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USA, 1970 : James Franciscus (Brent), Charlton Heston
(George Taylor), Linda Harrison (Nova), Maurice Evans
(Dr Zaius), James Gregory (General Ursus), Kim Hunter
(Zira), David Watson (Cornelius), Paul Richards (Mendez),
Don Pedro Colley (mutante), Jeff Corey (Caspay), Victor
Buono (mutante), Natalie Trundy (Albina) Director
- Ted Post, Guión - Paul Dehn, sobre caracteres
creados por Pierre Boulle, Música - Leonard Rosenman |
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TRAMA : Una nueva misión espacial se
estrella en el planeta regido por los simios. Brent
es el único superviviente. Mientras entierra
a los cadáveres del resto de la tripulación,
encuentra a Nova - la compañera humanoide de
Taylor - vagando por el desierto, y con la placa identificatoria
del astronauta. Nova guía a Brent hasta el poblado,
donde descubre con horror a los simios parlantes. A
través de Nova logra contactar a Zira y Cornelius,
quien le proveen alimento y ropas, y le dicen que los
simios van a ir a explorar la llamada Zona Prohibida,
para expandir su poderío e investigar misteriosas
desapariciones de exploradores enviados al lugar. Brent
decide ir a la zona, ya que tiene la certeza que puede
encontrar a Taylor allí. Pero lo que descubre
son los restos de la ciudad de Nueva York, que mantiene
ahora a una numerosa población de seres humanos
mutantes con capacidad telepática viviendo bajo
tierra. Interrogado y torturado por los mutantes, Brent
les comunica los planes de los simios. Y entonces descubre
que los mutantes se han organizado bajo un culto que
adora a la última y más letal de las bombas
atómicas sobrevivientes del holocausto nuclear
- el dispositivo Alfa Omega, capaz de arrasar al planeta
entero -. Hallando a Taylor en un calabozo, ambos intentarán
detener el uso del artefacto antes que los mutantes
lo detonen para defenderse de la invasión de
los simios.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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El Planeta de los Simios
es lo más parecido a una saga moderna en la era
pre Star Wars. La serie se
inicia en 1968 y generaría cinco películas
y dos series de TV. Fue un éxito totalmente inesperado:
productores, guionistas y actores esperaban una tibia
respuesta pero no el formidable blockbuster que
terminó arrasando las taquillas. Era lógico
que los productores pidieran a gritos la secuela.
En general la memoria le falla a la gente; y la verdad
es que El Planeta de los Simios es un producto
menos formidable de lo que realmente a uno le parece.
Hay muchas cosas que funcionan, hay escenas memorables
(como el clásico final de la Estatua de la Libertad),
pero también hay enormes huecos de lógica,
cuando no argumentos que se contraponen. Funcionaba
muy bien como alegoría, lo cual permitía
disculpar los errores de continuidad, amén de
la frescura de su argumento.
Regreso al Planeta de los Simios es la primera
de las secuelas; es un filme muy bueno en sus propios
términos, aunque no es comparable a la primera
entrega. Si El Planeta
de los Simios era una alegoría, aquí
es directamente un filme de aventuras que no se preocupa
demasiado en profundizar aspectos de la primera película.
Un aspecto muy particular de esta cinta (y de las siguientes)
es que los guionistas terminan por desarrollar toda
una epopeya basada en las premisas de la novela de Pierre
Boulle. A diferencia de otras sagas (La
Guerra de las Galaxias, El
Señor de los Anillos, Matrix)
no hay una continuidad directa de personajes e historias.
Los protagonistas así como los escenarios cambian
de una secuela a la otra, y existe una progresión
narrativa que termina (en los cinco filmes) por cerrar
el círculo de la historia y explicar los orígenes
de este universo regido por los simios. Mientras que
una saga habitualmente traslada toda su troupe
de personajes (principales y secundarios) en cada entrega,
y engancha la trama de una con otra - combatir a un
imperio del mal, el regreso de los héroes, la
aparición de nuevos retos, el desarrollo en un
escenario único -, El Planeta de los Simios
y sus secuelas se ha preocupado por cambiar de planetas,
de protagonistas e incluso de épocas.
Esto no tiene que ver con decisiones creativas arriesgadas,
sino que simplemente nadie pensaba en secuelas en aquella
época. El Planeta
de los Simios fue pensado como filme único.
Al momento de que la Fox vió la taquilla,
encargó la secuela (también pensada como
única entrega). Y ya para el tercer filme empezó
a pensarse en dejar finales abiertos y continuar enganchando
la historia.
El productor Arthur P. Jacobs contactó originalmente
a Boulle para escribir la secuela - llamada El Planeta
de los Hombres -, que estaba pensada en términos
épicos más tradicionales, con Taylor y
Nova generando una raza de humanos parlantes inteligentes
que terminaban por combatir a los simios. Entonces Jacobs
terminó por acudir a Paul Dehn, quien terminaría
por escribir ésta y todas las secuelas restantes.
Dehn no es Rod Serling, y decide narrar en términos
de una aventura más tradicional. La primera parte
del film es un clon de El Planeta de los Simios,
con un nuevo astronauta llegado al planeta, deambulando
por ahí, descubriendo a los simios y escapando
de sus garras. James Franciscus tampoco es Charlton Heston,
pero en su defensa se puede decir que tampoco la calidad
de sus líneas tienen el impacto del primer film.
El descubrimiento de Brent de los simios parlantes es
bastante rutinario, y prácticamente no hay shock
por entender semejante universo bizarro. Tampoco hay demasiada
coherencia en algunos aspectos - si la expedición
de Taylor estaba pensada para navegar infinitamente, sin
importar el tiempo, ¿por qué alguien
mandaría una misión de rescate, si cuando
desapareció ya habían pasado 2.000 años
terrestres? -. En cambio, están algo mejor
desarrollados los primeros razonamientos de Brent acerca
de ese planeta extraño donde se respira y hay agua.
La travesía por el poblado simio es bastante
fútil, y sólo sirve para mostrar al villano
de turno - el General Ursus -, cuyas causas de expedición
a la Zona Prohibida no resultan demasiado claras. En
un momento habla de investigar la desaparición
de expedicionarios, pero también menciona la
necesidad de expandir la nación simia. Esta escena
es quizás el único momento en que el film
se atreve a rozar algunas fibras alegóricas de
la primera entrega - los parlamentos y las acciones
de Ursus son claramente nazis, con frases como "no
hay mejor humano que el humano muerto"; la
necesidad de la supremacía de la nación
simia y de expandir su territorio -, mientras que en
la partida de las tropas se ven a los militares desbandando
a una manifestación de pacifistas (¿ecos
de las manifestaciones en contra de la guerra de Vietnam?).
Pero todo esto es demasiado breve.
Hay otros errores de coherencia narrativa como la confianza
puesta por el Dr. Zaius en Zira y Cornelius (interpretado
en esta ocasión por David Watson, ya que Roddy
Mc Dowall tenía compromisos laborales para la
fecha del rodaje), algo que contradice los momentos
finales del primer filme (donde iban a ser juzgados
y encarcelados por su pensamiento progresista). Es ridículo
que Zaius - un defensor a ultranza del status quo
- decidiera poner el mando los valores morales y
científicos a aquellos a quienes ha descalificado
por ser revolucionarios.
Pero donde el filme termina por desarrollar su verdadera
personalidad es en la segunda parte, en donde Brent
descubre la civilización mutante subterránea
que vive bajo los restos de Nueva York. Es una secuencia
hecha con mucho detalle, con enormes sets que
representan la roca fundida por el calor atómico,
fusionada con autobuses y edificios. El hallazgo de
los mutantes es realmente impactante, con acciones bien
pensadas que demuestran su superioridad como raza -
la comunicación telepática, el control
de mentes que ordenan a los enemigos matarse entre ellos,
la proyección de hologramas para asustar a los
simios -. Increíblemente la secuencia del culto
a la bomba no resulta ridícula sino seriamente
siniestra: los mutantes han sido creados por la bomba
y la adoran como un Dios; ella les dio vida y ella puede
acabarlos. Lo que no es tan claro es cómo éstos,
que son descendientes de generaciones de humanos afectados
por la radiactividad y que han evolucionado, han podido
reproducirse ya que deberían ser estériles.
Tampoco es claro cómo no pueden dominar las mentes
de los simios, y toda la secuencia final termina por
ser un holocausto de proporciones bíblicas -
al estilo de Masada, con el líder ordenando
al pueblo que se suicide -, amén de que Taylor
desencadena el armagedón que termina por arrasar
al planeta.
Es un muy buen filme en sus propios términos.
Quizás no memorable pero superior a la media.
Dehn recibiría al poco tiempo la orden de escribir
la tercera secuela, que trasladaría la acción
a nuestro tiempo con Zira y Cornelius haciendo de astronautas
en la Tierra en Escape del Planeta de los Simios.
Pero esa ya es otra historia.
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