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Corea del Norte, 1985 : Chang
Son Hui (Ami), Ham Gi Sop (Inde), Jong-uk Ri (Ana), Gwon
Ri (padre de Ami), Gyong-ae Yu (madre de Inde), Hye-chol
Ro (hermano de Inde), Yong-hok Pak (rey) Director
- Chong Gon Jo & Sang-ok Shin, Guión - Se
Ryun Kim
TRAMA : Taksae es un viejo
herrero que es presionado por el rey para que fabrique
armas para su ejército. Pero, debido a la escasez
de hierro, los militares han decomisado las herramientas
de arado para ser fundidas y convertidas en espadas
y escudos. Taksae descubre la injusticia y regresa los
instrumentos de trabajo a los campesinos, pero es torturado
hasta la muerte por el rey. Antes de morir, Taksae le
entrega un muñeco hecho con arroz a su hija Ami,
y le dice que el mismo contiene el espíritu de
un monstruo vengador de la injusticias. La criatura
- de nombre Pulgasari - comienza a crecer, alimentándose
de metal y llega a tener proporciones gigantescas. Ahora
Pulgasari se han transformado en el guardián
del pueblo, y deberá enfrentarse con las fuerzas
del ejército real, las que quieren subyuzgar
a los campesinos.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
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| versión
full con subtitulos en inglés de Pulgasari (en
Google Video) |
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Tengo una pequeña historia para contarles.
Resulta que había una vez un prolífico productor
y director surcoreano - Shin Sang-ok, conocido como el
principe del cine en Corea del Sur, y responsable
de 300 filmes durante la década del 60 -, que en
los años 70 venía en declive, fundamentalmente
debido a la censura de la dictadura de derecha instalada
en su país. Para colmo su matrimonio con la actriz
Choi Eun-hee no iba bien, y en 1978 se estaban divorciando.
Pero en ese entonces Choi Eun-hee viajó a Hong
Kong para hacer una gira publicitaria y, de pronto, desapareció
de la faz de la tierra. Al enterarse, Shin Sang-ok viajó
a investigar... y ¡ups!, corrió la
misma suerte que su ex esposa. Resulta que había
otro dictador coreano - esta vez, del norte: Kim Jong-il,
el horrendo tipejo al que Trey Parker y Matt Stone
le sacaron mano en Team America: World Police (2004)
- que tenía envidia, mucha envidia de la
industria cinematográfica surcoreana y decidió
secuestrar a la pareja, llevándoselos a Pyongyang
y poniéndolos en una mansión de lujo...
pero con sus libertades restringidas. Al parecer Kim Jong-il
(que en esa época aún no era dictador y
estaba a la sombra de su padre) era un cinéfilo
compulsivo y quería que Shin Sang-ok le ayudara
a formar una incipiente cinematografía norcoreana.
Sang-ok le dió el ok (chistonto!) y procedió
a hacer mutis por la derecha, pero los militares norcoreanos
lo atraparon antes de poder salir del país, y lo
metieron en prisión. Mientras tanto al tipo lo
presionaron de tal forma que terminaría admitiendo
su ingreso "voluntario" a la República
Popular de Corea del Norte, y para que no queden dudas
de su libre albedrío, lo grabaron conversando del
tema con el mismo Kim Jong-il. Después de 5 años
de cautiverio, Shin Sang-ok volvió a ver la luz,
y tuvo que empezar a rodar filmes para el régimen.
Recién en 1986, Shin Sang-ok y su esposa podrían
escapar del cerco norcoreano durante una gira por Europa
Central y terminarían siendo asilados en Estados
Unidos.
Durante su etapa norcoreana, Shin Sang-ok tuvo que
dar el visto bueno a engendros como Pulgasari,
un proyecto personal del petit dictador oriental.
Al parecer el tipo quería tener su versión
local de Godzilla
- después de todo, los surcoreanos habían
desarrollado una propia con Yonggary (1967) -,
y procedió a depredar los lineamientos del clásico
japonés Daimajin
(1966). Aquí hay un rey tirano, campesinos indefensos,
y un guardián divino que los protege. A diferencia
de Daimajin, el guardián no es un dios
preexistente sino un homúnculo - un muñeco
al que le dieron vida - que se alimenta de metal y crece
a una velocidad asombrosa. El tema es que el bicho arrasa
con el ejército subyugante pero sigue devorando
hierro... y llega un punto en que ya no queda nada con
que alimentar a semejante criatura de varias decenas
de metro de alto. Como se ha notado, Pulgasari
viene a ser una versión alegórica del
capitalismo de la posguerra - en su momento resultó
necesario para que el pueblo sobreviva, pero después
termina por someterlos -. Incluso un personaje razona
en un determinado momento: "si no lo alimentamos
se enfurece; y para darle de comer, en un punto tendremos
que invadir y rapiñar otros pueblos y naciones".
Como el bicho se mueve por la energía espiritual
de la hija del creador, la chica decide sacrificarse
y a Pulgasari se le apaga la pila. Chin pum,
este cuento se ha acabado.
En sí la historia no estaría tan mal sino
fuera porque la puesta en escena bordea lo patético.
Esta es una épica montada íntegramente en
un estudio de televisión (imagino la guardia militar
custodiando el set, como para que actores y técnicos
no puedan escaparse), plagada de malos diálogos
y pésimas actuaciones. Hay toda una subtrama con
el amado de la chica, que resulta ser el revolucionario
del pueblo, y que no tiene mucho sentido en el grueso
de la historia. Pero lo peor de todo es el bicho, que
es un hibrido entre gato panzón y toro,
y que tiene un diseño execrable. Ni siquiera se
respetan demasiado las proporciones a lo largo del filme
(a veces es más grande, otras veces más
chico) y, aún cuando importaron al equipo técnico
que rodaba los filmes de Godzilla de aquel entonces
(el mismo japonés que interpretaba a la gran
G terminó enfundado en el traje de goma de
Pulgasari), los FX se ven tremendamente berretas.
Por ejemplo, una multitud corre al lado del monstruo y
se nota que es una proyección trasera muy mal hecha.
En los primeros planos la criatura es un pedazo de goma
inexpresivo y se mueve de manera muy torpe. Y por momentos
Pulgasari se comporta como una versión deforme
de un teletubbie, en especial cuando salva al chico
revolucionario de una segura decapitación (que
es una escena sideralmente ridícula, con el bicho
mordiéndole la espada al verdugo!).
Pulgasari es un monumento a la mediocridad empapado
en pretensiones. Pretende ser tanto fábula moral
como alegoría anticapitalista, pero el resultado
es incierto - piensen:si Pulgasari es el capitalismo,
¿el ejército y el Rey son el comunismo?;
si el pueblo es el comunismo, Pulgasari el capitalismo...
¿el Rey quién es? -. Si uno lo
acepta como fantasía es medianamente pasable
hasta que ve el mamotreto de goma en pantalla y termina
por agarrarse la cabeza. |
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