lugar de manera asombrosa. Es cierto que
a lo largo del filme se presentan varias oportunidades
en que uno dice "guau, esto ha sido demasiado!",
pero es tanta la energía que le pone el
director Breck Eisner (The
Crazies), que uno le perdona la vida y sigue
disfrutando del circo delirante que tiene para
ofrecer la historia.
Quizás el mayor problema con Sahara
tenga que ver con la fluidez de la trama;
aquí hay argumentos como para dos peliculas
(la conspiración respecto de los desperdicios
tóxicos y la historia del barco fantasma)
y el relato salta de uno a otro cuando en alguno
de ellos se queda corto de nafta. Al final el
acorazado de la confederación termina por
aparecer como un enorme Deus Ex Machina
como para justificar un climax improbable y espectacular
en medio del desierto.
Sahara es una aventura formidable. Apague
el cerebro y diviértase, porque hay acción,
risas y paisajes formidables a raudales. Los protagonistas
exudan carisma, los villanos son deliciosamente
retorcidos, y el filme siempre tiene una vuelta
de tuerca fresca y nueva para ofrecer cada dos
minutos. ¿La lógica? Bien,
gracias. Por el resto es un delirio para aplaudir
de pie, y uno termina por lamentar que semejante
descerebre no haya dado pie a la saga cinematográfica
que se merecía con total justicia. |