|
Francia, 1967 : Jacques Tati
(Monsieur Hulot), Barbara Dennek (turista), Rita Maiden
(acompañante de Mr. Schultz), France Rumilly (vendedora
de lentes), Valérie Camille (secretaria de Mr.
Lacs), Erika Dentzler (Sra Giffard) Director
- Jacques Tati, Guión - Jacques Lagrange y Jacques
Tati
TRAMA : El señor Hulot
llega a París para una entrevista de trabajo,
pero se extravía en los enormes y modernos complejos
de oficinas del lugar. Completamente perdido, Hulot
se pasea por un shopping en donde venden productos futuristas,
se encuentra con varios amigos, y asiste a un restaurant
recién inaugurado. Y en el camino entablará
amistad con una bella turista americana que se encuentra
de visita en la ciudad luz.
NOTA : como siempre, desarrollamos
este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por
ello, se pueden mencionar partes del film que pueden
develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura
que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados
con la historia. |
|
Jacques Tati es considerado un prócer de la comedia
francesa. Con sólo un puñado de filmes en
su haber, estableció una exitosa transición
de la comedia muda de la época de Chaplin hasta
la actual. Sin ir mas lejos, Rowan Atkinson o Benny Hill
han tomado ideas prestadas de Tati para sus shows televisivos.
Después del gran éxito de Mi
Tío (1958), Tati se embarcó en un
proyecto monumental que terminaría por marcar
el declive de su carrera. Durante seis años se
dedicó a desarrollar Playtime, y en 1964
- poniendo plata de su bolsillo - empezaría la
construcción de los gigantescos sets; el filme
recién estaría terminado en 1967 pero
en el estreno obtendría una recepción
muy tibia y Tati quedaría en la bancarrota.
Playtime no está a la altura de Mi
Tío, sencillamente porque no tiene el componente
sentimental que caracterizaba a aquella obra - la relación
tío / sobrino; la mirada entrañable sobre
el París tradicional -. También es cierto
que su narración no es tan fluída e intensa;
pero por otro lado tiene unas cuantas cosas destacables.
Como en el filme anterior, no existen los primeros planos
así que se tratan de cuadros armados donde hay
acción en toda la escena. El primer gag
- donde confundimos a un aeropuerto con la sala de espera
de un hospital - está lleno de detalles. Y después
de varios minutos vemos a Hulot en escena, aunque aquí
no es el protagonista principal.
Ciertamente los decorados son impresionantes. Aquí
Tati parece querer crear su propia Metrópolis,
con influencias del Chaplin de Tiempos Modernos.
Todo es gigantesco, las personas se comportan de manera
automatizada, los productos que venden en el shopping
son absolutamente ridículos pero futuristas -
escobas con faros, anteojos que se doblan sobre su montura
para permitir la aplicación de maquillaje, puertas
silenciosas -. Y hay una sensación de ahogo en
la inmensidad de los edificios que cubren todo el paisaje.
Es obvio que a Tati le desagradaban dos cosas: una,
la avalancha de la modernidad y la cultura americana
de consumo; y la otra es la pérdida del sabor
tradicional de lo francés. La mayoría
de las cosas tienen nombres en inglés; los edificios
gigantes están por doquier - un gag recurrente
es "visite la ciudad xx" y se ve un monumento
tradicional eclipsado por una torre de oficinas que
siempre es la misma; incluso la turista americana descubre
de casualidad la torre Eiffel en el reflejo de una de
las puertas de vidrio del shopping (el único
dato que le sirve para darse cuenta de que está
en París) -; los autos son todos iguales. Todo
ello podría seguir por los mismos carriles de
Mi Tío hasta que Tati llega a la secuencia
de la visita a la casa de los amigos, en unos departamentos
tipo colmena con gigantescos ventanales... y allí
el filme se hace eterno. El sketch no tiene tanta gracia
y dura demasiado.
Y de la nada, la trama se engancha con la secuencia del
restaurant en plena inauguración, que es lo que
termina por redimir a la película. Allí
Tati apunta los dardos sobre la precariedad de las cosas
modernas, cuando lentamente el restaurant se empieza a
caer a pedazos - luces que no funcionan, el aire acondicionado
que congela y sale a velocidad de huracán, las
sillas rococó que arruinan la ropa de los comensales,
la instalación eléctrica que empieza a explotar...
y así un largo etcétera -. Desde ya hay
una velada crítica al acostumbramiento mecánico
de la gente a los usos y los objetos, sin importar si
realmente son funcionales o siquiera existen - como el
gag donde la puerta de vidrio se deshace, y el portero
vive abriéndole a la gente sosteniento el picaporte
en el aire -. En el final, la vuelta de calesita de omnibuses
y coches es un toque original y brillante para cerrar
la historia.
Pero a pesar de sus intenciones, Playtime es
despareja. Hay momentos largos en los que carece de
comicidad o que sencillamente no pasa nada. No hay continuidad
de historias ni de personajes, y las viñetas
a veces no son tan brillantes. Y aún así,
Tati sigue siendo un creador completamente original
e innovador, si bien aquí no estaba en su mejor
hora. |