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Finlandia / Suecia / Francia
/ Noruega, 2010 : Onni Tommila (Pietari), Peeter Jakobi
(Santa), Per Christian Ellefsen (Riley), Jorma Tommila
(Rauno), Tommi Korpela (Aimo), Jonathan Hutchings (Greene)
Director - Jalmari
Helander, Guión - Jalmari Helander
TRAMA : En la gélida
región de Laponia, un equipo está realizando
una enorme excavación arqueológica. Cerca
del lugar vive el joven Pietari junto con su padre,
quienes se dedican a la cría de renos como todos
los pobladores de la zona. Pero un día todos
los animales aparecen despedazados, y el padre de Pietari
está convencido de que las explosiones de la
excavación han atraído a los depredadores
a la zona. Decidido a exigir un reclamo, los campesinos
penetran el perímetro y se dirigen a las instalaciones
arqueológicas... solo para descubrir un reguero
de cadáveres y un gigantesco agujero en el suelo.
Y, entre los papeles de los científicos, hallan
pistas de que la misión habría encontrado
un enorme glaciar en donde antiguos habitantes de la
zona habrían sepultado vivos a un centenar de
criaturas que asolaban el lugar hace cientos de años.
El tema es que esos demonios - que parecen haber sido
la base de la leyenda original de Santa Claus - ahora
han quedado sueltos y están listos para destrozar
a quien se le interponga en su camino, escudados bajo
su inocente aspecto.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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De la península escandinava están surgiendo
películas fantásticas cada vez más
grossas. Se me ocurre Dead
Snow y la original Déjame
Entrar, amén de otros filmes de género
como Insomnia y la trilogía Millenium.
Ahora llega el turno de Rare Exports: A Christmas Tale
(Extrañas Exportaciones: Un Cuento de Navidad),
que tiene visos de comedia de terror. Oh sí,
este es un relato que haría las delicias de una
parva de directores americanos de la talla de Tim Burton,
Joe Dante, Sam Raimi o Robert Zemeckis. En una temporada
plagada de películas lamentables, Rare Exports:
A Christmas Tale es un shock orgásmico de creatividad.
Es cierto que no maneja la idea central con la prolijidad
que debiera, pero ¿a quién le importa?.
Es una bocanada de ideas frescas en medio de tanta mediocridad
generalizada.
Aquí dirige Jalmari Helander, quien venía
insistiendo con la idea desde el 2003 cuando rodó
su corto Rare Exports Inc. (que, les ordeno,
NO VEAN hasta que no hayan consumido esta película,
así no arruinan el efecto; el corto está
disponible en YouTube). Acá consiguió
capitales internacionales, y expandió el concepto
al formato de largometraje. Se nota que Helander es
fan del cine fantástico americano de los ochenta,
porque la investigación que realiza el joven
protagonista es la típica que haría cualquier
chico en una película de Joe Dante o Robert Zemeckis.
Pietari se obsesiona con la leyenda de Santa Claus (Papá
Noel) e investiga en viejos libros (esos que sólo
abundan en la casa de los protagonistas de los filmes
fantásticos y de terror, pero que son imposibles
de conseguir en cualquier biblioteca pública;
la pregunta Monty Python del día es:
¿por qué unos ignorantes criadores lapones
de renos tendrían en sus casas decenas de libros
sobre antiguas leyendas de Santa Claus?). Allí
descubre que Santa en realidad era un antiguo demonio
que destrozaba a los chicos malos y que, luego, los
narradores de cuentos y la Coca Cola se encargaron
de sanitizar la leyenda (lo cual no me parece disparatado;
los hermanos Grimm tomaron sangrientas leyendas urbanas
y las depuraron hasta convertirlas en cuentos infantiles
como Blanca Nieves, Rapunzel o Hansel
y Gretel).
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El comienzo es excelente. Hay un clima fantástico
notable y bizarro, en donde uno se da cuenta de que pasa
algo extremadamente raro cuando el jefe de la excavación
le da a los obreros una lista de las cosas que no pueden
hacer, so pena de perder la vida: no fumar, no maldecir,
etc. Como para que no queden dudas de que esto no
es una película infantil, el padre de Pietari destaza
venados en primer plano frente a la cámara, y tenemos
una masacre generalizada de renos en otra escena. Y, cuando
el equipo de la excavación abre el boquete en el
centro del bloque de hielo en donde reside las criaturas,
la gente empieza a morir. Oh sí, lo que
estaba encerrado en esa cueva ahora se ha liberado y ha
comenzado a atacar a la gente de la zona. Durante el
90% de su duración Rare Exports: A Christmas
Tale se sustenta en la formidable atmósfera
que crea el director Helander. Hay cosas siniestras,
hay cosas cómicas y hay cosas increíbles.
Es un típico filme de Joe Dante - uno nunca
sabe con qué va a salir la historia, o si se
va a decantar por una comedia o un filme de terror
-. Hay un gran climax en donde descubrimos una versión
alternativa de lo que todos entendemos como "Papá
Noel y sus elfitos", que pertenece más
a una pesadilla que a una postal cursi de Navidad.
En todo caso el gran problema con Rare Exports: A
Christmas Tale pasa por su final, ya que el director
Jalmari Helander se obstina en empardarle el desenlace
que figuraba en el cortometraje original (y que justifica
el título de la película), sin comprender
que el filme ya había tomado su propio camino
y resultaba radicalmente diferente. Esto termina por
darle un problema de identidad al último acto,
mostrando que el director no sabía cómo
redondear la historia o cúal era el tono adecuado
para el clímax (para tener una idea de todos
los giros posibles que disponía la trama, todo
esto podría haber terminado de una manera completamente
siniestra con una horda demoníaca suelta y arrasando
el planeta).
Rare Exports: A Christmas Tale es muy muy recomendable.
Quizás no sea completamente satisfactoria, pero
vale la pena verla porque es diferente. Si a usted lo
aburrían las anodinas comedias navideñas
que inundan los cines todos los años (desde Vacaciones
de Navidad con Chevy Chase hasta El Expreso Polar),
aquí tiene un ejemplar que se sale radicalmente
de la norma ... y sólo por ello resulta más
que festejable. |