| |
La moralina conservadora de los años 30 así como el código
Hays crearían un férreo control de ética sobre los libretos
de Hollywood que regiría por cerca de cuarenta años. Pero hecha
la ley, hecha la trampa, y muchos productores se lanzaron a producir filmes "moralizantes"
que en realidad terminaban mostrando (o sugiriendo) todo aquello que estaba prohibido
por los códigos de ética, para el degenerado deleite de las audiencias
corrompidas.
Algo de esto pasa con Reefer Madness. En un principio es un film de
propaganda contra la droga (especialmente contra la marihuana), y estaba producido
por una iglesia - algo que era bastante común en esa época; si no,
vean cómo Ed Wood Jr. consiguió fondos para Plan
9 del Espacio Exterior -. Pero el film fue adquirido por el productor Dwain
Esper, que le agregó algunos inserts y lo re-vendió con decenas
de nombres diferentes, como si se trataran de películas distintas - Tell
Your Children, Doped Youth, Dope Addict, etc -. La finalidad
de Esper era puramente exploitation, como otros filmes que produciría
- Marihuana, Maniac, Sex Madness, etc -.
El film pasaría sin pena ni gloria hasta los 70, donde fue redescubierto
y exhibido en los campus norteamericanos, donde terminó por convertirse
rápidamente en un film de culto. Y no es dificil saber el por qué;
Reefer Madness (La Locura del Porro) es un film descomunalmente
malo que termina por ser una fabulosa comedia inintencional. El humor camp
que rodea a los bajísimos valores de producción y dirección
lo han hecho eterno candidato al primer lugar de los peores filmes de todos los
tiempos, puesto que siempre pierde a manos de Plan 9.
 |
Pero aún como clásica bad movie, es realmente despareja.
El comienzo, donde el Dr. Alfred Carroll (en una estoica actuación de Joseph
Forte, un actor que parece morder las palabras!) vomita todo su discurso
moralizante , es bastante aburrido. Todo parece indicar que uno esta frente a
esos filmes clase B o Z, de tono seudo documental, actuaciones duras y discursos
altisonantes. Allí vemos a la juventud modelo, compuesta por un grupo de
palurdos que parecen tener 30 años o más, y que hacen un montón
de idioteces para mostrar su inocencia - la escena donde Jimmy le recita a Mary
fragmentos de Romeo y Julieta es descomunalmente patética -.
Pero, ¡oh, cielos!, esta juventud americana modelo pronto se verá
acosada por el flagelo de la hierba demoníaca. Tan puros, inocentes
y virginales, rápidamente serán corrompidos por la marihuana,
ofrecida por adultos inmorales e inescrupulosos!. Allí es donde Reefer
Madness realmente despega y consigue su status de culto, en las memorables
secuencias de las fumatas, realizadas con el peor tino posible. Es obvio que ni
los guionistas ni el director nunca vieron a nadie drogarse con la marihuana,
ni siquiera escucharon de cómo era el proceso - además, los pésimos
criminales del film regalan porros todo el tiempo; ¿cómo logran
tener una mafia rentable?. A menos que sean subsidiados por los comunistas
y su propósito fuera destruir la juventud americana, simiente del estado
lider de la justicia e igualdad en el mundo -. Según el film, comienza
por una risa histérica, luego alucinaciones, sensación de que el
tiempo se detiene, una exhuberante fiebre sexual, y culmina en actos violentos.
Desde el momento que los muchachos pisan el antro, y el pianista se droga, haciendo
su mejor imitación de Cosmo Kramer en Seinfeld, la audiencia se
despatarra de risa en la platea.
A esto siguen las escenas en el departamento de los criminales Jack y Ralph.
Jack vive comiendo todo el tiempo mientras que la juventud descarriada baila como
idiota en su living, se ríe de cualquier pavada, se besuquean lascivamente
en los rincones y se babea por cualquier cosa - existe una versión lanzada
en DVD, retocada digitalmente, donde las escenas estçan coloreadas de modo
sicodélico con los chicos exhalando humo verde cuando se fuman un porro,
algo que debe ser digno de ver -. Del mismo modo, Ralph - Dave O´Brien,
que sobreactúa a niveles siderales - vive pasado de rosca, se ríe
como un idiota y le pide a gritos a Blanche que toque el piano cada vez más
rápido mientras la cámara toma primerísimos planos de sus
ojeras ultramaquilladas. Cada escena de dopamiento masivo es fabulosamente delirante.
El problema es que, cuando los tipos no se falopean ni sobreactúan,
la historia sigue con su derrotero estoico y tremendista. Ya cuando a Bill lo
enjuician, el film baja su gracia. Por suerte Ralph tiene un par de escenas más
de delirio, pero el resto es muy torpe siquiera para resultar gracioso. Como todos
los cuentos moralizantes, los villanos se redimen con la muerte o son duramente
castigados por la justicia.
Es un film muy entretenido cuando los chicos están dados vuelta. El
resto es horrible y aburrido. La versión coloreada en DVD
debe ser formidable, y habría que conseguir la remake
en versión musical que se produjo en Broadway (y que se filmó
para TV en el 2005).
Reefer
Madness (1936) es una clásica bad movie escrita
como panfleto contra la droga. Reefer
Madness: The Movie Musical (2005) es la opera rock en tono satírico
basada en la misma. |
|