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Terminator (1984) fue un producto de
bajo presupuesto, típico de la clase B, que terminó
convirtiéndose en un blockbuster y un clásico
instantáneo de la noche a la mañana. A partir de su
suceso, terminaría disparándose lo que es habitual en
Hollywood : una tonelada de clones de muy despareja calidad.
Androides existieron siempre : desde la literatura sci fi clásica
de Asimov como Yo, Robot, hasta apariciones en la pantalla
grande y chica (episodios de La Dimensión Desconocida,
Robby el Robot de El Planeta Prohibido,
etc). Tanto en forma mecánica como humanoide (El Mundo
del Oeste, Las Mujeres de Stepford, etc.), en versiones
pacíficas o asesinas, de todos los tamaños y colores.
Pero lo que había logrado un film como el de Cameron fue
convertir el tema del robot asesino en vehículo para un film
de acción, que fuera ciencia ficción con economía
de efectos (y presupuesto). La letalidad del cyborg que encarnaba
Schwarzenegger - interpretada en un moderno lenguaje cinematográfico
- superaba a cualquier representación fílmica anterior.
Una fuerza indetenible e indestructible, una verdadera máquina
de matar.
En general cuando Hollywood descubre una veta y satura el mercado,
suelen haber algunos derivados o clones que emergen con vuelo propio.
Como el caso de Robocop, un film repudiado y amado por público
y crítica por partes iguales. Es un vehículo de acción,
es un film de sci fi pensante y es también un festival de
gore (medido pero gore al fin).
Robocop no deja de ser un Western adaptado, como suelen
ser muchos de los mejores relatos de ciencia ficción de la
historia. El hombre sin memoria que comienza a tener recuerdos súbitamente,
comprende su historia pasada, y sale en la búsqueda de sus
asesinos. Cabe perfectamente en la trama de cualquier film de vaqueros
de Clint Eastwood de los 70. El enfrentamiento es personal, es un
duelo, como el caso de Murphy con sus asesinos en la secuencia final
de la fábrica.
Pero Robocop es también una sátira social
de la Norteamérica de la era Reagan, donde la gente comenzó
a conocer lo que era un yuppie, una corporación, una fusión
de empresas y donde aparecían personajes públicos
como Donald Trump. La puja de los proyectos no es más que
una crítica a la competitividad corporativa, donde el fin
vale los medios, y donde la amoralidad prevalece. No es arriesgado
prever (tanto en 1987 como ahora) que multinacionales puedan hacerse
cargo de ciudades enteras - es una alternativa probable y bastante
lógica, dado el curso de los hechos de la historia -. Y en
el terreno de la ciencia ficción. Robocop es un exponente
típico del llamado Cyberpunk - la fusión entre
la tecnología y los seres humanos a nivel físico -,
tal como Blade Runner o Matrix.
Pero el factor polémico lo da, desde luego, Paul Verhoeven.
Verhoeven es un director holandés con talento para la acción
y el suspenso, pero con tendencias hacia el exceso en lo que se
refiere a la violencia y el sexo. Antes de Robocop, Verhoeven
había dirigido El Soldado de Orange o El Cuarto
Hombre entre otros filmes, siendo éste último
el que le diera suceso internacional como para dar el salto a Hollywood.
Y con Robocop desplegaría una carrera intensa y apasionante,
con títulos como Bajos Instintos, El Vengador del
Futuro, Starship Troopers y El Hombre sin Sombra.
Uno puede criticarle a Verhoeven su tendencia a lo explícito
y a cierto sadismo, pero resultaría injusto quedarse sólo
con eso. Daría la impresión equivocada de que es un
descerebrado sanguinario sexópata que se regodea en el exceso
(hay muchos directores clase B o Z que hacen lo mismo y no tienen
ni el 10% de talento del holandés). Lo cierto es que el cine
de Verhoeven es un cine que no toma prisioneros y que muestra las
cosas con la mayor crudeza posible. Si debe haber una escena violenta,
Verhoeven la filma de modo que provoque el mayor impacto posible.
No es un idiota con una cámara en mano filmando efectos especiales,
sino que provoca al espectador, le transmite sensaciones extremas
en un contexto bien pensado. No siempre logra filmes memorables, pero
tampoco pasan desapercibidos. Starship Troopers puede ser una
sátira fallida y una mezcla bizarra, y El Hombre Sin Sombra
un coctel de film de sicópatas + Alien que no cuaja
demasiado, pero durante su exhibición no dejan de provocar
ansiedades e inquietudes entre la platea.
Como film, Robocop posee pocos fallos. Ciertamente hay diálogos
y personajes que son clisés, pero la mayoría de las
escenas funcionan muy bien, y las vueltas de tuerca resultan lo
bastante ingeniosas como para que todos los caracteres resulten
interesantes. El problema que tiene el film (o el concepto en sí)
es que es una idea que funciona en una sola película. Pasada
la venganza de Murphy, ¿que más se puede contar?.
Pero los productores llevarían con el tiempo el producto
a dos secuelas más, varias series de TV (con actores y animadas)
y varias miniseries. El reencuentro con su hijo ya mayor y devenido
ejecutivo de OMNI, choques con otros cyborgs y otras corporaciones
que quieren apropiarse de Detroit... pero no da para mucho más,
especialmente dado por lo limitado del escenario para el desarrollo
de las aventuras, la limitada movilidad del personaje... lo limitado
del concepto y del universo (al menos, lo visto en las versiones
posteriores).
Robocop regresaría en Robocop 2, combatiendo
un cyborg con la mente de un asesino drogadicto, y en la despreciada
Robocop 3, com oficial renegado combatiendo a una OMNI
que desea arrasar con los sectores marginados de la ciudad. Cada
entrega pierde más el espíritu del film inicial y
se acerca peligrosamente al nivel de un comic barato. Quizás,
de todas las secuelas posibles, Robocop : Directivas Primarias
(la miniserie del año 2000) resulte la más respetuosa
respecto a sus orígenes cinematográficos y al espíritu
del personaje. |
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