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Japón / USA, 1970 : Mitsunobu
Kaneko (Johnny Sokko), Akio Ito (Jerry Mano), Hirohiko
Sato (emperador Guillotine), Matasaburo Tamba (Spider),
Mitsuo Ando (Dr. Botanus) Director
- Minoru Yamada, Guión - Mitsuteru Yokoyama,
basado en su propio manga
TRAMA : Una nave extraterrestre
ha llegado a la Tierra y en ella arriba el implacable
emperador Guillotine, quien viene a conquistar el planeta.
Liberando a numerosos monstruos gigantes, comienza a
sembrar el terror en la población. Precisamente
una de sus criaturas ha atacado un transatlántico
en el cual viajaba el agente de la organización
mundial de seguridad UNICORN, Jerry Mano, y un niño
llamado Johnny Sokko. Ambos logran sobrevivir al naufragio
pero terminan en la isla secreta donde posee su base
Guillotine, y donde el villano mantiene secuestrado
al Dr. Lucius Guardian, a quien presiona para que termine
su arma definitiva: un robot gigante e indestructible.
Pero Guardian se rebela contra Guillotine y programa
al androide para que reconozca exclusivamente la voz
de Johnny al recibir órdenes que el chico le
transmite desde un reloj - radio. Después de
escapar de la explosión de la isla, Johnny Sokko
terminará siendo reclutado por UNICORN; y ahora
solo él y el robot gigante serán los únicos
capaces de detener los malvados planes del emperador
Guillotine.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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Si los latinoamericanos devoramos telenovelas hasta
el hartazgo - aún las más horribles -, la
pasión japonesa es la de los monstruos gigantes.
No contentos con la ración de Godzilla
y Gamera que poblaba
los cines, en los años sesentas el kaiju eiga
y el tokusatsu terminarían siendo comercializados
como cajitas felices para la televisión:
sea en forma de animé, o con series como toda la
saga Ultra de Eiji Tsuburaya.
Precisamente entre toda esa tonelada de productos la Toei
intentaría hacerse un lugar. Adaptando el manga
de Mitsuteru Yokoyama - el mismo que creara a otro clásico
de la historieta como fue Tetsujin 28-go o Gigantor,
otra de robots gigantes - que apareciera a mediados
de los sesentas, la Toei se despachó con
una breve pero intensa serie llamada Jaianto Robo,
la que se emitiría entre 1967 y 1968. La tira sería
comprada por la American International Television
(una rama de la AIP), levemente editada y proyectada
en toda América como Robot Gigante o Johnny
Sokko y su Robot Volador. Otra de esas series que
uno veía de chico, cuando tomaba la leche después
de la escuela ...
Johnny Sokko y su Robot Gigante:
Viaje al Espacio es un invento de la American
International, quienes armaron un collage
con cuatro capítulos de la serie original y lo
reeditaron para que se asemeje a un telefilm. "Asemeje"
es una afirmación bastante generosa. Mientras
que los tres primeros episodios son bastante lineales
y coherentes, el último está pegado con
saliva, pero resultaba inevitable ya que tiene el grand
finale de la tira. Con tal de ver el clímax,
uno termina perdonando cualquier cosa.
Si uno analiza al detalle el filme (y lo que fue la serie),
no hay ni una cualidad técnica que resulte medianamente
respetable. Si en los filmes de Godzilla
veíamos a tipos en traje de goma rompiendo maquetas
- y nos parecía poco creíble -, al menos
la calidad de esos efectos especiales eran el equivalente
de una super producción George Lucas comparado
con lo que es Robot Gigante. Aquí ni se
han molestado en hacer maquetas: los edificios son cajas
de zapatos pintadas y dibujadas por un niño. Y
lo mismo pasa con los planos matte - cuando ponen
un dibujo o un efecto especial encima de un filme y hacen
una composición; caso típico, una ciudad
inexistente que aparece sobre una colina -, en donde uno
ve bosques hechos con bolas de algodón ardiendo
en llamas evidentemente desproporcionadas y contrapuestas
a un montón de tipos corriendo para escapar del
supuesto incendio. Es obvio que a nadie del departamento
de FX le importó un cacso la continuidad
o la coherencia, o siquiera si el efecto se ve decente.
En un momento el robot gigante va a agarrar un Chevrolet
Corvair (real) en donde está secuestrado Johnny
Sokko, pero cuando lo tiene en su mano la miniatura resulta
ser la de un Ford Thunderbird. Así como
ese detalle hay dos toneladas más, como el hecho
de que los tanques del ejército son juguetes comerciales
a control remoto (que se dan vuelta con las piedras),
o que la nave del emperador Guillotine es una paleta
de paddle pintada con ventanitas.
Es obvio que el presupuesto de producción no
era mayor que el de una taza de café, y por allí
pasa uno de los encantos de la película. Increíblemente,
la edición americana del filme - con narrador
ostentoso en off - le da un sabor aún mas
kitsch que lo deja en la misma onda de las películas
serie B de los años 50. Y a esto se suma el hecho
de que la serie era muy comprimida de tiempo (capítulos
de media hora y autoconclusivos), con lo cual la historia
y la edición van a las apuradas ... lo que termina
resultando en un producto realmente ágil y entretenido.
Tiene el ritmo propio de un serial de la Republic
de los años cuarenta - no hay desarrollo dramático;
simplemente son buenos contra malos arruinándose
mutuamente los planes todo el tiempo y siempre nuestro
héroe al borde de la muerte -, así que
resulta imposible aburrirse.
Pero una de las cosas más sorprendentes de Johnny
Sokko y su Robot Gigante: Viaje al Espacio es su
inusual grado de violencia para tratarse de una serie
infantil. La gente muere como moscas, e incluso Johnny
porta un revólver y dispara varias veces ...
lo que no sería nada raro si no fuera porque
hablamos de un niño de menos de diez años
de edad. Tampoco hay demasiadas explicaciones sobre
dónde están los padres de Johnny - una
vez que en UNICORN saben que sólo el chico puede
manejar el robot, lo reclutan sin miramientos y Johnny
se la pasa en la base de la organización; ni
siquiera se molestan en explicar qué hacía
un niño viajando solo en un transatlántico
en el capítulo inicial -. Pero quizás
allí resida el otro gran encanto de la película,
y es que un niño común termina viviendo
una vida de fantasía, llena de aventuras, salvando
al mundo, y siendo tratado de igual a igual por los
adultos. Además Sokko no es un personaje pasivo;
se esconde en los coches de los villanos para descubrir
su base; toma decisiones; camufla su propia muerte para
engañar a los enemigos... hasta recibe un disparo
(!!). O era una serie muy avanzada para la época,
o bien a ninguno de los libretistas le importaba un
comino si el personaje tenía 9 o 50 años.
Los monstruos son extraordinariamente bizarros; van
desde bolas de bowling vivientes a potus
gigantes, ojos voladores (wtf!) y mantarrayas
enormes con piernas enfundadas en botas. Al menos el
robot gigante del título se ve más decente,
aunque nadie explica por qué parece una esfinge.
Ninguno de los monstruos mueve los ojos (ni siquiera
el ojo gigante!!), se desplazan torpemente y duran
dos minutos en pantalla ya que el enorme androide egipcio
los despacha sin el menor esfuerzo. Y al final el mismo
emperador Guillotine - que parece un cabezudo de
carnaval - se hace gigante y decide enfrentarse
al robot, ya que el resto de sus secuaces son unos incompetentes
de primer orden. ¿Olvidé mencionar
que el ejército del villano se viste con uniformes
nazis y usan boinas guerrilleras al estilo del Che Guevara?
Johnny Sokko y su Robot Gigante: Viaje al Espacio
es tan extremadamente bizarra que termina resultando
imperdible. Entre la producción hecha con dos
mangos y el viaje lisérgico que se estaban pegando
los creativos de la serie cuando escribían los
capítulos y diseñaban los trajes, es histéricamente
delirante. Y desde ya es una favorita de este columnista. |