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USA, 1967 : Patrick Allen (Jeff
Callum), Christopher Lee (Godfrey Hanson), Jane Merrow
(Angela Roberts), Sarah Lawson (Frankie Callum), Peter
Cushing (Dr Vernon Stone) Director
- Terence Fisher, Guión - Roland Liles, basado
en la novela homónima de John Lymington
TRAMA : La isla de Fara, al
norte de Inglaterra, se ve inmersa en una inusual oleada
de calor, con temperaturas que bordean los 50 grados
mientras que el resto de Europa está sumido en
uno de los más crudos inviernos. Jeff Callum
es un escritor que vive en la isla y regentea un pequeño
hostal donde se aloja el enigmático Godfrey Hanson,
un científico que ha venido a estudiar el fenómeno.
Pero con la aparición de los cadáveres
calcinados de varios pobladores de la zona, Callum le
exige respuestas a Hanson... hasta que éste le
dice su teoría de que se trata de una avanzada
de una invasión alienígena, la que está
aclimatando a la isla a niveles tolerables y similares
a las de su planeta de origen. Y aunque a Callum le
parezca una explicación disparatada, muy pronto
la realidad terminará por comprobar las sospechas
de Hanson.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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En los sesentas Terence Fisher se peleó con la
gente de la Hammer - a quien había llevado
a la fama con sus versiones de Dracula
y Frankenstein a finales de los años 50
-, y fue a parar a una minúscula productora llamanda
Planet Pictures, con quien rodó una trilogía
de películas baratas de sci fi de temática
casi idéntica. Las cosas siempre pasaban en una
isla; la isla quedaba completamente aislada del continente,
y los lugareños terminaban a balazo limpio con
el alienígena invasor de turno. Y todo esto,
hecho con dos mangos y monstruos de papel maché.
Radiaciones en la Noche es el título
que quedó en el medio entre The
Earth Dies Screaming (1964) y La
Isla del Terror (1966). Reitero nuevamente mi completo
aborrecimiento hacia el horror gótico de la Hammer
- no hay películas más aburridas que
esas -, y prefiero un millón de veces ver
películas de terror ambientadas en la época
actual (o en los sicodélicos 60 de aquel entonces).
Acá Fisher dirige muy bien un filme plagado de
limitaciones técnicas y presupuestarias, y el
resultado final es bastante digno. Como pasa con el
resto de la trilogía, el problema pasa por el
último acto en donde se ve que las criaturas
supuestamente horribles son bolsas para la basura
con luces dentro (parecen huevos fritos mutantes)
y todas las expectativas se desploman ante el patetismo
del monstruo de turno. Pero, por dos tercios del filme,
Radiaciones de la Noche es un entretenimiento
más que saludable.
Es interesante comparar la serie B de aquel entonces
con la bazofia que venden ahora. En los tiempos que
corren, serie B es poco más que una mala palabra,
caracterizada por CGI a medio terminar, malas actuaciones
y diálogos abismales. Hace 50 años, en
cambio, las perfomances eran pasables, el director tenía
su talento y la responsabilidad del filme pasaba por
el libretista. Aquí el guionista Roland Liles
tiene que rellenar el tiempo de duración del
filme de la manera más barata posible, y se despacha
con un triángulo amoroso realmente intrigante
dejando a los extraterrestres de turno en un segundo
plano. Está la turra citadina (Jane Merrow),
quien viene desde Londres persiguiendo a su ex amante,
el escritor Jeff Callum (Patrick Allen, dios de la locución
de la TV británica y tipo feo como pocos), el
que quiso escapar a su pasado mudándose a un
pueblito en una isla inglesa acompañado por su
esposa (la bella Sarah Lawson, mujer en la vida real
de Allen). La Merrow vive con el escote abierto, refrescándose
con cubitos de hielo en los senos (otra que Kim Basinger
en Nueve Semanas y Media!), y es una calienta
braguetas de aquellas... y el tontolín de
Patrick Allen se sumerge en su escote una y otra vez.
Qué falta de poder de voluntad.
La macana es que semejante triángulo amoroso -
que está pleno de intriga y situaciones dramáticas
- queda abortado por el abrupto final del filme, que dura
menos de cinco minutos y que a uno lo deja rascándose
la cabeza (es imposible saber qué le pasó
a esos personajes después, o como terminaron las
historias personales). Es como si se hubieran quedado
sin dinero, rodaron rápidamente un climax y despacharon
la película a los cines tal como estaba. A esto
se suma que a) lo de Peter Cushing es un cameo
de menos de 10 minutos y no hace nada de importancia en
el filme y b) lo de Christopher Lee es un poquito
más extendido, pero sólo se dedica a los
extraterrestres y nada tiene que ver con el tórrido
trio de apasionados amantes.
Pero aún con la desprolijidad del final, Radiaciones
en la Noche es mucho mejor que varios centenares
de filmes serie B que uno haya visto en los últimos
tiempos. A uno le queda la sorpresa del climax abrupto,
pero no termina por odiar a la película ya que
todo lo anterior estuvo bien hecho y fue entretenido.
Lo único que uno lamenta es que la producción
se haya quedado sin plata para rodar el climax que la
cinta realmente merecía. |