Suecia, 2008 : Kåre Hedebrant
(Oskar), Lina Leandersson (Eli), Per Ragnar (Håkan),
Patrik Rydmark (Conny), Peter Carlberg (Lacke), Ika Nord
(Ginia), Karin Bergquist (Yvonne), Henrik Dahl (Erik),
Karl Robert Lindgren (Gosta), Cayetano Ruiz (Mr Avila)
Director - Tomas Alfredson,
Guión - John Ajvide Lindqvist, basado en su propia
novela
TRAMA : Oskar es un tímido
niño de 12 años que es vapuleado por los
matones de la escuela. Un día descubre que una
familia se ha mudado al lado de su departamento, y pronto
entabla amistad con la excéntrica Eli, una niña
de su edad a la cual sólo ve por las noches.
La chica le aconseja que despliegue toda su furia para
defenderse de los matones y Oskar así lo hace,
lastimando seriamente a uno de ellos. Pero, mientras
tanto, Oskar ha comenzado a darse cuenta que Eli no
es una niña normal. Y pronto llegará a
la conclusión de que la chica es un vampiro,
siendo responsable de varias muertes en su barrio. Sin
embargo el lazo de amistad entre Eli y Oskar se ha hecho
muy fuerte y parece superar los tabúes propios
de la naturaleza de la niña.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia.
trailer
de Dejame Entrar
De la península escandinava están surgiendo
sorpresas cinematográficas en número creciente,
con producciones de gran calidad y originalidad que terminan
por tomar por asalto a las plateas de todo el mundo. Arrancamos
con la versión original de Insomnia (1997),
seguimos por la competente serie B de Dead
Snow, y culminamos con la trilogía Millenium.
En toda esa parva de filmes que han superado las fronteras
heladas de Escandinavia se destaca una joyita y que se
trata de Déjame Entrar - un atípico
filme de vampiros -. Muy pronto se convirtió en
un objeto de culto y Hollywood se apresuró a adquirir
los derechos para la correspondiente remake, la
cual está agendada para este año.
Aquí el autor John Ajvide Lindqvist parece haberse
inspirado en el personaje de Kirsten Dunst en Entrevista
con el Vampiro (1994), en donde una nena estaba
condenada a permanecer atrapada en su cuerpo infantil
para toda la eternidad - lo que terminaba por transformarse
en una situación de pesadilla para la protagonista
-. Además sigue de cerca la filosofía
del filme de Neil Jordan, convirtiendo a los vampiros
en figuras trágicas víctimas de una maldición
que no pueden deshacer y que están condenadas
a una vida eterna de contemplación de muerte
y dolor. Pero hasta allí llegan las influencias;
por el resto Déjame Entrar toma rumbos
nuevos y, muchas veces, demasiado inquietantes.
Esta es una película que incomoda al espectador.
Esa sensación extraña - que muy pocos filmes
me han producido en toda mi vida - surge de la verdadera
naturaleza del filme, que es la historia de dos sicóticos
homicidas que tienen tan sólo 12 años de
edad y que tienen una atracción mutua que va desde
la ternura hasta lo puramente sexual. La enferma relación
entre Eli y Oskar no difiere demasiado de la dupla central
de Henry, Retrato de un Asesino,
con la excepción de la edad de los protagonistas.
Oskar es victimizado por sus compañeros de colegio,
pero las reacciones del pibe no son muy normales que
digamos - su primer pensamiento es rebanarlos con
un cuchillo -. El chico es hijo de padres divorciados
y los mismos no le prestan demasiada atención;
incluso hay pistas que podrían llevar a pensar
que su padre se ha metido en una relación homosexual.
Por su parte, Eli es todo lo contrario: una figura dominante
y demandante que lleva a su padre al límite de
los sacrificios para saciar su hambre. Es una relación
gélida y desagradable, en donde al hombre aún
le quedan rastros de cariño por su monstruosa hija,
pero no es un sentimiento recíproco - sería
interesante especular si el hombre es realmente su padre
y no "otro chico" que conoció
hace 30 o 40 años -. Y, cuando el padre - cazador
de víctimas para su hija - desaparece, la chica
queda sola y se afianza aún más en su relación
con el perturbado Oskar. Es en esos momentos en
donde el filme entra en una zona de incomodidad creciente.
Uno siente que estos dos son socios porque comparten vidas
arruinadas, pero aún así - en su condición
de pareja de parias - les resulta imposible liberarse
emocionalmente y ser demostrativos el uno con el otro.
Esta es gente con serios daños afectivos, y
eso se nota (otro punto más de similitud a
la relación de Henry y Becky de Henry,
Retrato de un Asesino). La situación de Oskar
no difiere demasiado de la de Eli, estando dispuesto a
aceptar cualquier cosa con tal de que alguien lo quiera.
Por su parte, la chica no puede frenar su naturaleza chupasangre
pero la edad y actitud de Oskar terminan por ganarle.
Dicho todo esto, el filme se sumerge en algunas situaciones
risqué sobre la sexualidad reprimida de
estos chicos de 12 años - visiones fugaces de Eli
desnuda; los dos chicos pasando una noche juntos en la
cama; la ciega obsesión de Oskar por aceptar a
Eli, aún cuando ella le niegue que es una "niña";
algunos besos sangrientos después que Eli se merendara
a alguno de los vecinos del barrio - que terminan de erizarle
la piel a más de uno. El punto no es la atracción
sexual entre los protagonistas, sino que su relación
es muy retorcida.
Aún cuando Eli no fuera un vampiro (y fuera
simplemente una homicida) Déjame Entrar
es inquietante. Ok, tiene unas escenas de shock muy
bien filmadas, tiene un gran clima, hay muy buenas actuaciones.
Pero el punto central es en realidad la relación
entre Eli y Oskar, la que parece convertirse en una
versión infantil de Dracula y Renfield
con una atracción enfermiza y desubicada entre
ambos. Eso no quita que en medio de toda esta amoralidad
y apatía uno termine por tomar un poco de partido
por los protagonistas, posiblemente porque la sinceridad
de su cariño termina por traslucirse desde la
pantalla hacia la platea. En el fondo no es más
que la historia de dos sicópatas que no han terminado
la escuela primaria y que se han enamorado al descubrir
la mutua miseria de sus respectivas existencias.
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