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John Rambo es la cuarta entrega de la saga que comenzara en
1982 con First Blood (más conocida como Rambo I).
El personaje se basa en la novela homónima de David Morrell,
que trataba sobre el problemático regreso de un veterano de
Vietnam a su pueblo natal, donde terminaba por librar una guerra personal
con el Sheriff local.
En realidad First Blood no tenía nada de extraordinario,
sino que entraba dentro de una corriente revisionista de moda en
el cine de Hollywood de fines de los 70, en donde los veteranos
de la guerra de Vietnam eran victimas de la discriminación
de su propio pueblo. Esto se ha visto tanto en tono dramático
como utilizado como escenario para filmes de acción (La
Guerra de Murphy). First Blood entra dentro de esta última
categoría, cuando la figura de Stallone estaba en pleno apogeo.
El personaje de Rambo podría haber pasado sin pena ni gloria
sino fuera porque vino Rambo II, que resultó extremadamente
popular y disparó todo un subgénero de comandos librando
guerra privadas, y que diera a luz una tonelada de clones que van
de lo potable (Commando) hasta lo intragable (Desaparecido
en Acción), y mezclas bizarras de todo tipo (Predator).
El gran problema, tanto de Rambo II como de Rambo III,
pasaba porque el héroe - que en un principio tenía
una especie de reivindicación personal contra el sistema
- terminaba por transformarse en una especie de Capitan America
de los años 80 (este es un problema que afecta también
a otros títulos de Stallone, y que posiblemente tenga que
ver con creencias personales y elecciones comerciales, como Rocky
IV).
Por naturaleza todo heroe de acción es una figura fascista
desde el momento que se coloca en un nivel de superioridad donde
él es el único que determina lo que es correcto y
justo. Esto es un clisé del género al que uno ha terminado
por acostumbrarse. Pero en el caso de Sylvester Stallone termina
por bordear lo indigerible, ya que se trata de un héroe que
abraza la bandera americana y que por lo tanto, él y los
Estados Unidos terminan por ser los dueños de la justicia.
Muchos héroes (desde Superman
hasta ahora) han nacido con esta marca de fábrica y han evolucionado
con el tiempo, perdiendo gran parte del capital idealista que tenían
en el origen ya que sus creadores se han dado cuenta de la caducidad
de los ideales perfectos. Abrazando causas más universales
(pelear por la humanidad en contra de villanos por todos aceptados)
han logrado escapar y sobrevivir de la rigidez que supone categorizarlos
como propaganda política disfrazada, más cuando los
tiempos han evolucionado y las audiencias (incluso las norteamericanas)
se han vuelto más cínicas. En ese sentido Rambo es
un dinosaurio que sólo pudo surgir en los ochenta, cuanto
la administración Reagan generó toda una cultura ultra
conservadora, propiciando el regreso hacia los supuestos "ideales
americanos".
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Con la llegada del nuevo milenio toda una generación de
héroes surgidos en la era Reagan volvió a resucitar,
desde Indiana Jones hasta John
McClane, y que posiblemente tenga que ver con la necesidad de
recrear figuras heroicas para una generación americana desmoralizada
después del 11 de setiembre de 2001. Ciertamente algunos
héroes son más flexibles de adaptar que otros, pero
el caso de Rambo era extremadamente peculiar: ¿acaso ahora
debería ir a Iraq y liquidar a balazos a Osama Bin Laden?.
A esto se suma la carrera de Stallone, que estaba en franca decadencia.
Al menos Schwarzenegger logró escapar a tiempo yendose por
la tangente de la política, pero es difícil la supervivencia
para un héroe de acción con más de 50 años
(y eso que Stallone tiene ahora 61 años). Tanto es así
que otras figuras secundarias (e incapaces de reciclarse como actores
dramáticos o de comedia) han terminado generando productos
directos a video, relativamente respetables, y donde posiblemente
continuarán hasta el fin de sus días como Jean Claude
Van Damme y Steven Seagal. Aquí Stallone ha decidido tomar
el toro por las astas, y ha reflotado tanto a Rocky Balboa como
a John Rambo con un éxito considerable. Una apuesta arriesgada
que ha terminado por salirle bien.
Rambo IV se perfila como un proyecto personal de Stallone.
Desde el vamos, uno no ve grandes estudios detrás de la producción,
por lo cual el astro ha elegido a productoras pequeñas que
le permitan libertad creativa sobre el resultado final. Envuelto
en el guión y la dirección, la primera sospecha (justificada)
es que parece un intento desesperado por resucitar una carrera en
estado casi terminal (¿hace cuanto que Sylvester Stallone
no consigue un hit de taquilla?).
Y a pesar de que no nos gusta Stallone, ni sus filmes ni su política,
John Rambo se establece como una de las mejores películas
de la saga. No hay demasiada sorpresa en toda la trama; otra vez
el soldado renegado anda por una jungla, aniquilando a centenares
de orientales de la peor manera posible. El perfil de los personajes
no es el más pulido del género, pero es funcional.
En vez de mandarlo a Irak, Stallone regresa a Rambo a sus raíces
en el sur de Asia. Este es un Rambo maduro, más reflexivo
(pero no mucho), aunque igual de letal. Aquí el cruce con
la misión cristiana de ayuda sirve para un pseudo momento
filosófico que quizás no funciona del todo, pero al
menos le pone voluntad. Si el mundo cambia por la voluntad de ayudar
o por las armas (ya sabemos la respuesta). Todo el libreto está
plagado de esas contradicciones; desde que el pastor que se ve obligado
a contratar mercenarios para rescatar a los socorristas, hasta el
misionero que se ve obligado a matar. Mientras que con otro film,
actor y director esto podría ser ridículo, aquí
resulta mucho más digerible, si bien la ingenua buena voluntad
de los misioneros bordea los límites de lo tolerable pero
en escasas ocasiones. Si se quiere ser profundo (y eso que estamos
hablando de una película de acción!) la película
no busca respuestas sino plantear ese tipo de dilemas. Como se deduce
de un monólogo de Rambo, la guerra está impregnada
en la naturaleza de todos los hombres.
Pero John Rambo no busca ser una reflexión sobre
la guerra; en todo caso añade el tema como un detalle interesante
que la hace menos descerebrada que lo que es corriente en el género.
Es en definitiva una película de acción hecha y derecha,
y ahí es donde consigue sus bazas más fuertes. Quizás
la carrera actoral de Stallone esté llegando a su fin, pero
como director de acción es impecable y tiene un futuro promisorio.
Las escenas de tiroteos son sorprendentes, y están rodadas
con un virtuosismo que deja al espectador con la boca abierta. Stallone
parece haber aprendido tanto de Sam Peckimpah como de John Woo algunas
de sus mejores recetas, pero además logra crear momentos
de auténtica tensión. El macabro juego de la milicia
birmana, donde lanzan minas en un bañado y hacen apuestas
a ver cuál de los prisioneros sobrevive corriendo a ciegas
sobre éstas, es formidable. Las muertes realmente shockean,
donde cuerpos y miembros vuelan por los aires en primer plano de
la cámara. Esto no son los tiroteos aburridos de Chuck Norris
en la jungla.
Es cierto que el costado reflexivo del film puede ser algo banal;
el otro punto en contra es la ausencia de un villano que actúe
de modo personal en contra del héroe. Pero en cuanto a violencia
filmada con virtuosismo, y a entretenimiento basado en la masacre
- lo que es propio del género - John Rambo es una
apuesta sólida. Quizás la crítica americana
la haya despreciado, y la recaudación obtenida (100 millones
de dólares) sea modesta para ser una cinta de acción,
pero el film tiene grandes méritos en cuanto a la dirección.
Desde ya espero ansiosamente ver una nueva película de acción
con Sylvester Stallone como director. |
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