Dinamarca, 1961 : Carl Ottosen
(General Mark Grayson), Asbjørn Andersen (Profesor
Otto Martens), Bodil Miller (Connie Miller), Bent Mejding
(Sven), Poul Wildaker (Dr Peter Dalby), Mimi Heinrich
(Karen Martens), Ann Smyrner (Lise Martens)
TRAMA : Durante una excavación
minera en Laponia, se descubren los restos orgánicos
de lo que podría ser un reptil prehistórico
conservado en excelente estado. Se logra obtener un
gran fragmento de su cola, el cual es enviado al Acuario
de Copenhague para su estudio por parte del profesor
Otto Martens. Pero el accidental descongelamiento de
los restos permite el regeneramiento de los tejidos
destruídos, ante el asombro de los científicos.
Y a pesar de los cuidados en monitorear el constante
crecimiento de la criatura - a la cual denominan Reptilicus
-, durante una noche de tormenta su metabolismo se acelera
y crece a proporciones gigantescas. Ahora el enorme
monstruo se ha escapado del laboratorio y comienza a
sembrar un sendero de destrucción en Dinamarca;
y todo intento de destruir a Reptilicus puede terminar
en desastre, ya que de sus fragmentos puede regenerarse
un ejército de criaturas similares.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia.
trailer
de Reptilicus
Esta es una rarísima y tardía entrada en
el género de los monstruos atómicos, que
para principios de los sesenta estaba desapareciendo -
y con la excepción de Japón y Corea, nadie
más estaría produciendo filmes similares
en otra parte del mundo -. La curiosidad pasa por la mano
de Sidney Pink, un típico director exploitation
que tuviera su década de popularidad entre 1960
y 1970, y como productor tiene algunos títulos
en su prontuario como de The Angry Red Planet,
y Journey to the Seventh Planet. Pink hacía
tiempo que se había enamorado de Dinamarca y vivía
en ese país, y no tuvo mejor idea que presentarle
un proyecto sobre monstruos atómicos a la gente
de la AIP, pero enteramente rodado con talentos
y técnicos locales, y todo por dos pesos. Con lo
cual Reptilicus se convierte en el primer y único
filme danés de monstruos gigantes de toda la historia.
Pero salvando el hecho de los paisajes locales y el
elenco danés hablando en inglés, no hay
nada de nuevo ni original en Reptilicus. Es pura
rutina. El amor de Pink por Dinamarca es palpable, especialmente
cuando inserta un paseo del general americano Grayson
(el actor danés Carl Ottosen) por los lugares
más turísticos de Copenhague, incluyendo
el parque Tivoli que momentos más tarde
destruirá la criatura. Es una secuencia completamente
descolgada de la historia. Las actuaciones son pasables,
los escenarios bonitos, el ritmo está bastante
bien. El problema es cuando llega la hora de los FX,
que son terriblemente incompetentes. Aquí los
efectos especiales quedan en manos de artesanos daneses,
y la inexperiencia en este tipo de facturas se nota.
Las maquetas lucen terriblemente falsas, con casas de
cartón con las ventanas dibujadas; la iluminación
es totalmente diferente a las escenas en vivo; y la
criatura es un títere absolutamente tosco. Y
tal como en Behemoth the Sea Monster (1959),
el bicho escupe ácido - sólo que esas
secuencias así como cuando devora a varias personas
están realizadas con dibujos animados (!) -.
Pero con la excepción de los terribles FX, el resto
no está tan mal, si bien no es nada original. Como
el general americano de turno, Carl Ottosen luce realmente
sacado la mayor parte del tiempo. El ayudante de laboratorio
Petersen, incluído como comic relief, al
menos tiene gracia. Las chicas son bonitas y los paisajes
están bien filmados. Lástima que el presupuesto
era muy corto para filmar unos efectos especiales decentes.
Reptilicus es una rutinaria pero potable entrada
en el género de los monstruos atómicos.
Hay alguna que otra premisa absurda - como la posibilidad
que toda una criatura se regenere a partir de su cola
-, y aún aceptándola el guión (coescrito
entre Pink e Ib Melchior, el mismo de Carrera
de la Muerte Año 2000) no hace nada para
jugar con sus posibilidades. Simplemente es una colorida
aventura de matineé sin ningún tipo de
pretensiones.
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