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Yonggary (1967) es uno de los pocos films de monstruos de Corea
del Sur que es relativamente conocido en Occidente. Como suele suceder,
las filmografías de los países asiáticos suele
ser realmente vasta, pero escasos productos logran cruzar para Occidente,
y cuando lo hacen, casi siempre es a lomo de algún éxito
internacional al que intentan clonar. En el caso de Yonggary,
es un flagrante derivado de Godzilla,
con individuo en traje de goma arrasando maquetas de cartón.
En 1999, posiblemente por la repercusión publicitaria de
la version americana de Godzilla, los surcoreanos decidieron
revivir a Yonggary. El autor de la idea original, Shim Hyung-rae,
se encargó de este proyecto, que en realidad toma el nombre
del film de 1967 y nada más que eso. El argumento es radicalmente
diferente, y toda la trama descansa sobre un elenco de actores norteamericanos.
El film, ahora llamado Reptilian, haría buena campaña
como relleno en los videoclubes. Uno se imagina toda la escena típica:
¿Tiene Godzilla (1998)?... - No, pero tengo esta otra
de bichos gigantes, que es igualita!
Considerando el altísimo listón de calidad que ha
dejado The Host, que posiblemente sea
el mejor kaiju eiga de la historia del cine (y que también
proviene de Corea del Sur), resulta sorprendente ver que mala que
es Reptilian. Ni siquiera entra en la categoría de
"tan mala que resulta buena". Es un inmenso bodrio
cinematográfico, escrito y dirigido de la peor manera posible.
Ni siquiera a los fans de la sci fi oriental - que estamos acostumbrados
a las cosas bizarras - le resulta digerible semejante bosta.
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Los filmes de monstruos japoneses suelen tener su encanto. En general,
desde fines de los sesenta, los argumentos y las actuaciones terminan
siendo francamente espantosos, pero siempre hay alguna buena idea
rescatable, y en especial cuando aparecen los monstruos en escena,
se terminan por redimir. Lo que distingue a los kaiju eiga de
otros filmes de monstruos de otras partes del mundo (como el Godzilla
de 1998 o este Reptilian), es que las criaturas suelen
tener cierta personalidad. Godzilla
tiene cierta conducta y ciertas actitudes que el espectador (o bien
los actores del film) van revelando, y uno va descubriendo características
nuevas. Por ejemplo, pueden salvar a alguien en un momento impensado,
pueden estar heridos, o resulta que su derrotero de destrucción
tiene una causa oculta. Además, uno termina por tomar partido
por el monstruo en algún momento. Ese carisma de los monstruos
japoneses hace que otros filmes como Gorgo
(y un montón de películas occidentales sobre criaturas
gigantes) resulten ser copias sin vida de Godzilla.
Acá pasa lo mismo, pero del peor modo posible. Para empezar,
el elenco de actores americanos directamente apesta, con lo cual
un teatro de amateurs de barrio es como la compañía
real de Sir Lawrence Olivier a su lado. Richard B. Livingston es
un villano realmente espantoso, sobreactuando a niveles patéticos.
Todo el cast recita sus líneas sin demasiada convicción
y, lo que es peor, toda la charlatanería es una catarata
interminable de clisés que no explican nada. Por ejemplo,
el profesor Campbell vive gritando que están frente al descubrimiento
del siglo durante 40 minutos, sin explicar absolutamente nada. Sólo
son amenazas y miradas malvadas hechas por el peor actor sobre la
faz de la Tierra. El seudo héroe de la historia, el dr. Hughes,
es otro que viven a los gritos advirtiendo sobre el riesgo de desenterrar
a Yonggary, pero tampoco explica el por qué. Los dialogos
son francamente vomitivos, tanto de los arqueólogos como
el de los militares que descubren la nave alienígena en orbita
sobre la Tierra. Si el guión es una bazofia sideral, esperen
a ver al peor grupo de actores que haya poblado la pantalla del
planeta.
Sin dudas, el libreto intenta reiterar las típicas rutinas
de la saga de Godzilla sobre razas alienígenas que
despiertan a monstruos legendarios para que arrasen todo y la conquista
sea pan comido. Pero al menos en los kaiju eiga japoneses,
estas tramas de relleno (hasta la aparición de la criatura)
tienen comicidad, o bien van avanzando en su historia absurda. Acá
los primeros 40 minutos están repletos de diálogo
detestable y futil, que sólo sirve para dilatar la aparición
de los FX y que la película no sea tan cara. Pero no explica
nada, y puebla la pantalla con un villano idiota, heroína
de carton que no se traga la historia, científico bueno que
conoce la verdad, soldado canchero que cree lidiar con el monstruo,
periodista tramposo que descubre los trapos sucios del villano,
general inepto que no sabe lidiar con la invasión, etc.,
que tienen diálogos francamente aberrantes. Quizás
si todo el casting fuera coreano, el resultado podría
haber sido mejor - no sé por qué, los actores orientales
pueden recitar los parlamentos más bizarros y resultar más
creíbles, o al menos le dan un valor camp mucho mejor
-.
Una vez que uno soporta toda esta tortura testicular durante 40
minutos, esperando que el film se redima un poco cuando Yonggary
entre en acción, termina por descubrir que la criatura es
un bicho CGI que posiblemente lo hayan diseñado en una Commodore
64. Es horrible. Todas las tomas del monstruo lucen extremadamente
falsas, desentonando con los escenarios de fondo. En un momento,
la pelea del bicho con los helicopteros (otros CGI realmente malos)
luce tan patética que un videogame de los 80 se vería
muchísimo mejor en pantalla.
Reptilian es un film bizarro y decididamente malo. Para
nosotros, que hemos visto películas de todo tipo de calidad,
nos resulta insalvable. Malos actores, mala dirección, malos
FX, malos diálogos. Un bodrio sideral que uno debería
evitar. |
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