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USA, 1970 : James Franciscus
(Brent), Charlton Heston (George Taylor), Linda Harrison (Nova), Maurice
Evans (Dr Zaius), James Gregory (General Ursus), Kim Hunter (Zira),
David Watson (Cornelius), Paul Richards (Mendez), Don Pedro Colley
(mutante), Jeff Corey (Caspay), Victor Buono (mutante), Natalie Trundy
(Albina) Director - Ted Post, Guión - Paul Dehn,
sobre caracteres creados por Pierre Boulle, Música - Leonard
Rosenman |
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El Planeta de los Simios es lo
más parecido a una saga moderna en la era pre Star
Wars. La serie se inicia en 1968 y generaría cinco películas
y dos series de TV. Fue un éxito totalmente inesperado: productores,
guionistas y actores esperaban una tibia respuesta pero no el formidable
blockbuster que terminó arrasando las taquillas. Era
lógico que los productores pidieran a gritos la secuela.
En general la memoria le falla a la gente; y la verdad es que El
Planeta de los Simios es un producto menos formidable de lo
que realmente a uno le parece. Hay muchas cosas que funcionan, hay
escenas memorables (como el clásico final de la Estatua de
la Libertad), pero también hay enormes huecos de lógica,
cuando no argumentos que se contraponen. Funcionaba muy bien como
alegoría, lo cual permitía disculpar los errores de
continuidad, amén de la frescura de su argumento.
Regreso al Planeta de los Simios es la primera de las secuelas;
es un filme muy bueno en sus propios términos, aunque no
es comparable a la primera entrega. Si El
Planeta de los Simios era una alegoría, aquí es
directamente un filme de aventuras que no se preocupa demasiado
en profundizar aspectos de la primera película. Un aspecto
muy particular de esta cinta (y de las siguientes) es que los guionistas
terminan por desarrollar toda una epopeya basada en las premisas
de la novela de Pierre Boulle. A diferencia de otras sagas (La
Guerra de las Galaxias, El
Señor de los Anillos, Matrix)
no hay una continuidad directa de personajes e historias. Los protagonistas
así como los escenarios cambian de una secuela a la otra,
y existe una progresión narrativa que termina (en los cinco
filmes) por cerrar el círculo de la historia y explicar los
orígenes de este universo regido por los simios. Mientras
que una saga habitualmente traslada toda su troupe de personajes
(principales y secundarios) en cada entrega, y engancha la trama
de una con otra - combatir a un imperio del mal, el regreso de los
héroes, la aparición de nuevos retos, el desarrollo
en un escenario único -, El Planeta de los Simios
y sus secuelas se ha preocupado por cambiar de planetas, de protagonistas
e incluso de épocas.
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Esto no tiene que ver con decisiones creativas arriesgadas, sino
que simplemente nadie pensaba en secuelas en aquella época.
El Planeta de los Simios fue
pensado como filme único. Al momento de que la Fox
vió la taquilla, encargó la secuela (también
pensada como única entrega). Y ya para el tercer filme empezó
a pensarse en dejar finales abiertos y continuar enganchando la
historia.
El productor Arthur P. Jacobs contactó originalmente a Boulle
para escribir la secuela - llamada El Planeta de los Hombres
-, que estaba pensada en términos épicos más
tradicionales, con Taylor y Nova generando una raza de humanos parlantes
inteligentes que terminaban por combatir a los simios. Entonces
Jacobs terminó por acudir a Paul Dehn, quien terminaría
por escribir ésta y todas las secuelas restantes.
Dehn no es Rod Serling, y decide narrar en términos de una
aventura más tradicional. La primera parte del film es un
clon de El Planeta de los Simios, con un nuevo astronauta
llegado al planeta, deambulando por ahí, descubriendo a los
simios y escapando de sus garras. James Franciscus tampoco es Charlton
Heston, pero en su defensa se puede decir que tampoco la calidad
de sus líneas tienen el impacto del primer film. El descubrimiento
de Brent de los simios parlantes es bastante rutinario, y prácticamente
no hay shock por entender semejante universo bizarro. Tampoco
hay demasiada coherencia en algunos aspectos - si la expedición
de Taylor estaba pensada para navegar infinitamente, sin importar
el tiempo, ¿por qué alguien mandaría una
misión de rescate, si cuando desapareció ya habían
pasado 2.000 años terrestres? -. En cambio, están
algo mejor desarrollados los primeros razonamientos de Brent acerca
de ese planeta extraño donde se respira y hay agua.
La travesía por el poblado simio es bastante fútil,
y sólo sirve para mostrar al villano de turno - el General
Ursus -, cuyas causas de expedición a la Zona Prohibida no
resultan demasiado claras. En un momento habla de investigar la desaparición
de expedicionarios, pero también menciona la necesidad de expandir
la nación simia. Esta escena es quizás el único
momento en que el film se atreve a rozar algunas fibras alegóricas
de la primera entrega - los parlamentos y las acciones de Ursus son
claramente nazis, con frases como "no hay mejor humano que
el humano muerto"; la necesidad de la supremacía de
la nación simia y de expandir su territorio -, mientras que
en la partida de las tropas se ven a los militares desbandando a una
manifestación de pacifistas (¿ecos de las manifestaciones
en contra de la guerra de Vietnam?). Pero todo esto es demasiado
breve.
Hay otros errores de coherencia narrativa como la confianza puesta
por el Dr. Zaius en Zira y Cornelius (interpretado en esta ocasión
por David Watson, ya que Roddy Mc Dowall tenía compromisos
laborales para la fecha del rodaje), algo que contradice los momentos
finales del primer filme (donde iban a ser juzgados y encarcelados
por su pensamiento progresista). Es ridículo que Zaius -
un defensor a ultranza del status quo - decidiera poner el
mando los valores morales y científicos a aquellos a quienes
ha descalificado por ser revolucionarios.
Pero donde el filme termina por desarrollar su verdadera personalidad
es en la segunda parte, en donde Brent descubre la civilización
mutante subterránea que vive bajo los restos de Nueva York.
Es una secuencia hecha con mucho detalle, con enormes sets que
representan la roca fundida por el calor atómico, fusionada
con autobuses y edificios. El hallazgo de los mutantes es realmente
impactante, con acciones bien pensadas que demuestran su superioridad
como raza - la comunicación telepática, el control
de mentes que ordenan a los enemigos matarse entre ellos, la proyección
de hologramas para asustar a los simios -. Increíblemente
la secuencia del culto a la bomba no resulta ridícula sino
seriamente siniestra: los mutantes han sido creados por la bomba
y la adoran como un Dios; ella les dio vida y ella puede acabarlos.
Lo que no es tan claro es cómo éstos, que son descendientes
de generaciones de humanos afectados por la radiactividad y que
han evolucionado, han podido reproducirse ya que deberían
ser estériles. Tampoco es claro cómo no pueden dominar
las mentes de los simios, y toda la secuencia final termina por
ser un holocausto de proporciones bíblicas - al estilo de
Masada, con el líder ordenando al pueblo que se suicide
-, amén de que Taylor desencadena el armagedón que
termina por arrasar al planeta.
Es un muy buen filme en sus propios términos. Quizás
no memorable pero superior a la media. Dehn recibiría al
poco tiempo la orden de escribir la tercera secuela, que trasladaría
la acción a nuestro tiempo con Zira y Cornelius haciendo
de astronautas en la Tierra en Escape del Planeta de los Simios.
Pero esa ya es otra historia. |
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