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El Ratón en
la Luna es la adaptación de una
de las cinco novelas que publicó Leonard
Whibberley entre 1955 y 1981, y que se trataba de
una saga de sátiras basadas en el absurdo,
las cuales terminaron siendo muy populares. De hecho
el primer título - El Rugido
del Ratón - fue llevado al
cine en 1959, en una comedia dirigida por Jack Arnold
y protagonizada por Peter Sellers (a cargo de tres
de los personajes principales). Esta versión
de 1963 es la secuela del filme de Arnold, ahora
con la dirección de Richard Lester, quien
más tarde terminaría por reafirmar
su carrera con la película de Los Beatles
Anochecer de un Dia Agitado (1964)
y tendría una larga filmografía que
incluiría algunas entregas de la saga de
Superman.
La idea tras las novelas de Whibberley es extremadamente
simple y efectiva: utilizar un micropaís
ficticio para mostrar, en tono de sátira,
las miserias de la política de las superpotencias.
Por ejemplo, en El Rugido del Ratón
la gente del ducado de Grand Fenwick decide declararle
la guerra a Estados Unidos, convencidos de que
van a ser aplastados y, de ese modo, recibir abundante
ayuda financiera para la reconstrucción
del país - con todos los dardos disparados
hacia el plan Marshall y la reconstrucción
alemana de las post guerra -. Lo más
gracioso de todo el asunto era que la invasión
a USA, a cargo de diez tipos, resultaba ser un
éxito (!) y esa gente terminaba por apoderarse
de los planos de una bomba mas letal que la atómica,
razón por la cual el microscópico
ducado pasaba a ser una super potencia de la noche
a la mañana (!!).
Ahora el chiste de El Ratón en
la Luna pasa por satirizar la carrera
espacial y las tramoyas del espionaje entre superpotencias.
Como siempre, las cosas en Grand Fenwick pasan
por el vino - que no lo pueden vender, por
un motivo u otro -, y entonces se les ocurren
las cosas más disparatadas. El tema es
que esas locuras encuentran cabida en las superpotencias
- quienes mandan dinero y tecnología,
confiados en que la gente del ducado es inoperante
- y las cosas se salen de control cuando el defectuoso
vino resulta ser un combustible propulsor de cohetes
de alta efectividad. Allí comienza el choque
de egos entre las potencias, las apuradas para
disparar un misil que llegue a la Luna antes que
el enviado por el ducado, y las futiles rencillas
por quién (y dónde) clavará
la bandera de su país en territorio lunar.
Esta es una comedia amable y simpática.
No esperen risotadas porque no las hay, pero todos
los personajes tienen un costado lunático
que, a la larga, terminan por deleitar. Los redundantes
americanos, los desconfiados ingleses, los envidiosos
soviéticos o la gente del ducado, que se
alterna entre los vivos que están por la
plata y los tipos prácticos que apelan
al sentido común para hacer funcionar las
cosas. Uno podría decir que la gente del
ducado gana la carrera espacial, simplemente por
pensar de manera sencilla.
El Ratón en la Luna es
una linda película. No esperen ver algo
memorable. Como comedia está ok, aunque
hay algún que otro personaje - como
el espía que interpreta Terry-Thomas
- que bordea lo molesto, pero su presencia en
pantalla sólo dura unos minutos. Por lo
demás, es un amable pasatiempo que se puede
ver sin sentimiento de culpa. |