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GB, 1979 : John Mills (Profesor
Bernard Quatermass), Simon MacCorkindale (Joseph Kapp),
Barbara Kellerman (Claire Kapp), Brewster Mason (Licenciado
Gurov), Margaret Tyzack (Annie Morgan), Ralph Arliss (Kickalong)
Director - Piers Haggard, Guión
- Nigel Kneale
TRAMA : Inglaterra, en un futuro
cercano. El caos se ha apoderado de la sociedad, con
los violentos tomando las calles y la gente refugiada
en casas amuralladas. Hay escasez de energía
y alimentos. El profesor Bernard Quatermass se encuentra
retirado pero es invitado por una cadena de TV para
comentar el histórico encuentro en el espacio
entre astronautas rusos y norteamericanos. Pero el evento
sale mal y un rayo de origen desconocido destruye ambas
naves. Precisamente en el estudio de TV es que Quatermass
se topa con el joven científico Joseph Kapp,
quien opera un radiotelescopio y el que ha comenzado
a captar extrañas señales alrededor de
todo el planeta. Y esas señales se dirigen hacia
lugares milenarios como Stonehenge, hacia el cual se
dirigen sectas que creen que se tratan de portales interdimensionales
para encontrarse con Dios. Pero las multitudes desaparecen
al instante, dejando una cortina de polvo blanco tras
de sí. Y para Quatermass resulta obvio que hay
una inteligencia alienígena detrás de
todos estos incidentes, la que está ejerciendo
un control mental a nivel planetario para atraer a miles
de jóvenes a esos portales y así poder
abducirlos para utilizarlos como alimento para su raza.
Ahora Quatermass y Kapp deberán elaborar un plan
para impedir que la matanza continúe.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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La Conclusión Quatermass es la última
y demorada entrega de una tetralogía escrita por
Nigel Kneale, y basada en uno de los mejores personajes
que haya existido en el género de la ciencia ficción.
A decir verdad, los tres primeros títulos de Kneale
- El Experimento Quatermass,
Quatermass II y Quatermass
y el Pozo - eran seriales producidos por la BBC
en los años 50, los que pasarían más
tarde a la pantalla grande gracias a los estudios Hammer
en una de los pocas incursiones en la sci fi que
hiciera a lo largo de toda su vida. Aún con su
producción escueta, la trilogía Quatermass
de la Hammer terminó siendo sensacional
ya que Kneale elaboraba teorías delirantes, las
respaldaba con potentes argumentos, construía excelentes
personajes, desataba escenarios apocalípticos,
y ponía al mando a un héroe esencialmente
intelectual. El tema es que Kneale siempre fue un renegado
de su propia obra - nunca se consideró un autor
serio de ciencia ficción, meramente un libretista
- y, cuando surgió la posibilidad de rodar una
nueva secuela de Quatermass (después del éxito
de ¿Qué Pasó
Entonces? en 1967), a regañadientes volvió
a ponerse los pantalones de un personaje que no había
tocado en más de una década. El asunto fue
que la Hammer terminaría por echarse para
atrás, el proyecto pasaría a la BBC
y éstos le dieron luz verde a principios de los
70... hasta que leyeron el nuevo libreto de Kneale y lo
consideraron muy caro para producir como miniserie. Así
fue que en 1973 el guión terminó cajoneado,
siendo redescubierto años mas tarde por la gente
de la ITV, y quienes se dispusieron a financiarlo
siempre que Kneale le diera una pulida y bajara costos.
Así nació la demorada La Conclusión
Quatermass, cuyo formato original fue el de una miniserie
en 4 capítulos y que sería editada a fin
de estrenarla como película fuera de Inglaterra.
La versión que comentamos es, precisamente, ésta
última.
Y si bien pueden haber tijeretazos en la historia,
lo cierto es que uno no puede evitar las ganas de llorar
al ver en lo que terminaron convirtiendo a un personaje
tan venerable. En primer lugar la producción
es muy modesta, quizás demasiado. Eso
no sería inconveniente si no fuera por la trama
que elaboró Kneale, que termina por bordear lo
lamentable. Para empezar - y quizás para abaratar
costos - Kneale produjo todo un salto en el tiempo hacia
uno de esos futuros postapocalipticos a lo Mad
Max, con gente manejando autos blindados (y hechos
trizas), edificios derruidos, faltante de comida y combustible,
loquitos armados en las calles y cultos idiotas que
adoran cualquier cosa que represente el fin del mundo.
Después tomó al altivo y apasionado intelectual
que era Quatermass, y lo transformó en un viejo
jubilado, amargado y débil, una pálida
sombra del perfil que tenía Andrew Kier en Quatermass
and the Pit (por poner un ejemplo). Y después
empezó a despacharse con críticas furiosas
contra los hippies, la decadencia de Inglaterra,
la corrupción de las super potencias, y un largo
etcétera. Ni siquiera el tema de las abducciones
masivas en lugares milenarios suena demasiado interesante,
algo que el mismo Kneale admitiría en aquel momento.
Entonces, ¿para qué lo escribió?.
Pero la sensación más triste que me da
es que el mismo Nigel Kneale se había transformado
en un viejo ultraconservador y amargado, y el Quatermass
de John Mills simplemente refleja el espíritu
del autor en aquel momento. El tema del movimiento hippie
era ya una antigüedad en 1980 pero Kneale decidió
conservarlo, simplemente porque no le interesaba la
historia (o trabajar en ella para actualizarla). Toda
la sarta de críticas del libreto pertenecen a
un anciano que reniega de la juventud moderna y que
definitivamente no la entiende. Algo similar pasa con
el opaco papel de Quatermass en esta trama, en donde
ya no es el entrepreneur intelectual que jugaba
con cohetes y asesoraba al gobierno para convertirlo
en superpotencia ... simplemente porque en 1980 Inglaterra
ya había pasado a ser una potencia de segundo
plano, y ni siquiera había arrancado con la carrera
espacial que parecía tan prometedora en los ingenuos
años 50 (en donde se sitúan los primeros
seriales de Quatermass). Por todo ello es que La
Conclusión Quatermass parece escrita desde
el cinismo y el rencor hacia la sociedad inglesa moderna,
que a Kneale se le antoja decadente, violenta y descerebrada.
Eso no quita en que Kneale no se dé el lujo de
escribir un par de secuencias con sabor épico,
como la abducción masiva en el estadio de Wembley
o el cambio de color de la atmósfera de todo el
planeta - que ha empezado a verse verde debido al polvo
que han dejado millones de personas al ser vaporizadas
por los alienígenas -, y que son un resabio de
los monstruos gigantes que atacaban catedrales y centrales
atómicas en las aventuras "cincuenteras"
del profesor. Pero, por el resto, es una historia muy
blanda y chata, plagada de cosas ridiculas como los lideres
hippies con la cara pintada con 2 P (de Planet People,
gente del planeta, y que es el nombre del movimiento),
hablando de amor a cada rato mientras destruyen a palazos
el laboratorio de Simon MacCorkindale (Manimal!).
Los escenarios están hechos con dos mangos y se
nota; los dos protagonistas principales son unos muertos
de frío, y el resto del cast parece salido de una
obra de teatro amateur; y ni siquiera la explicación
intelectual del fenómeno de turno termina siendo
muy satisfactoria que digamos - Quatermass deduce (quien
sabe cómo) que se trata de una máquina
alienigena que cosecha alimentos ... pero no tiene ni
idea en dónde puede estar -. (alerta
spoilers) Incluso el climax sólo sirve para
confirmar el desprecio que Kneale había tomado
hacia su personaje, liquidándolo sin demasiados
miramientos, sin considerar siquiera que estaba matando
a toda una leyenda de la sci fi. (fin
de spoilers).
La Conclusión Quatermass sólo
es para completistas de la saga del personaje. Por lo
demás, es mediocre y con pobres valores de producción.
La dirección y las perfomances son muy chatas
... pero el libreto - proveniente del mismo autor que
se hizo famoso con semejante personaje legendario -
es un insulto escupido a la cara de los fans de la saga.
Es el típico caso de un autor que ha terminado
odiando a su criatura y, en este caso, la termina involucrando
en una obra que mezcla critica amarga con ridiculez
por partes iguales, plantándole una lápida
monumental como para que le resulte imposible regresar.
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