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Psicosis (1960) es uno de los grandes clásicos que legara
Alfred Hitchcock, y la simiente de todo un género moderno -
el slasher -, que en su momento rompiera todos los esquemas
y tuviera una excepcional respuesta de público. Es un film
basal de la historia del cine.
Curiosamente Gus Van Sant, en el pico de su carrera - después
de la oscarizada Good Will Hunting - decidió embarcarse
en el proyecto de la remake de Psycho (que hasta ese
momento había sufrido de la moda de las secuelas, una peor
que la otra). Las remakes, en mi opinión, sólo
sirven cuando el film original era una obra mediocremente realizada
pero que contenía ideas destacables y que precisaban mayor
presupuesto, un mejor director o un libreto más pulido. En
los casos de las remakes de obras maestras, sólo un
puñado de obras pueden igualar o incluso superar a los quilates
del original - y esto se debe a que detrás de cámara
hay talentos descomunales como el caso de la versión de Peter
Jackson de King Kong -, pero siempre
son una minoría en comparación con la impresionante
cantidad de fracasos que estos emprendimientos conllevan por naturaleza.
La esencia de la remake se basa en mejorar al original, en
narrar la misma historia desde un punto de vista alternativo, o
bien en adaptar la trama a otro escenario y otra época. Pero
nunca es volver a contar la historia original tal cual, respetando
puntos y comas, y repitiendo los mismos planos de la filmación
anterior.
Y sorprendentemente es este mismo enfoque el que decidió
emprender Van Sant. La venta del proyecto a la Universal
se basaba en casi los mismos argumentos por los cuales Ted Turner
decidió colorizar por computadora a los clásicos en
blanco y negro en los años 90: que las generaciones modernas
escapan de ver la Psicosis original simplemente por la banalidad
de no estar filmada en colores. Teniendo a su disposición
todos los sets del film original - que se mantienen intactos para
los tours de Universal Studios -, Van Sant trajo incluso
al guionista original Joseph Stefano para que le hiciera un ligero
aggiornamiento al libreto que había desarrollado para
Hitchcock hacía 40 años. Y usando los storyboards
del rodaje original, repitió plano por plano la filmación
de Hitchcock, con un par de paneos novedosos que el director inglés
había planeado en su momento pero que las técnicas
de rodaje de aquel entonces le habían impedido a causa de
sus limitaciones (como el traveling de la cámara en
la escena inicial de la película). Con el mensaje implícito
de que la película original era inmejorable (y sólo
se podía fotocopiarla), Van Sant reconocía sus propias
limitaciones y subliminalmente advertía de que la remake
iba a ser inferior.
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Como suele suceder, la crítica americana (altamente corporativa)
se movió en masa y al unísono para apedrear el film
aún cuando no habían visto ni un fotograma de la película.
Acalorados debates, llamados a boicot y protestas de todo tipo surgieron
en contra del proyecto. Pero en vez de generar semejante idiotez
masiva, lo que deberían haber hecho los críticos es
esperar a ver la película para realizar el debate, y pensar
en el film en términos más intelectuales. A fin de
cuentas lo que hace Van Sant es llevar al extremo el concepto de
remake y hacernos pensar en por qué dos filmes idénticos
no tienen el mismo impacto en pantalla.
La razón fundamental es que dos tortas cocinadas igual y
siguiendo la misma receta terminan por resultar diferentes en función
de la calidad de los ingredientes, los cuales nunca son iguales.
Para el que conoce la versión de Psycho de Hitchcock,
el color es un factor que atenta fuertemente contra la atmósfera
del film - el blanco y negro creaba un clima de tensión que
los colores brillantes de Van Sant terminan por diluír -.
Olvidando a Psycho 1960, el film de Van Sant funciona pero
de una manera muy tibia. Es correcto, tiene sus momentos, pero no
es memorable.
El tema es que aparte del color, Psycho 1998 tiene problemas
de timing. Como dijera un crítico, cuando el film
funciona es por las ideas originales de Hitchcock, y cuando falla
es exclusiva responsabilidad de Van Sant. Existen tres escenas en
las cuales la versión de Van Sant se hunde por mal timing,
y son: el encuentro del patrullero con Marion, la cena entre Marion
y Norman, y la explicación final del profesor Simon (Robert
Forster). Cuando el policía interroga a Marion en la carretera,
carece absolutamente del tono amenazante de la secuencia original
- son diálogos disparados demasiado rápido -. La escena
con Marion y Norman (la cena en la habitación de las aves
embalsamadas) funciona mejor, pero la evolución de Marion
es absolutamente incorrecta. Mientras que en el original la chica
se iba dando cuenta del error que había cometido por llevarse
el dinero (como si Norman fuera un catalizador de su conciencia),
aquí simplemente termina en que Marion se da cuenta que Norman
está chiflado, se asusta y decide regresar. La diferencia
estriba en la actuación de Anne Heche, que está orientada
a asustarse más que a una revisión de los últimos
sucesos en su vida. Por ello el regreso a Phoenix queda absolutamente
descolgado de los procedimientos que narra el guión. Y por
último, la explicación de Robert Forster suena tan
mundana y poco interesante, que quita una baza fundamental a la
película. Hitchcock en aquel momento le había dicho
a Simon Oakland (el profesor Simon de la Psicosis original):
"Sr. Oakland, usted acaba de salvar mi película".
Aquí Forster la termina por hundir.
En cuanto a las interpretaciones, todos están ok. Anne Heche
es muy buena como Marion, pero la dirección de Van Sant la
lleva a interpretar el personaje con una intención diferente
que Janet Leigh. Marion pareciera que aquí va a regresar,
no por arrepentimiento sino porque se ha topado con los peligros
del mundo exterior. Del mismo modo Vince Vaugh compone muy bien
a Norman Bates, salvando el tema que lo que hace es imitar los manerismos
de Anthony Perkins más que aportar algo nuevo al papel. A
lo sumo lo que hace Vaughn es darle un perfil mucho más libidinoso
al rol: el actor se ve mucho mayor que el look adolescente y desprotegido
de Perkins, y su conducta parece más morbosa. Van Sant, en
todo caso, suma una sexualidad mucho más explícita
a toda la trama y a este personaje, como la masturbación
de Norman mientras contempla los preparativos del baño de
Marion (o el encuentro de Lila de revistas pornográficas
en su cuarto). William H. Macy y Viggo Mortensen posiblemente superen
a las interpretaciones originales de Martin Balsam y John Gavin.
Y si hay una perfomance incorrecta - aparte de Robert Forster -
sería la de Julianne Moore, que aquí hace de mujer
fuerte, molesta y hasta histérica, en vez del nerviosismo
e indefensión de Vera Miles en el original.
El clímax es malo. La secuencia final en la mansión
Bates es risible y carece totalmente del shock de la escena similar
del original de Hitchcock. A su vez Van Sant aporta una serie de
secuencias surrealistas en los ataques de la madre de Norman - visiones
de tormenta, una vaca en medio de una carretera, o una mujer desnuda
con gafas para dormir - que quedan totalmente descolgadas y sin
sentido.
Intelectualmente es un experimento interesante. Como película
es muy tibia por sus propios méritos. Y en todos los casos
se puede concluír que supera a sus expectativas, pero de
todos modos nos obliga a ver el original de 1960, que sigue siendo
una película ampliamente superior. |
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