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- ¡El batimovil ha desaparecido, Adam!
- ¿Sabes que significa eso?
- Uhh... no. ¿Qué?
- Que este es un trabajo para... ¡actores!
Posiblemente una de las series de culto más
amadas y populares a nivel mundial sea Batman
(1966 - 1968). Con su mezcla de imaginería, gadgets,
humor camp y tramas absurdas, tenía de
todo para todos. La influencia de Batman
ha sido enorme, e incluso a más de 40 años
de su emisión sigue ganando nuevos adeptos.
Pero como suele pasar, cuando a un actor le toca un
hit monumental de ese calibre, lo que le sigue es una
caída libre al abismo. Para darse una idea de
la magnitud del fenómeno, se suele referenciar
a que los sesentas estuvieron marcados por las tres
B: James Bond,
Los Beatles y Batman.
Imagínense remontar semejante cuesta; y lo que
siguió para los protagonistas - Adam West y Burt
Ward - fue harto obvio: desde la falta de trabajo hasta
el encasillamiento, nunca los actores pudieron repuntar
sus carreras. De hecho ambos terminarían trabajando
en versiones animadas de Batman y Robin para
la TV, o bien en la horrenda versión en vivo
de la Hanna Barbera sobre una liga de super héroes
(Legends of the Superheroes - 1979), o bien apareciendo
en convenciones de fans.
Ciertamente ni West ni Ward eran buenos actores. Mientras
estaban en el pico de la fama tuvieron oportunidades
exageradas (a Adam West le ofrecieron el papel de 007,
y Burt Ward estuvo a punto de ser El Graduado),
pero lo que siguió después de la cancelación
del show fue tristísimo. West tenía una
carrera previa a la serie, lo que le permitió
mantenerse a flote de alguna manera - haciéndose
una carrera en la serie B y Z -, pero Ward cayó
practicamente en el ostracismo. En los 90 tuvo la suerte
de casarse con la hija de un millonario y fundó
una empresa de efectos especiales que participó,
entre otros films, de los FX de The Bulletproof Monk.
Pero salvo eso, Burt Ward no hizo nada notable en los
últimos 40 años.
En cambio la suerte de West fué variando con
el tiempo. Con los años empezó a darse
cuenta de su valor como figura de culto, y comenzó
a explotarla. Mientras que al principio (en los primeros
años post Batman) asumió papeles
radicalmente opuestos a su imagen como el de un asesino
serial en The Girl Who Knew Too Much (1969) para
poder despegarse del papel, con el correr de las décadas
comenzó a desarrollar toda una industria basada
en su figura y en la memorabilia de Batman. Lo
que al principio odió, terminó por transformarse
en su modo de vida, haciendo de sí mismo en diversas
series (Los Simpson, The Family Guy),
o interpretando otros papeles de superhéroes
(como su parodia de William Shatner en Chicken Little),
o roles con perfiles similares a su persona en la vida
real (Batman: The Animated Series, donde hace
de un actor encasillado con su papel de superhéroe
de una tira televisiva). Tal como la troupe de
Star Trek entendió
que había una mina de oro bajo sus ojos, y que
él era una marca registrada.
Y tal como Shatner, Nimoy y otros tripulantes del Enterprise,
decidió publicar sus memorias: Regreso a la
Baticueva (1994). Burt Ward haría lo mismo
con Chico Maravilla: Mi Vida en Calzas.
Regreso a la Baticueva: Las Desventuras de Adam y Burt
es un telefilm reunión del 2003 basado parcialmente
en ambos libros, aunque mucho más sanitizado. Acá
la producción apunta directamente al fan y al homenaje,
y filtra gran cantidad de sórdidos detalles que
West y Ward describieron en sus libros, como las numerosas
orgías a las que West y Frank Gorshin fueron invitados,
los maratones sexuales de West con el ejército
de fans que asediaban la filmación, o los ataques
personales que se cruzaron ambos protagonistas durante
y después de la serie. Algo de eso hay en el film
- West pasando la noche con dos chicas, o la escapada
sexual de Ward con una fan demente que casi lo mata (aquí,
interpretada por la hija de Adam West) -, pero todo eso
está tan filtrado que resulta poco verosímil.
Incluso los graves enfrentamientos que tenía la
dupla en el set están alivianados - de hecho, filmar
con Burt Ward equivalía a una masacre testicular,
ya que exigía cámara, líneas, e incluso
llegó a enfrentarse personalmente con Bruce Lee
cuando éste apareció invitado como Kato
junto al Avispón Verde en un capítulo
-.
Pero mientras que la sección biográfica
es muy light - que puede complacer a la mayoría
de la gente, pero los fans que han leído los
libros saben que los detalles más bizarros quedaron
ocultos tras la alfombra -, los productores decidieron
unir esta trama con un argumento que reconstruye fielmente
el tono camp de la serie. Aquí los actores
verdaderos terminan por hacer de héroes sin disfraz,
uniendo ficción y realidad, y transformando todo
el segmento en una exquisita metaficción. Algo
similar a lo que sucede en Wes Craven New Nightmare,
donde los reales John Saxon, Wes Craven e incluso Robert
Englund son acosados por Freddy que es un personaje
de ficción.
Todo el segmento con Adam y Burt investigando el paradero
del Batimovil es, como dicen los españoles, una
gozada. Como siempre digo los malos actores son
excelentes comediantes, y el timing cómico de
Adam West es impecable. Además de recuperar la
locura y el humor de la serie, nuestros ídolos
pasan todo el tiempo autoparodiándose. El papel
de Burt Ward sigue siendo secundario, pero igual está
logrado. Ver a los vejetes peleando contra una troupe
de secuaces al mejor estilo de los 60 (con los Kapow
y los Boing) es brillante. Los encuadres y los
colores respetan a los del show. Y ver a algunos de
los villanos sobrevivientes de la tira es glamoroso,
si bien actuando Julie Newmar es sencillamente lamentable.
A esto se suma el plus de Lyle Waggoner (en su momento,
candidato al papel y descartado, y que recibiría
una revancha con la serie de culto Wonder Woman)
como narrador - y ocupando el lugar que tenía
realmente el productor William Dozier en la tira -,
que es una joyita oculta. No quedan dudas de que este
es un trabajo de amor hecho por los fans para los fans.
Lamentablemente la parte histórica - la reconstrucción
de la filmación de la serie - choca un poco con
esta narrativa. Ciertamente añade un montón
de otro tipo de golosinas para el fanático que
nunca supo las realidades tras bambalinas, pero intenta
seguir en algunos momentos una línea dramática
que suena algo chocante y que no lo logra. Desde los
fracasos matrimoniales de ambos , pasando por perfilar
a Burt Ward en un tono payasesco, hasta cierta actitud
demasiado perfecta de los actores de la vida real; .
En todos los casos las interpretaciones van de lo correcto
a lo excelente. Tanto Adam West como Burt Ward están
brillantes, pero el otro que roba escenas es Ray Buktenica
como el director de cine Robert Butler, que pone unas
expresiones de asombro impagables.
Como detalles adicionales, el telefilm sólo
muestra fragmentos de la película
de 1966 y no del show. Esto se debe a que la Warner
tiene los derechos sobre el personaje, y mantiene una
agria disputa legal con la Fox - productora de
la tira - desde hace años (además la Warner
es dueña de DC Comics). Por esa lamentable
razón es que la serie nunca pudo ser lanzada
en DVD, y a duras penas es exhibida en canales de cable.
Es realmente triste porque un show tan amado a nivel
mundial es aguardado por millones de fans para recrearlo
en la intimidad de sus hogares. Pero, a la espera de
que algún día llegue ese momento, podemos
disfrutar con Adam West y Burt Ward, disparando diálogos
absurdos y recreando la magia que los hiciera famosos
y amados por todo el mundo.
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